Ataques y tiroteos sin víctimas se registraron la madrugada del viernes en Río de Janeiro, tras una violenta jornada en la que atentados del crimen organizado dejaron como saldo 18 muertos, según un informe preliminar de la Policía Militar.
El crimen organizado de Brasil mostró a sangre y fuego en el 2006 que es capaz de parar a Sao Paulo, la mayor ciudad de Sudamérica, y hacer que Río de Janeiro aguarde el Año Nuevo con el corazón en la boca.
La ciudad, siempre animada pero aún más a fin de año, estaba casi desierta la noche del jueves.
Las compañías de ómnibus retiraron todos sus vehículos para evitar ataques, y numerosos restaurantes cerraron sus puertas.
“Estoy indeciso. Fui invitado a la casa de un primo pero tendré que tomar un ómnibus y eso me preocupa. Prefiero quedarme en casa”, dice Guaracy, un empleado que vive en una favela.
“Yo no salgo, ni pienso andar en la calle”, confiesa Renata, una secretaria.