El ascenso de la izquierda

En todos los balances internacionales del año 2006 se subraya que en Latinoamérica lo más destacado que ocurrió fue el ascenso político de la izquierda. Diez países latinoamericanos (Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Haití, México, Nicaragua, Perú y Venezuela) celebraron este año elecciones presidenciales y 6 de ellos (Brasil, Chile, Ecuador, Nicaragua, Perú y Venezuela) eligieron a gobernantes de izquierda.

Se trata de una izquierda muy abigarrada —explican los analistas— que va desde un exaltado militar de confusas ideas, retórica y acciones extremistas, como Hugo Chávez en Venezuela, hasta un socialista moderado, sensato y respetable como es el presidente Lula da Silva, de Brasil. Pero independientemente de la diversidad de matices, el denominador común de todos ellos es la definición de izquierda, ya sea extremista o moderada, autoritaria o democrática.

En Nicaragua no cabe duda de que el acontecimiento político más impactante del año fue el triunfo del sandinista Daniel Ortega. A pesar de que el líder sandinista sólo pudo satisfacer su aspiración reeleccionista hasta en el cuarto intento, cuando Arnoldo Alemán y el PLC se lo facilitaron al bajar el umbral electoral hasta el 35 por ciento, sin embargo el hecho inobjetable es que aunque sea con sólo el respaldo del 38 por ciento de los votos Ortega volverá a gobernar a partir del próximo 10 de enero.

Pero la izquierda vuelve al poder en Nicaragua no como la maquinaria militar totalitaria de 1979, sino con la promesa de que ahora gobernará democráticamente y que respetará las libertades individuales de los nicaragüenses, la propiedad privada y la economía de libre mercado. Y otro hecho novedoso es que Ortega gobernará con el apoyo —o complicidad— de un PLC que como consecuencia del pacto Alemán-Ortega y por resentimiento con el Gobierno de Estados Unidos debido a su política contra la corrupción, se ha “izquierdizado” y retrocedido al antiyanquismo liberal de principios del siglo XIX.

Ahora bien, según las explicaciones que se dan al ascenso de la izquierda en América Latina, este se debe a que fracasó el modelo político, económico y social llamado neoliberal y/o capitalismo salvaje. A pesar de que la economía de prácticamente todos los países latinoamericanos ha crecido en los últimos años, se asegura que el modelo neoliberal fracasó porque lo que ha hecho es construir una economía desde arriba, con muchas inversiones extranjeras y nacionales y real generación de riqueza, pero discriminando a la gran mayoría de la gente en la repartición de los beneficios del crecimiento económico.

De manera que según esa línea de pensamiento, la izquierda al convertirse en gobierno no debe tener mayores dificultades para resolver los graves problemas de las mayorías, pues basta simplemente con invertir los términos del modelo económico, o sea seguir creciendo pero priorizando a los más pobres en la distribución de la riqueza producida.

Cabe señalar que salvo en el caso de Hugo Chávez, quien está realizando una tal “revolución bolivariana” para construir un socialismo o comunismo de corte totalitario, según el modelo castrista de Cuba; y de Rafael Correa, de Ecuador, quien ha dicho que se propone terminar con el mercado, la mayoría de los otros líderes de izquierda que han llegado o están llegando al poder, incluso Daniel Ortega en Nicaragua, hablan más bien de montarse en el neoliberalismo para hacer feliz a la gente con sólo invertir la lógica del modelo. Es decir, que en vez de que el neoliberalismo sirva sólo para hacer más ricos a los que tienen, se distribuyan los beneficios del crecimiento ante todo entre los que menos poseen o no tienen nada. Hasta se habla de practicar un “neoliberalismo inteligente”, como lo hace el presidente Lula, de Brasil, en vez del “neoliberalismo estúpido” que sería el que se ha aplicado hasta ahora en Nicaragua, por ejemplo.

Pero ninguno de los gobernantes de izquierda en América Latina ha podido cumplir sus promesas de poner fin a la pobreza y resolver los problemas sociales de la gente; ni siquiera Chávez, con su inmensa riqueza petrolera y no obstante que ya tiene ocho años de estar en el poder. En realidad, más que un ascenso de la izquierda —en el sentido programático e ideológico— lo que está triunfando es la ambiciones de poder de determinados individuos y grupos políticos.

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