¡Silencio…! ¡Alguien viene!

“La Iglesia se presenta de este modo, a pesar de todas las fragilidades que forman parte de su fisonomía histórica, como una maravillosa creación de amor, constituida para hacer que Cristo esté cerca de todo hombre y de toda mujer que quiere encontrarse con Él verdaderamente hasta el final de los tiempos”. (Benedicto XVI) En […]

“La Iglesia se presenta de este modo, a pesar de todas las fragilidades que forman parte de su fisonomía histórica, como una maravillosa creación de amor, constituida para hacer que Cristo esté cerca de todo hombre y de toda mujer que quiere encontrarse con Él verdaderamente hasta el final de los tiempos”.

(Benedicto XVI)

En el tiempo de Adviento, la Iglesia a través de la liturgia nos ha venido invitando a permanecer vigilantes. Este tipo de vigilancia supone un silencio interior y exterior, crearnos momentos específicamente destinados a la oración, la meditación y contemplación, es decir, cierto grado de vida interior, alimentada ésta por los sacramentos de la Reconciliación o Confesión y de la Santa Eucaristía.

Es preciso examinar nuestra postura frente a la venida de Cristo, permanecer en silencio para poder escuchar qué nos dice y nos pide Dios con la vendida de Cristo. La Virgen María nos puede servir de modelo al respecto, pues ella guardaba todas las cosas relacionadas con su Hijo Jesús nada menos que en su corazón y, desde la interioridad de su alma; buscaba siempre descubrir la voluntad divina para ponerla en práctica.

El hombre de hoy se encuentra tan acostumbrado al estruendo, a la desarmonia, a la música bulliciosa, a los gritos ensordecedores, que prefiere la violencia de las tempestades y los huracanes a la suave calma de la brisa, casi podría pensarse que le gusta el estrés y la fascina la desesperación y la locura, jugar a buscarse a sí mismo sin encontrarse jamás.

En la Iglesia, por encima de sus debilidades humanas, Cristo se hace cercano a cada hombre y mujer que quiere encontrarse con Él verdaderamente hasta el final de los tiempos.

Siempre que sabemos que viene alguien importante a visitarnos nos preparamos para recibirlo según su dignidad, el amor o la estimación que le profesamos.

¿Con que disposición espiritual recibiremos a Jesucristo esta Navidad?

Religión y Fe

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