Cada año, al llegar la temporada de Navidad se discute públicamente acerca del significado y las formas culturales de esta festividad que es sin duda una de las más importantes de la cristiandad universal.
Uno de los aspectos más discutidos es el de que, supuestamente, el consumismo y la comercialización han desvirtuado el contenido religioso de la Navidad, cual es celebrar el nacimiento del Mesías que vino al mundo y se hizo hombre para redimir a la humanidad. Quienes sostienen esa crítica señalan que Jesús, a pesar de ser Dios Todopoderoso escogió para su nacimiento humano las condiciones materiales más humildes. De manera que la celebración de su Natividad se debe hacer también de manera humilde y más que todo espiritualmente, con oraciones en los templos y en los hogares.
También se dice que es necesario preservar las propias tradiciones culturales de la celebración navideña, tales como el Nacimiento (el Belén, le llaman en España), las Posadas y los Reyes Magos. Y en este orden, se dice que las figuras simbólicas de la celebración navideña provenientes de otros países y culturas, como Santa Claus y el Árbol de Navidad, son formas de penetración y dominación cultural extranjera que deben ser rechazadas.
El debate sobre la Navidad y las formas de celebrarla es internacional. En otros países adquiere incluso manifestaciones extremistas de intolerancia y hasta se pretende abolir la presentación pública de los símbolos navideños —Nacimiento, Árbol de Navidad, Santa Claus, Reyes Magos campanas y guirnaldas— y relegarlos al interior de los templos y los hogares.
Cabe señalar al respecto, que esta semana se conoció la información de que dos diputados italianos de izquierda profanaron el Nacimiento que tradicionalmente se instala durante la Navidad en la sede del Parlamento de Italia, en Roma. Los izquierdistas profanadores colocaron en el Nacimiento parejas de muñecas y muñecos que representaban a mujeres y hombres en característica posiciones sexuales lésbico-gay. Aunque parezca increíble, semejante irrespeto a las creencias y símbolos cristianos ocurrió en Italia, el país que tiene el honor de albergar la cabeza de la Iglesia Católica universal y que, además es precisamente el lugar donde se inició la tradición del Nacimiento, instituida por san Francisco de Asís a principios del siglo XIII de nuestra era.
En la misma Italia se produjo otro escándalo esta semana, cuando una directora de escuela prohibió la colocación de imágenes y símbolos de Navidad, tal como se ha hecho todos los años, porque según ella “ofenden” los sentimientos religiosos de los niños musulmanes. Y en otras partes del mundo el saludo de ¡Feliz Navidad! está siendo sustituido con un trivial ¡Felices Fiestas!, porque dicen que la Navidad no es una celebración de toda la población y que junto a los festejos navideños cristianos se celebran también otras fiestas de sentido religioso, como por ejemplo la Janucá (Hannukah, fiesta de las luces) judía.
El miércoles de esta semana, durante su tradicional mensaje semanal en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI pronunció una emotiva alocución en defensa de la Navidad, a la que calificó como gran celebración religiosa de importancia primordial para todos los cristianos, pero también como un “elemento importante de nuestra cultura”. Las palabras de Benedicto XVI tienen una gran vocación de amplitud y tolerancia. La Navidad es una celebración religiosa, pero también un elemento fundamental de la cultura de todos nuestros pueblos, sea el italiano, el estadounidense o el nicaragüense. La Navidad es también una manifestación cultural que se enriquece con la combinación armoniosa de sus distintas modalidades, religiosas y festivas, espirituales y simbólicas.
Si de tradiciones originales se habla, hay que recordar que Jesús nació en Belén de Judea, en un ambiente típicamente semítico que no se parece en nada a los ambientes europeo, americano o nicaragüense. Pero Jesús es Dios universal y las distintas modalidades de celebrar su nacimiento son todas ellas expresiones legítimas que deben servir para unir a los cristianos de todas las culturas, no para dividirlos.
El cristianismo es una religión de libertad. Quien quiera celebrar la Navidad rezando, que rece, pero quien desea divertirse e intercambiar regalos, tiene derecho de hacerlo. El Nacimiento ítalo-español se enriquece en compañía del Santa Claus sajón y del Árbol nórdico, porque Navidad es una celebración para promover la paz entre las naciones y la fraternidad entre todas las personas de buena voluntad.