Tiranos malos y ¿tiranos buenos?

Según datos periodísticos la dictadura militar que el recientemente fallecido general Augusto Pinochet impuso durante 17 años —de 1973 a 1990—, mató a 3,217 personas de entre sus adversarios y enemigos políticos, algunos de ellos caídos en combate luchando en organizaciones armadas izquierdistas como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Y sin duda que los encarcelados y torturados durante la dictadura militar del general Pinochet fueron muchos más.

El general Pinochet, quien murió por causa natural el recién pasado domingo 10 de diciembre de, a los 91 años, no fue castigado judicialmente por los crímenes que cometió, a pesar de que fue objeto de numerosos juicios y sobre todo condenado por la mayor parte de la opinión pública chilena e internacional. Sin embargo el ex dictador chileno murió acosado por sus implacables enemigos, encarcelado domiciliarmente y bajo el peso de la acusación de haber cometido también graves delitos de corrupción personal.

En realidad, ningún tirano y en general nadie que en el ejercicio del poder público cometa crímenes de cualquier clase, sobre todo contra el sagrado derecho a la vida humana, debería quedar impune. Y no sólo los tiranos de derecha, como el general Augusto Pinochet, sino también los tiranos de izquierda, como Fidel Castro, deben ser sometidos a la justicia y castigados por la comunidad internacional.

Todo individuo que comete un crimen, aunque sea de carácter político, es un criminal y como tal tiene que ser acusado, enjuiciado y castigado por la justicia. Tan criminal es reprimir y matar a alguien sólo porque es comunista, socialista o izquierdista en general, como reprimirlo y asesinarlo por ser derechista, “reaccionario”, anticomunista, pro yanqui o cualquier otra etiqueta que le quieran poner.

La justicia, para ser verdadera tiene que ser pareja. La vida de un adversario izquierdista de Augusto Pinochet tenía tanto valor y debía ser respetada igual que la de un opositor a Fidel Castro. Es contradictorio, bochornoso y repugnante que se condene de manera implacable y despiadada a un criminal político de derecha, como el difunto general y ex dictador militar chileno Augusto Pinochet —quien al menos impulsó el desarrollo económico que ahora disfrutan todos los chilenos—, mientras se disimulan e incluso se justifican los crímenes del dictador de Cuba Fidel Castro, quien no sólo suprimió toda libertad y derecho político y humano en general, sino que arruinó la economía de su país y es acusado de haber amasado una inmensa fortuna al amparo del poder .

Cabe señalar, por otra parte, que mientras al desaparecido general chileno de extrema derecha, Augusto Pinochet, se le acusó de haber asesinado o mandado a asesinar a 3,217 personas, la cantidad de muertes que se le adjudica a Fidel Castro es por lo menos tres veces mayor. Hace unos dos años y medio, en julio del 2004, frente a la Biblioteca Nacional de Madrid, España, representantes de varias organizaciones cubanas de derechos humanos expusieron los nombres de casi diez mil personas asesinadas directa o indirectamente —suicidios en las cárceles— por la tiranía de Fidel Castro en Cuba. Aquella estremecedora exposición de nombres de las víctimas del castrismo se realizó bajo el lema El escandaloso silencio de las buenas personas (una conocida frase del asesinado activista negro norteamericano por los derechos humanos, Martin Luther King) y tenía el propósito de sacudir la conciencia de España y de la comunidad internacional, para que así como condenan a los tiranos de derecha se pronuncien también contra los tiranos de izquierda; y para recordar que tanto valen los derechos humanos de un izquierdista que es víctima de la represión derechista, como los de un derechista víctima de la represión izquierdista.

Muy poco o nada lograron los organizadores de aquella exposición de los nombres de las víctimas mortales de la tiranía de Fidel Castro, porque para la intelectualidad “progresista” y la mayor parte de la comunidad internacional los tiranos de izquierda siempre son “buenos”, mientras que los tiranos de derecha son invariablemente malos.

Pero al menos aquel esfuerzo, igual que el tratamiento que se le ha dado ahora a los casos de Augusto Pinochet y Fidel Castro, han puesto en evidencia la gran hipocresía intelectual y política que aqueja al mundo contemporáneo.

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