El curso histórico del capitalismo tal como quedó determinado a mediados del siglo XX, con la conjunción entre fordismo y keynesianismo comenzó a alterarse hacia los años setenta. En tecnología revolucionaria y su constitución posterior como sistema genérico.
La aplicación productiva de la nueva tecnología electrónico-informática ha configurado un nuevo patrón industrial en el sentido de integración de nuevas industrias, familias de productos y estructuras de mercado y consumo, en tanto que, en correspondencia con lo anterior, las viejas industrias han comenzado a rejuvenecerse gracias a la aplicación de la tecnología digital y pasado a integrarse al nuevo patrón industrial.
Paralelamente se ha difundido mundialmente un tipo de organización productiva que ha convertido en obsoletos los principios y métodos fondistas.
En otros campos de la actividad mundial la transformación ha sido menos concluyente y es incluso disruptiva y socialmente muy onerosa. Lo anterior sugiere que la revolución tecnológica impone a las restantes estructuras de la reproducción social una secuencia de cambio desigual, bajo la reproducción social una secuencia de cambio desigual, bajo patrones de fuerte polarización y dentro de un marco de coexistencia de elementos en gestación con viejas estructuras semirrenovadas.
La confrontación entre lo nuevo y lo viejo llega a ser tan intensa que se verifican procesos de destrucción creativa, pero también los desacoples tienden a subsistir y el ritmo de cambio volverse más lento o ser susceptible de brotes violentos o discontinuos.
Cualquiera que sea el ritmo, el proceso innovador provoca incompatibilidad, degrada conocimientos y habilidades, desestabiliza la organización de la producción y crea nuevos problemas de coordinación.
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Existen innumerables temas a investigar y discutir dentro de este proceso de cambio histórico. Dentro de ellos nos concentraremos exclusivamente en tres: a) la especialidad de la tecnología electrónico-digital en comparación con la producción de masas del fordismo; b) la significación de la llamada economía del conocimiento y c) el papel del informacionalismo en el actual cambio histórico.
Una de las características esenciales del capitalismo cognoscitivo y en el cual vemos una de las piedras del toque de la superación del capitalismo industrial, es que la producción de los recursos desborda el marco de la empresa: la formación de las competencias, las subjetividades móviles y, más generalmente, lo que otros definen como capital humano, no tienen su origen exclusivamente en la empresa.
Mientras que para Schumpeter o Perroux, por ejemplo, “el sistema capitalista está centrado institucionalmente en la empresa privada” (Schumpeter, 1941; 110), en el capitalismo cognoscitivo el trabajo y la empresa tienden a adquirir una importancia particular. Ello no solamente porque el consumo y lo que se encuentra detrás, la subjetividad, constituyen procesos centrales.
Pero también a causa de la unidad técnica y cognoscitiva del ser social, que engloba la esfera de la producción en la empresa, al consumo y las relaciones privadas. La cultura técnica en sentido amplio constituye un todo indivisible.
Una de las tensiones o una de las fuentes de complejidad del capitalismo cognoscitivo viene de la diferenciación entre, por una parte, un sistema institucional y organizado de los conocimientos mismos y, del otro, el carácter difuso, adaptante y transversal de las disposiciones cognoscitivas individuales. Por otra parte, la continuidad tecnológica y cultural que mencionábamos arriba envuelve las fronteras anteriores.
El autor es profesor de la Facultad de Derecho UNAN-León