“El regreso de la historia”

El politólogo e historiador estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, considera que el establecimiento y la consolidación del régimen izquierdista de Hugo Chávez en Venezuela es “el regreso de la historia”. (LA PRENSA, domingo 10 de diciembre, 2006).

Cabe aclarar que en el lenguaje de Fukuyama, “la historia” es el sistema totalitario comunista que se derrumbó en Rusia y Europa Oriental en 1989. En realidad, al hablar del “regreso de la historia” Fukuyama no se refiere a todos los gobiernos de izquierda que se han establecido últimamente en América Latina. Se refiere específicamente al régimen izquierdista radical, de tipo castrista y totalitario, del coronel Hugo Chávez en Venezuela. Los gobiernos socialistas democráticos que se han instalado en diversos países latinoamericanos —como por ejemplo Chile, Brasil, Uruguay y Perú— son una modalidad de izquierda del proceso democrático y por lo tanto no representan el retorno del totalitarismo comunista.

Como es bien sabido, Francis Fukuyama se hizo famoso mundialmente con su controvertida teoría acerca de que la caída del comunismo en la antigua Unión Soviética y Europa Oriental, había sido “el fin de la historia”. Fukuyama planteó esta tesis en 1989, en un artículo titulado El fin de la historia que fue publicado en la revista The Nacional Interest. Y la desarrolló posteriormente (en 1992) en el libro El fin de la historia y el último hombre.

Según algunos estudiosos y analistas políticos, la teoría de Fukuyama hunde su raíz en el pensamiento hegeliano (del filósofo alemán Jorge Federico Hegel, 1780-1831), para quien la formación económica y social capitalista podía significar el fin de la historia tal como se entendía hasta entonces. Después el marxismo se apropió del método dialéctico de Hegel para sustentar la doctrina del materialismo histórico, según la cual la historia de la humanidad era la sucesión de distintas formaciones económico-sociales fundadas en contradicciones sociales y movidas por las lucha de clases. Así, la comunidad primitiva debió ser sustituida inevitablemente por el régimen esclavista, éste por el feudalismo, que a su vez fue reemplazado inexorablemente por el capitalismo, el cual debería ser sucedido de manera fatal por el comunismo. Y entonces se terminaría la historia porque desaparecerían las clases antagónicas y, por lo tanto, las diferencias, contradicciones y luchas entre ellas.

De manera que al desaparecer el comunismo en la antigua URSS y en Europa Oriental, Fukuyama consideró que había llegado el fin de la historia tal como la proclamó el pensamiento dogmático del materialismo histórico. A juicio de Fukuyama, a partir de entonces se planteaba ante toda la humanidad el único camino posible, que es el de la democracia liberal, la economía capitalista, las libertades personales y los derechos humanos. La época de las luchas de clases, de las revoluciones sangrientas y de las guerras por motivos ideológicos habría desaparecido para siempre.

Evidentemente, la teoría de Fukuyama no fue del todo acertada. Si bien el modelo de sociedad basada en el libre mercado, la economía capitalista y las libertades personales ha cobrado un gran auge en el mundo; y no obstante que la mayor parte de los gobiernos socialistas que se han instalado en diversas áreas del planeta se basan en la economía de mercado y las libertades y derechos típicamente burgueses, sin embargo no ha desaparecido la ominosa posibilidad de que se vuelvan a instalar regímenes totalitarios de tipo estalinista y fascista. El caso de Chávez, quien proclama una dictadura vitalicia y se propone construir una sociedad comunista de tipo castrista en Venezuela, es una muestra de tal cosa y seguramente por eso Francis Fukuyama lo ha catalogado como “el regreso de la historia”.

Los otros gobiernos socialistas en América Latina, los democráticos, no sólo han surgido de elecciones populares libres sino que se apoyan en la economía de mercado —que es la única que crea riqueza y ofrece la posibilidad de financiar y ejecutar los programas sociales de los socialistas— y en la vigencia de las libertades y los derechos individuales.

Y tal es el modelo que deben aplicar Daniel Ortega y el FSLN en el ejercicio de su nuevo gobierno, en vez de un “regreso a la historia” violenta, sangrienta y de miseria que hubo en su primer gobierno, en los años trágicos de la revolución sandinista de 1979 a 1990.

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