El FSLN está enviando señales negativas desde la Asamblea Nacional. Por un lado, quiere tener bajo su control no sólo la presidencia sino también la primera secretaría del Poder Legislativo, y, por otro lado, en contubernio con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) están aprobando leyes que abonan el camino hacia el ejercicio de un tipo de dictadura parlamentaria.
Los sandinistas del FSLN tienen el derecho de optar a la presidencia de la Asamblea Nacional, pero los otros dos cargos estratégicos de la Junta Directiva — primera vicepresidencia y primera secretaría— deben ser distribuidos entre la segunda y la tercera fuerza parlamentaria, el PLC y ALN, de acuerdo con el precepto constitucional de pluralismo y el principio estatutario sobre proporcionalidad electoral.
La actitud de la cúpula del FSLN es francamente preocupante y sintomática de un deseo al parecer compulsivo de monopolizar el control de ese Poder del Estado y, en realidad, de todos los demás Poderes del Estado (Judicial, Ejecutivo y Electoral) que ya están bajo su dominio. ¿Qué es lo que realmente quieren los sandinistas del FSLN? Ortega dijo y sigue diciendo que su deseo es crear un gobierno de reconciliación y de unidad nacional en el cual el consenso y la participación multipartidaria marquen la pauta. Sin embargo, lo que están haciendo sus diputados en la Asamblea no tiene nada que ver con consenso. Más bien, dan la impresión de estar creando los mecanismos para establecer una dictadura legalizada como la que mantuvo en el poder por 71 años al Partido Revolucionario Institucional (PRI), de México. Y peor aún, arrogándose la potestad coercitiva de atropellar la libertad individual de las personas particulares,
En 1990, el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, llamó al PRI, “la dictadura perfecta” porque, montado en instituciones democráticas, estableció una maquinaria burocrática para controlar todos los Poderes del Estado, hacer elecciones para simular la apariencia de una democracia y cometer fraude electoral utilizando todo tipo de recursos: cesión de gobernaturas, prebendas, privilegios, puestos, etc. ¿Será, pues, que el FSLN está en pos de la dictadura perfecta? ¿Seguirá Ortega el ejemplo de Hugo Chávez quien tuerce y retuerce la Constitución y las leyes para perpetuarse en el poder?
Sin embargo, para realizar este tipo de maniobras, los sandinistas necesitan de un aliado en la Asamblea Nacional ya que ellos, solos, son una minoría que no podría aprobar leyes como la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional. Este aliado, desde luego, sigue siendo el PLC en manos del reo Arnoldo Alemán. El PLC ha demostrado que está dispuesto a entregar todo al Frente Sandinista a cambio de la liberación de Alemán. Le entregó el Poder Judicial, Electoral, y Ejecutivo. La Ley Orgánica del Poder Legislativo es —como han declarado reconocidos constitucionalistas— la estrategia de alternabilidad del control de ese Poder del Estado, entre el PLC y el FSLN.
Lo lógico y saludable sería que los sandinistas aceptaran que la primera secretaría y la primera vicepresidencia de la Asamblea Nacional le corresponden a las otras bancadas con representación parlamentaria. Lo consistente con el discurso electoral sería aprobar leyes por consenso, es decir, considerando cuidadosamente la opinión de cada uno de los parlamentarios y buscando lo que más conviene a la nación y no a un partido o un individuo. Pero no. La Ley Orgánica fue aprobada ignorando incluso, razonamientos en contra de diputados como el prosandinista Agustín Jarquín Anaya, con respecto a la reincorporación de la Ley 257 que vuelve a permitir a los diputados el abuso de la introducción de vehículos libre de impuestos.
Así que en la práctica, el pacto parece que sigue firme. El discurso de reconciliación y unidad muy pronto está quedando en las consignas y las canciones que sirvieron de propaganda electoral. De manera que debemos mantener los ojos abiertos para denunciar al mundo los atropellos de los pactistas.
Pero hay dos cosas que quedan claras luego de estas decisiones legislativas. Primero, que el sandinismo encabezado por Ortega no ha perdido su vocación dictatorial y que va a acaparar todo el poder que le sea posible. Segundo, que el liberalismo pelecista seguirá siendo cautivo del caudillo Arnoldo Alemán quien lo ve como su propiedad. Lo que se verá de aquí en adelante es la continuidad bipartidista del juego de alternabilidad de poderes.