Cambios explosivos traen, por lo general, grandes oportunidades. También pueden producir peligros inesperados para firmas individuales, industrias completas, e inclusive naciones.
Un estudio publicado en la revista especializada Agricultural History, y titulado El significado de la explosión de los pantalones del señor Richard Buckley, es un buen ejemplo. James Watson, de la universidad Massey de Nueva Zelanda, examina lo que ocurrió cuando Nueva Zelanda comenzó a importar y a usar productos químicos para la agricultura en la década del treinta. Los productos químicos no sólo funcionaron como se esperaba, sino de otra manera inesperada.
Watson cita un artículo de un periódico local: “Mientras los pantalones del señor Richard Buckley se estaban secando al fuego, en fecha reciente, estallaron con un fuerte ruido. Aunque atontado en parte por la fuerza de la explosión, tuvo la suficiente presencia de ánimo para tomar los pantalones y arrojarlos fuera de la casa, donde siguieron ardiendo en el jardín con una serie de detonaciones menores”.
Informes similares, nos dice Watson, vinieron de otras partes del país. “Un individuo quedó asombrado al observar que varias vestimentas en un tendedero de ropa estallaron en llamas”.
El problema era clorato de sodio, un herbicida que usaban los granjeros en gran cantidad. Ese producto es versátil y volátil. También puede ser usado como un explosivo. Los usuarios, tanto individuos como industrias, no sabían, no preguntaron o prestaron mucha atención a esta información vital.
En la actualidad, el clorato de sodio sigue siendo usado como herbicida, pero es mezclado con substancias que retardan la acción del fuego. Y además, los paquetes que contienen ese producto portan una advertencia. Se trata de medidas que los abastecedores de Nueva Zelanda no adoptaron antes de que los pantalones del señor Buckley se incendiaran.
El caso de los pantalones que explotaron ofrece una lección sobre los peligros de adoptar una nueva tecnología en una industria importante sin medir con cuidado sus riesgos.
(Marc Abrahams es director y cofundador de la revista científica de humor Annals of Improbable Research.)