En boxeo, el punch es un divino tesoro y un arma mortal, no tengo la menor duda, pero cuando el golpeador se muestra entre las cuerdas huérfano de ideas, da la impresión de carecer de recursos, y se bloquea, se desespera y sucumbe.
Eso explica la derrota que sufrió Santos “El Toro” Benavides ante René “El Chirizo” González, con las tribunas rugientes del Alexis Argüello, sedientas de emoción, ansiosas de ver sudor y sangre, pendientes del crujir de huesos.
Fue si, una pelea atractiva de punta a punta, pese a que su “topografía” difícilmente ofreció variantes. No hubo tiempo ni espacio para algún bostezo.
Sencilla geometría
González, que se adiestró en Panamá con Rigoberto Garibaldi, se estableció desde muy temprano en la distancia conveniente, estuvo combinando sus manos con golpes rectos, y en ciertos momentos manejó ganchos al cuerpo cuando la distancia se recortaba y “El Toro” trataba de embestir sin visionar bien el objetivo, precipitándose sin control y exponiéndose a verse desarticulado.
¡Qué difícil fue para Benavides, la sencilla y efectiva geometría trazada por González sobre el tapete de las posibilidades! Primero se vio sorprendido, y más adelante, resignado a buscar un impacto definitivo.
“El Chirizo” supo congelar la furia del “Toro”, y sin llegar a cortar orejas y rabo, impuso su boxeo en reversa con frenos precisos para disparar y conectar con las dos manos, absorber los mejores golpes del adversario logrando pasar rápidamente al contragolpe, forzar amarres oportunos, y perder el temor creciendo en atrevimiento.
Reducido a la inutilidad
Round tras round, la preocupación aguijoneaba intensamente la esquina de Benavides. El ¿qué hacer?, mientras la inutilidad de las embestidas obligaba a rascar cabezas, se convirtió en algo verdaderamente agobiante.
Un agresor constante, con poder posiblemente devastador, pero que no sabe apretar contra las sogas al rival, y que las pocas veces que lo consigue, no puede evitar que se le escape con impunidad, se siente desarmado.
Todos se veían y se preguntaban: ¿podrá González sostener ese ritmo necesitado de mucha dinámica por 10 asaltos? La búsqueda de la respuesta, provocó el mayor suspenso en los últimos tres asaltos.
El factor confianza
“El Chirizo” respondió plenamente a tal exigencia, adquiriendo suficiente confianza, no para excederse en tomar riesgos, sino para refugiarse en un adecuado radio de acción, que le garantizaba apretar el gatillo y llegar con sus disparos, y además, girar cambiando de dirección, desajustando así la mira de las escopetas humeantes de Benavides.
De alguna manera, pese a que las imágenes parecían estar saliendo de una máquina de fotocopias, la pelea mantuvo interés, porque siempre hay respeto por los golpeadores, estando conscientes que tienen el tiempo a su favor y permanecen como amenazas.
González evitó que eso funcionara.
En los cálculos previos se consideró favorito a Benavides por sus grandes pistolas, subestimando la capacidad de pensar y realizar de González. El sábado, “El Chirizo” no necesitó ser un gran pensador para “torear” a Benavides. Saltó a la arena, tomó la capa y las banderillas, y sin espada, enfrentó el peligro, y lo manejó.
Así de sencillo