- Alemania y Francia apelan a Siria a no prestar su territorio a las fuerzas que quieren desestabilizar Líbano
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La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Jacques Chirac, defendieron ayer la soberanía de Líbano y apelaron a Siria a no prestar apoyo a las fuerzas que quieren desestabilizar ese país y el conjunto de la región.
En una declaración conjunta difundida en el marco de la cumbre que celebraron con el presidente polaco, Lech Kaczynski en Mettlach (oeste Alemania), Merkel y Chirac hicieron una defensa de los principios recogidos en la resolución 1559 de la ONU.
En la misma, Francia y Alemania apelaron a “todas las partes de Líbano a actuar con responsabilidad y a caminar por la vía del diálogo para resolver los problemas, en el marco fijado por las instituciones democráticas”.
Merkel y Chirac reiteraron además su compromiso con la paz y la reconstrucción de Líbano y con el cumplimiento de las distintas resoluciones de la ONU y recomendaciones de su secretario general, entre las que destacaron el mantenimiento del alto el fuego.
INTERPELACIÓN
La declaración incluye un llamamiento a fuerzas externas al Líbano para que no se inmiscuyan en los asuntos internos del país y en concreto a Siria para que no preste más tiempo apoyo a las fuerzas que quieren desestabilizar Líbano y la región.
“Creemos que también va en el legítimo interés de Siria lograr la paz”, sostienen Merkel y Chirac en ese documento que concluye con la promesa a Siria de que, si cambia de actitud, podrá disfrutar de unas relaciones con la comunidad internacional “normales”, especialmente con los países de la Unión Europea (UE).
Funeral masivo
Miles de personas asistieron ayer a los funerales de un joven militante del grupo chií Amal, muerto el domingo en un barrio beirutí cuando regresaba del centro de Beirut, donde desde el viernes la oposición exige la caída del Gobierno.
Los participantes en el funeral gritaron eslóganes como “Muerte a (Fuad) Siniora”, en alusión al primer ministro libanés, “La sangre de los chiíes hierve” y “Queremos un Gobierno de unidad nacional, no de división y a cuenta del extranjero”.
Ahmad Mahmud, de 20 años, ha sido la primera víctima mortal desde que el viernes Hezbolá, que lidera la oposición, organizase una multitudinaria manifestación que reunió a cerca de un millón de personas.
Desde entonces, se suceden las manifestaciones, entre ellas una “sentada simbólica ininterrumpida” en el centro de Beirut, a pocos metros de la sede del Gobierno, donde están atrincherados el primer ministro y varios miembros de su gabinete, a quienes la oposición acusa de corrupción y de estar manejados por Occidente.
En estos cinco días, se han repetido los incidentes entre simpatizantes y adversarios del Gobierno en varios barrios de la capital y en otras regiones del país, que hacen temer una guerra sectaria.