Al acercarse el 3 de diciembre, numerosos venezolanos están almacenando víveres y productos de consumo doméstico ante el temor de que haya violencia tras los comicios, por lo que las tiendas y supermercados se ven llenos estos días. (LA PRENSA/AP/Andres Leighton)

El blanco y el negro del petróleo de Venezuela

El modelo económico que dirige el presidente venezolano Hugo Chávez excluye a la empresa privada tradicional de ese país, que en tres años ha disminuido a la mitad su capacidad productiva. De otro lado, hay un boom de consumo, y de pequeñas y microempresas, sostenidas por la bonanza petrolera [doap_box title=»Relaciones peligrosas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En […]

  • El modelo económico que dirige el presidente venezolano Hugo Chávez excluye a la empresa privada tradicional de ese país, que en tres años ha disminuido a la mitad su capacidad productiva. De otro lado, hay un boom de consumo, y de pequeñas y microempresas, sostenidas por la bonanza petrolera
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En los últimos ocho años, la relación entre el gobierno de Hugo Chávez y el sector empresarial ha tenido pasajes escabrosos. Quizás los más recordados se remonten a los primeros días de abril del 2002, cuando el mandatario venezolano fue destituido por unas horas por un golpe de Estado.

Otro momento álgido ocurrió en diciembre de ese mismo año, y se prolongó hasta el año siguiente con la huelga de PDVSA, que concluyó con el despido masivo de 18,000 empleados de la industria petrolera y la nacionalización de la misma. Ese round también lo perdió el sector privado, que poco a poco ha sido cercado por leyes y decretos, como la ley de tierras, que va contra el latifundio y el control de cambio y precios.

De seguir por seis años más en el poder, el proyecto chavista profundizaría aun más ese modelo que va contra el sector privado tradicional. En estos días, diputados oficialistas han dicho que se profundizaría un “modelo de economía social basado en la propiedad estatal, las empresas mixtas, las empresas de producción social y la cogestión”.

Otro de los pilares, económicos sería preservar la propiedad privada, pero estableciendo más controles. “El sector privado tiene que realizar más aportes al Estado (…) se requiere una economía que profundice el carácter social de la producción y supere la centralización del capital”, afirmó a medios locales el senador chavista, Rodrigo Cabezas, que preside la comisión de Finanzas de la Asamblea venezolana.

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Enviada especial Caracas

A las calles de Caracas no le cabe ni un alfiler más. No importa la hora, andar en bus o en taxi, o buscar un espacio en un parqueo es una tortura.

Según cálculos locales, el parque automotor en las vías más congestionadas (casi todas) avanza a 11 kilómetros por hora. “Caracas se ha vuelto un gran estacionamiento”. Esa frase ya se repite tanto, que sabe a lugar común. Sobre el caos vehicular se tejen dos explicaciones obvias: o las calles son muy estrechas o ya caducaron, o hay demasiados carros. Las dos son reales.

Pero más cierto aún es que la cantidad de carros que van por ahí “tortugueando”, por la capital del mundo con la gasolina más barata (8 veces más barata que un litro de agua), ha crecido a un ritmo pavoroso.

En el 2005, se importaron para la venta 228 mil carros. Y al cierre de este año, se prevé que la cifra de carros vendidos alcance los 300 mil.

Pero el boom por comprar, que es una marea a la que suben gente de los estratos medios altos de la sociedad, no sólo es con los automóviles.

Fiebre consumista

La fiebre de consumo abarca a los electrodomésticos (neveras, televisores, microondas), computadores, y en alguna medida a los créditos para apartamentos.

Los expertos atribuyen el boom de consumo a la bonanza petrolera que vive el país. En Venezuela se producen diario 3,200 millones de barriles a 52 dólares por tonel. Sin embargo, algunos analistas consideran que ese acceso a los créditos es una política hasta cierto punto populista del Estado venezolano, para ganar afecto entre sectores que le han sido adversos.

En los últimos tres años, la economía de este país suramericano ha crecido a un ritmo sostenido, sin embargo todavía mantiene una de las tasas de inflación más altas de Latinoamérica, con un 15.5 por ciento, según el economista Francisco Vivanco.

Vivanco cree que otra de las razones del consumo es el control de cambios, el control que se hace con los dólares.

Control de los dólares

Cada vez que un venezolano va a salir del país o cada vez que un empresario necesita pagar una factura en dólares por algún insumo que compró en el exterior y con el que espera acabar algún producto debe ir a Cadivi, como se abrevia a las oficinas de la Comisión de Administración de Divisas.

La instancia se creó en el 2003 para frenar la caída estrepitosa de las reservas internacionales, después de las crisis política y económica que vivió el país a raíz del golpe de abril del 2002 y la huelga de PDVSA el siguiente año.

En Cadivi después de revisar cada caso le dicen sí o no a la solicitud de dólares. Ahí mismo, se define la cantidad de dólares en efectivo, que el Estado puede vender.

“Para viajar no le venden a uno más de 400 dólares en efectivo y 2,500 por tarjeta de crédito”, comenta una mujer que viajó unos meses atrás a China y la mortificó el no poder llenarse de chucherías y falsificaciones del mercado chino por los pocos billetes que llevaba. La otra opción que tenía era comprar dólares en el mercado negro, donde se consiguen a 3,000 y a 3,200 bolívares, casi un 50 por ciento más caro que el precio oficial (2,150 bolívares).

Las oficinas centrales de Cadivi están en Chuao, una de las pocas zonas de Caracas libres del mercado callejero que se ha tragado al resto de la ciudad, con rascacielos en los que funcionan representaciones de empresas privadas y algunas estatales como PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A).

Los de Cadivi también le dan el sí o el no a las compras que hacen los importadores. A los microexportadores, por ejemplo, que es el sector productivo cuyo crecimiento está apoyando el gobierno revolucionario, les permiten transacciones hasta por un tope de 5,000 dólares.

Para Alejandro Uzcátegui, presidente de Empresarios por Venezuela, Empreven, una organización que se adhiere al gobierno de Chávez, considera que esta medida de control no representa en absoluto trabas para el desempeño empresarial.

Apoyo a microempresas

“De acuerdo con los registros, Cadivi aprueba diariamente hasta 100 millones de dólares para los empresarios”, dice Uzcátegui, quien representa a un sector de micro y pequeños empresarios, el que gracias al apoyo financiero de Chávez ha crecido a un ritmo vertiginoso en los últimos tres años.

“Hace tres años, éramos tres mil microempresas y ahora somos 216,000 mil empresas”, dice con orgullo Uzcátegui, quien ha viajado a otros países a fundar versiones empresariales similares.

No piensan como Uzcátegui otros empresarios venezolanos que, por el contrario, reconocen en el control de cambios, una piedra más del cerco jurídico que ha puesto el gobierno chavista, alrededor del cuello del sector privado tradicional del país.

Eduardo Gómez, presidente de Conindustria, el gremio de los industriales, se queja de que con este gobierno ha desaparecido la mitad del aparato productivo del país.

De 12,000 industrias han quedado 6,000. Y según el industrial, en la actualidad, operan con el 61 por ciento de la capacidad instalada.

Además del control de cambio, “muchos de los productos del sector industrial están regulados y controlados”, dice Gómez, y detalla, que la producción de alimentos es uno de los sectores más golpeados por los controles de precios que impone el gobierno.

“Para el año entrante, el gobierno ha anunciado regulaciones para los productos de la construcción”, apunta con preocupación este empresario.

José Luis Betancourt, presidente de Fedecamaras, el gremio equivalente al Cosep en Nicaragua, dice que la economía venezolana padece una enfermedad estructural porque responde a la inyección de recursos financieros a través del gasto público y no a través de la inversión privada.

“Venezuela necesita crear por lo menos 650 mil nuevos empleos en los próximos cinco años”, dice el líder empresarial. Por eso, para Betancourt, independientemente de quien resulte electo este domingo en Venezuela, cree que será conveniente tratar de armonizar políticas, que las decisiones se dejan de tomar de forma unilateral.

Sin embargo, para el gobierno bolivariano, cuya apuesta económica no coincide con la visión de los empresarios tradicionales, la realidad económica del país es exitosa.

“El éxito económico que tenemos se refleja de muchas maneras”, dijo el presidente Chávez, ayer en rueda de prensa, y aseguró que el desempleo que estaba en más de 20 puntos hace ocho años, durante su mandato, se ha reducido a 8.9 por ciento.

Los críticos del gobierno, sostienen que esas cifras incluyen al 45 por ciento de la población que vende en las calles, al mercado informal.

Betancourt lamenta que pese a los recursos que el Estado maneja no ha logrado seguridad social 6.2 millones de venezolanos.

El mandatario venezolano, que el próximo domingo se someterá al escrutinio del pueblo, reconoce muchos aciertos en su mandato, asegura que está haciendo una revolución social, sin embargo ha dicho que estos ocho años han sido de transición, que la verdadera revolución viene ahora.

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