Robinson Canó, el segunda base dominicano de los Yanquis, toma prácticas en el complejo de la organización en Boca Chica. (LA PRENSA/E. Rodríguez)

Éxito instantáneo

[doap_box title=»Entre ases» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] De pronto, Robinson Canó estaba en medio de los jugadores que había admirado: Derek Jeter, Alex Rodríguez, Jason Giambi, Mariano Rivera y Bernie Williams. Y después de dos años ahí, ha probado que no es un advenedizo, que pertenece a las Mayores. “Me emocionó mucho la primera vez que llegué […]

[doap_box title=»Entre ases» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

De pronto, Robinson Canó estaba en medio de los jugadores que había admirado: Derek Jeter, Alex Rodríguez, Jason Giambi, Mariano Rivera y Bernie Williams. Y después de dos años ahí, ha probado que no es un advenedizo, que pertenece a las Mayores.

“Me emocionó mucho la primera vez que llegué al equipo y aún siento ese orgullo de estar con todas esas estrellas. Este año, sólo Melky Cabrera y el chino Chien Ming Wang éramos los jóvenes, pero aprendimos muchos de los veteranos”, afirma Canó.

Canó asegura que una de las mejores lecciones que ha recibido ha sido el respeto por el juego. Y que una manera de materializar ese sentimiento, es preparándose lo más fuerte que pueda para llegar saludable y listo para los retos del 2007. Y así lo hace.

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Canó llegó para quedarse

Enviado Especial/ Dominicana

El beisbol estaba en la sangre y haber vivido en Nueva York facilitó las decisiones para el joven infielder dominicano Robinson Canó, convertido hoy día en una de las figuras de mayor aceleración hacia el estrellato, entre los representantes de su país en el beisbol de las Grandes Ligas.

Su padre, José Canó, jugó fugazmente en las Mayores antes de ir a establecerse como pitcher estelar en Japón. Y su proximidad con los Yanquis, al residir parte de su vida en la Gran Manzana, proyectó al jugador inevitablemente hacia el afecto por el uniforme a rayas de los Bombarderos.

“Me gustaría jugar toda mi carrera con los Yanquis. He sido un fanático de este equipo y jugar con ellos, es ver tu sueño hecho realidad”, señala Canó a LA PRENSA, para dejar en claro su simpatía por la organización que lo firmó a través de Carlos Ríos por 115 mil dólares en el 2001.

Canó, al igual que Melky Cabrera, llega varios días a la semana al formidable complejo que los Yanquis tienen en Boca Chica para entrenar su bateo. La temporada acabó hace sólo un mes y la próxima no iniciará sino hasta en abril, pero ambos han probado el sabor del éxito y saben que sólo trabajando duro será una constante.

“Fijate que yo entreno más ahora que cuando era un tiguerito (chavalo). Ahora sé lo que se siente jugar en las Grandes Ligas, pero también sé que para estar allá, tú necesitas hacer el trabajo y eso sólo se puede conseguir si te preparas bien. A las Menores yo no quiero volver”, explica el camarero, quien tiene siempre una sonrisa a flor de labios.

Después de un paso relativamente rápido por las Ligas Menores, Canó estaba listo para el big show. Y aún cuando los Yanquis habían conseguido a Tony Womack para jugar en la segunda base, el bateo de Canó y su brillante defensa, lo desplazaron y al final del 2005 su nombre estaba en el segundo lugar entre los finalistas por el premio de Novato del Año, ganado por Huston Street de Oakland.

“Yo agradezco a Dios todos los días, porque la verdad es que de entrada comencé a batear y a defender bien. Y aunque tengo que reconocer que no esperaba que las cosas pasaran así de rápido, tengo que decir también que he trabajado duro junto a mi papá y mi coach de bateo Freddy Tiburcio, para llegar y establecerme”, asegura.

Tras resumir un promedio de .297 el año pasado, con 14 jonrones y 62 remolques, el nivel de juego del dominicano se elevó este año a un peldaño estelar, al batear .342, con 15 tablazos y 78 empujadas. Y los fanáticos se lo reconocieron, al seleccionarlo como el segunda base titular para el Juego de Estrellas que se realizó en Pittsburgh, pero una lesión le impidió entrar en acción.

“No poder jugar me frustró un poco, pero me alegró que los aficionados vieran mi juego y que les pareciera digno de ser reconocido. No jugué, pero ahí estaba en la lista y eso me alegró también. Ahora volveré a trabajar para volver a ser llamado”, indica.

Pero no todo fue color de rosas para Canó este año en las Grandes Ligas. Además de sus lesiones y su ausencia del Juego de Estrellas, los Yanquis quedaron eliminados en la segunda ronda de los play offs y la misión de buscar un vigésimo séptimo título de Serie Mundial para la franquicia, quedó inconclusa.

“Eso fue lo más duro, quedar fuera de la Serie Mundial. Cuando la temporada inició, todos pensábamos que podíamos ganar el campeonato. Nos preparamos para eso, pero las cosas no funcionaron y tenemos la obligación de intentarlo de nuevo el próximo año”, sostiene el jugador.

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