El presidente electo, Daniel Ortega, dijo en su discurso de celebración de su victoria el pasado 8 de noviembre, que su gobierno respetará la libertad de expresión y “que los medios de comunicación publiquen lo que quieran”. La declaración es buena pero al mismo tiempo refleja de parte de Ortega una falta de aprecio y de entendimiento del importantísimo papel que juegan los medios de comunicación en la construcción de la democracia. Hellen Hume, directora del Centro de Sociedad y Medios de Comunicación de la Universidad de Massachussets, dice que la prensa cumple cuatro roles esenciales: (1) exigir que los dirigentes gubernamentales rindan cuentas al pueblo; (2) dar a conocer los temas que requieren atención; (3) instruir a los ciudadanos de modo que puedan tomar decisiones fundamentales y (4) vincular a la gente en la sociedad civil.
En efecto, la prensa tiene la capacidad de cuestionar algunas actuaciones de los gobernantes y exponerlas al escrutinio público. En este sentido, sirve los intereses del pueblo y, además, es un control necesario de la función estatal. La experiencia del paternalismo gubernamental expresado en los Estados de corte marxista así como de la corrupción de gobernantes supuestamente democráticos, enseña que la única manera de garantizar que los funcionarios actúen con justicia, probidad y responsabilidad es estableciéndoles controles. Uno de ellos es la prensa. Es por eso que en los países donde todavía hay regímenes autoritarios como China, Cuba, Corea del Norte, Irán, Venezuela, etc., se restringe la libertad de prensa y se mata a los periodistas. El reciente asesinato de Anna Politkóvskaya —la periodista rusa más crítica del presidente Vladimir Putin, especialmente en su política hacia Chechenia— ha puesto en entredicho la credibilidad del proceso democrático ruso. Y es que los gobiernos que reprimen la libertad de prensa se dañan a sí mismos porque se desprestigian en el ámbito internacional.
Como es sabido, el sandinismo censuró con saña la libertad de prensa durante los ochenta y aunque los dirigentes revolucionarios han tratado de justificarse de diferentes maneras, lo cierto es que la prohibición de la publicación hasta de noticias políticamente intrascendentes, es inexplicable. Hay sectores dentro de los gobiernos y fuera de ellos, que tratan de mantener ocultos sus delitos censurando la libertad de expresión con mecanismos más sofisticados. Por ejemplo, a través del aumento de los impuestos a los medios de comunicación o con leyes que limitan la libertad de expresión de maneras sutiles. Tal es el caso de Venezuela en donde existe una ley que prohíbe decir cosas “en detrimento” de un magistrado o funcionario público. Thomas Jefferson dijo: “Si yo tuviera que decidir entre tener gobierno y no tener periódicos o tener periódicos y no tener gobierno, no dudaría ni un segundo en elegir lo último”.
Las otras funciones de la prensa enumeradas por Hellen Hume son igualmente importantes: dar a conocer los temas que requieren atención para que el Estado y la sociedad actúen armoniosamente. La censura a la prensa puede causar desgracias innecesarias. Por ejemplo, muchas personas murieron en China porque el gobierno no permitió que la prensa de ese país instruyera a la ciudadanía acerca del peligro y prevención de la influenza aviar. La discusión abierta y pública de temas de interés nacional como éste, sólo es posible si se cuenta con una prensa libre. Hume dice que la prensa informa a los ciudadanos para tomar decisiones cotidianas. Desde dónde encontrar un empleo hasta cómo abrir una cuenta bancaria o comprar una casa. Esta función instructiva de los medios de comunicación resulta esencial en la vida diaria de las democracias. Finalmente, la prensa vincula a la gente en la sociedad civil, esto es, les alerta sobre situaciones de peligro como huracanes o terremotos y les instruye sobre medidas de protección adecuadas.
Estudios del Banco Mundial revelan que los países que gozan de libertad de prensa y de libertad económica tienen mejores niveles de educación y salud y un menor índice de corrupción. La libertad de prensa desarrolla y fortalece la democracia y es uno de los elementos que la definen. Por lo tanto, el nuevo gobierno de Daniel Ortega debe considerar a los medios de comunicación independientes como aliados en la construcción de la democracia y no como enemigos a los que hay que enfrentar.