Según un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), publicado en Américaeconomía.com (noviembre 10 de 2006), América Latina sigue siendo la región más desigual del planeta y de acuerdo a los indicadores de desarrollo humano PNUD (año 2004), la subregión centroamericana ocupa el primer lugar en pobreza y falta de equidad.
Pero a esto debemos agregar que Nicaragua es en Centroamérica el país más desigual de la subregión. América Latina crece más que en el pasado, pero menos que el resto del mundo.
Algo importante de reconocer es que la lucha contra la pobreza y la disminución de la desigualdad pasa por una estrategia nacional que incentive el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que sea el resultado de políticas nacionales muy bien analizadas.
Por ejemplo, es imperativo mantener la estabilidad macroeconómica, pero es necesario reconocer que los equilibrios macroeconómicos no se traducen en una microeconomía saludable.
Por otro lado, los equilibrios se pueden alcanzar con bajo crecimiento y alto desempleo, como es el caso de Nicaragua , los economistas sabemos que el variable crecimiento y la variable empleo no son independientes y lo que existe entre ellas es una co-varianza sugiriendo que los factores determinantes del producto a su vez son factores determinantes del empleo.
CRECIMIENTO Y EMPLEO
Pasando este análisis por el tamiz de Peter Sengue diríamos que tanto crecimiento como empleo son reforzadores de influencia recíproca, es decir, que el crecimiento debe expresarse en más empleos y el empleo en más crecimiento.
Pero en Nicaragua ese crecimiento debe ser más robusto y mejor orientado desde el punto de vista de la distribución a fin de disminuir esa brecha brutal entre los que gozan de opulencia económica y aquellos que viven con menos de un dólar al día
Estas políticas de distribución no son sólo importantes desde el punto de vista político y social, sino que lo son desde la perspectiva del mercado. Un incremento del salario mínimo por ejemplo, dinamiza la demanda y esto a su vez estimula la oferta.
Ahora bien también es importante analizar una de las variables determinantes del crecimiento como es la inversión extranjera directa (IED), reconociendo que no es la única, pero quizás sea una de las variables internacionales más importantes.
Lo primero que se debe aclarar, en ese sentido, es que la apertura comercial, la liberalización financiera, la desregulación y los procesos de integración son determinantes muy importantes para el desbordamiento de la IED hacia Nicaragua pero no son suficientes. La IED es motivada también por otros indicadores que sólo pueden mejorarse en el mediano y largo plazo.
El autor es economista.