Progreso económico y transformaciones sociales

Los recursos de que disponen las comunidades humanas para producir bienes y servicios requeridos para la satisfacción de sus necesidades se dividen, en efecto, en los tres grupos siguientes: en primer lugar, los recursos humanos, que son las energías físicas e intelectuales de la población. En segundo lugar, los recursos naturales, que son los bienes […]

Los recursos de que disponen las comunidades humanas para producir bienes y servicios requeridos para la satisfacción de sus necesidades se dividen, en efecto, en los tres grupos siguientes: en primer lugar, los recursos humanos, que son las energías físicas e intelectuales de la población.

En segundo lugar, los recursos naturales, que son los bienes dados por la naturaleza; y en tercer lugar, los recursos materiales, que son los bienes materiales de producción creados en un período anterior.

Para aumentar el producto social existen solamente dos posibles caminos: aprovechar en forma más racional los recursos disponibles o aumentar el volumen de los mismos.

El adecuado aprovechamiento de los recursos disponibles se logra a través de la función ordenadora del mercado y de la competencia, que aseguran el óptimo aprovechamiento de la comunidad.

Por otra parte, el aumento de los recursos disponibles está sujeto a limitaciones especiales. Los recursos del primer grupo, esto es, los recursos humanos, tienen un ritmo propio de variación determinado por las razones biológicas, económicas y espirituales que condicionan el crecimiento vegetativo y las emigraciones de las poblaciones humanas.

AHORRO E INVERSIÓN

Es un principio igualmente elemental que el único medio de incrementar el capital real de la comunidad es desplazando recursos de la producción de bienes de consumo a la producción de bienes de producción, esto es, disminuyendo la parte de los recursos productivos que se destina a la satisfacción de las necesidades actuales de la comunidad y aumentando la parte de esos recursos que se destina a la producción de bienes-capital.

Ese proceso constituye el ahorro y la inversión de la comunidad. El ahorro implica la limitación del consumo actual.

La inversión significa, por otro lado, la dedicación de las fuerzas productivas liberadas por ese acto de abstención, a la producción de bienes de producción.

Es más, en la medida que los recursos humanos y naturales son susceptibles de ser incrementados, a través de un mejoramiento de las cualidades físicas e intelectuales de la población, o a través de la explotación y el mejor conocimiento de los recursos naturales existentes, significa también una destinación de recursos hacia esas finalidades y queda igualmente comprendido en ese proceso fundamental de ahorro e inversión que constituye la base fundamental de todo progreso económico colectivo.

Por el contrario, en la economía de mercado, el proceso de formación de capital se logra a través de la acción libre de los miembros de la comunidad que ahorran una parte de su ingreso y lo destinan, ya directamente o ya indirectamente, a través del sistema bancario y crediticio, a fines de inversión.

Esa multitud de actos individuales de ahorro e inversión, promueve un desplazamiento orgánico de los recursos productivos hacia la obtención de los bienes de producción, que requiere la satisfacción de la demanda futura de la comunidad. Esta es la manera como se ha formado el capital y se ha afianzado el progreso de la economía en los pueblos del mundo occidental.

ECONOMÍA CERRADA

En una economía cerrada, esto es, en la economía de un país o colectividad que no tengo contacto alguno con el exterior, las dos fuentes anteriormente expresadas son las únicas, a través de las cuales puede nutrirse el ahorro y la inversión y por lo tanto, generarse la formación del capital de la comunidad.

Sin embargo, en un mundo integrado por una pluralidad de países, existe una tercera fuente, la cual es de primordial importancia para la formación capital de los países subdesarrollados. Esa tercera fuente es la que se origina en las inversiones extranjeras.

Si prescindimos de la compleja maraña de confusiones que ha sembrado una serie de ideologías de torcidas intenciones o de infantil simplicidad, la inversión extranjera permite a un país de reducidos ingresos globales aumentar su ritmo de inversión y de capitalización sin restringir su nivel de consumo.

Ello se logra porque el acto de inversión se verifica en el país que recibe la inversión, en tanto que el acto de ahorro tiene lugar en el país en el cual se origina, el cual, por ser un país de altos ingresos puede distraer fácilmente hacia esos fines una parte de los ingresos de su población.

Un país pobre, como son, en mayor o menor grado, todos los países subdesarrollados, que no pueda contar con el capital procedente del exterior, está forzosamente supeditado a un ritmo reducido de progreso y de formación de capital.

Ese ritmo depende, como se ha visto, de la fracción de los ingresos que la población sustraiga a su consumo actual y esa fracción es extraordinariamente limitada en poblaciones que, en su mayoría, no satisfacen sus más apremiantes necesidades vitales.

La corriente del capital que se origina en la mecánica del ahorro interno voluntario y de la libre transferencia internacional de capitales, es, además, la que se ajusta, por su propia naturaleza, a la efectiva disponibilidad de recursos complementarios mano de obra, conocimientos técnicos y capacidad empresarial y a las posibilidades reales del desarrollo libre y orgánico de la economía.

No en vano es la que ha hecho posible el progreso económico de países que han logrado, a la vez, un alto nivel de existencia para su población, una acusada afirmación de su personalidad nacional y un sistema de vida basado en el respeto a las primordiales libertades del hombre.

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