Rossana Obregón y John Paul Zamora llevan dos años y ocho meses de noviazgo. (LA PRENSA/CORTESÍA)

Estaban tan cerca y tan lejos a la vez

Para el amor dicen que no hay fronteras y, con el buen uso de la tecnología, menos aun que existan. Tres parejas nos cuentan cómo se enamoraron por Internet El mundo es un pañuelo, dice un dicho popular, y el Internet lo ha popularizado más aun. Rossana Obregón tiene dos años y ochos meses de […]

  • Para el amor dicen que no hay fronteras y, con el buen uso de la tecnología, menos aun que existan. Tres parejas nos cuentan cómo se enamoraron por Internet

El mundo es un pañuelo, dice un dicho popular, y el Internet lo ha popularizado más aun. Rossana Obregón tiene dos años y ochos meses de noviazgo, a su novio lo conoció por casualidad en el messenger de una de sus amigas pero lo que no sabía era que la persona con la que había desarrollado una amistad era un compañero de clases.

“Una tarde en casa de mi amiga Gabriela, ella tenía su messenger abierto y yo me metía a chatear con sus amigos, él no se identificaba en su correo electrónico y yo tampoco en el mío, entonces estábamos chateando, no nos preguntamos nombres ni nada personal, luego lo agregué a mi messenger y así pasamos como una semana sin preguntarnos datos personales, hablamos de muchos temas pero nada personal”, asegura.

Después de una semana de chatear y sin saber con quién, el interés empezó a crecer, entonces empezaron a preguntarse dónde estudiaban. El susto fue saber que estaban en la misma universidad, en el mismo año y la misma sección pero no se conocían, jamás se habían determinado.

“Recuerdo que el primer día de clase yo escuché que la profesora pasó lista y dijo John Paul Zamora, yo volteé para verlo porque el nombre me pareció extraño pero no lo vi bien, él jamás me había visto, es súper despistado, por eso fue muy bonito cuando nos dimos cuenta que estábamos en la misma aula, estudiábamos lo mismo, nos compenetramos más”, rememora.

Actualmente se preguntan ¿qué hubiese pasado con ellos si no hubieran chateado? Quizás ni siquiera se hablarían, como ocurre con varios de sus compañeros de clase. “Él no me volvía a ver y yo tampoco, no había atracción, la atracción surgió sin vernos”, asegura.

Asegura que de su parte no hubo engaños en ningún momento porque aunque primero no se dijeron sus nombres, no fue por ocultar algo sino porque hasta ese momento no habían sentido la necesidad de identificarse.

“Yo me describí como era, él igual, me dijo la verdad, yo le pregunté si tenía novia y no la tenía, fuimos sinceros”.

Cuando se vieron, les dio mucha pena y risa a la vez, porque eran compañeros de clase y no se conocían. “Todo por no preguntar nuestros nombres, nos hablamos por el nickname, cuando me conoció me dijo que era bonita, lo normal, a mí me gustó, es el prototipo de las personas que me gustan”, señala.

Rossana recuerda que cuando supieron quienes eran, no empezaron inmediatamente el noviazgo sino hasta que fueron a un viaje con unos amigos a las isletas de Granada. “En el messenger nunca nos dijimos que nos gustábamos, ni nada de eso, cuando nos dimos cuenta que estábamos en la misma clase, siempre estábamos de amigos, hablábamos mucho, pero hasta después del viaje, empezamos”, afirma.

Antes de verse, ella ya sentía curiosidad por saber cómo era. “Me gustaron sus valores, tenía bastantes valores en sus palabras, cuando lo conocí todo fue mucho mejor”, expresa.

Rossana aconseja siempre ser reservado porque no se sabe quién está al otro lado.

“Pero vale la pena porque cuando conocés personalmente a alguien, hay mucha timidez y no decís lo que sos, mientras que por Internet, como no estás viendo a la persona, te descubrís tal cual sos y la otra persona lo puede percibir y pueden llegar a una relación de amistad o de noviazgo; por eso siempre es bueno averiguar bien quién es, es sano siempre y cuando haya respeto en la conversación”, asegura esta joven afortunada.

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