Me pides que te crea.
Jamás debo vacilar
de lo que sale de tus labios.
De tu boca no saldrá
contra mí una perfidia.
Veneras la verdad
como los creyentes a sus Dioses.
No hay ni habrá artimañas.
Mientras paso revista
a cada una de tus palabras
quedo sumergido en la duda.
¿Cómo habré de creerte
si nuestro repentino amorío
comenzó dejando al otro,
al que habías vertido
palabras similares?
Pídeme cualquier cosa
pero nunca que te crea.
No vivo ni me alimento del engaño.
Continúa impasible, te lo ruego,
recitando el elogio a tu fidelidad.
Sigue, prosigue pidiendo
que te crea. Llegaste tarde,
demasiado tarde.
Viniste a mis brazos
¿acaso ya se te olvidó?
mientras jurabas al otro,
¿qué por nada del mundo lo traicionarías?
Aunque me jures por Dios,
me sobran motivos y razones
para recelar siempre de ti.