Democracia participativa

En la cultura política norteamericana y anglosajona en general, no se acostumbra exagerar los triunfos ni disimular y mucho menos negar las derrotas y echar la culpar a los demás.

Así, mientras en Nicaragua los derrotados en las elecciones se resisten a admitir su derrota y algunos de ellos negocian bajo la sombra de pactos inmorales cómo quedar mejor situados en la cuenta final de los votos, en Estados Unidos el Partido Republicano y el presidente Bush admitieron la derrota y de inmediato comenzaron a rectificar el rumbo, de acuerdo con el mensaje que les enviaron los electores.

“Fue un paliza”, reconoció el presidente Bush al comentar el resultado de las votaciones del martes pasado, las cuales resultaron ampliamente favorables a la oposición demócrata que dominará ahora el Congreso de Estados Unidos. Además, la misma noche renunció el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien no tenía obligación de hacerlo pero lo hizo por dignidad política y personal, pues la contundente derrota republicana se debió sin duda a la guerra estadounidense en Irak, de la cual Rumsfeld ha sido la figura emblemática.

Es importante tomar nota del carácter ejemplar de la democracia norteamericana, manifestado en las elecciones parciales de medio tiempo —entre una y otra elección presidencial—, de legisladores y gobernadores. Este sistema permite a los ciudadanos renovar parcialmente a las autoridades legislativas y estatales, pero también indicarle al gobierno su conformidad o disconformidad con las políticas domésticas e internacionales que está ejecutando. Y la Administración, sin falta toma en cuenta el mensaje de los electores y hace las correcciones gubernamentales que es posible hacer de inmediato.

Lamentablemente, esos aspectos de la democracia norteamericana, que demuestran que en Estados Unidos sí hay una democracia de participación ciudadana, además de representativa, son ignorados por la gran prensa estadounidense e internacional.

También pasa por alto la gran prensa de sucesos políticos, otros temas de interés que se deciden de manera plebiscitaria en las elecciones de Estados Unidos. Por ejemplo, en los comicios del martes 7 de noviembre 37 Estados votaron más de 200 propuestas sobre diversos temas de interés local y social. Cabe destacar que los ciudadanos de siete Estados —de los ocho que sometieron el asunto a plebiscito— rechazaron el matrimonio entre parejas de homosexuales. Sólo Colorado aceptó el matrimonio gay y además concedió derechos adicionales a las personas del mismo sexo que se unen en forma matrimonial.

Por otro lado, los votantes de Nevada y Colorado rechazaron la propuesta de legalizar la posesión de una determinada cantidad de marihuana para consumo personal, que tenía el propósito de disuadir la ilegalidad del consumo de drogas. Además, mientras los enemigos de Bush celebraron ruidosamente el triunfo electoral demócrata del martes pasado como una victoria de los inmigrantes ilegales, en Arizona, que es uno de los Estados con más población hispánica y con muchos problemas de inmigración ilegal, los electores rechazaron con una votación de más del 70 por ciento una propuesta de ley que pretendía otorgar a los inmigrantes que viven ilegalmente en ese Estado, el derecho a ser puestos en libertad bajo fianza cuando enfrenten acusaciones de delitos graves. Además, como resultado de la votación del martes pasado los inmigrantes ilegales tampoco tendrán derecho a ser indemnizados por daños civiles, ni podrán ingresar en universidades estatales, aparte de que también se confirmó el inglés como idioma oficial de Arizona.

Otro tema muy controversial que fue aprobado en las elecciones del recién pasado 7 de noviembre, pero únicamente en el Estado de Missouri, fue la autorización de los experimentos con células madres. Esta decisión, que para muchas personas significa autorizar la clonación humana, es justificada por sus proponentes como un esfuerzo para fomentar la investigación de tratamientos efectivos para curar enfermedades de origen genético como por ejemplo el Mal de Parkinson.

Así son las cosas: mientras en Nicaragua los políticos que ofrecen “democracia participativa” le niegan a la población el derecho de pronunciarse en plebiscito y referendo sobre un asunto tan trascendental como es la reforma constitucional que cambia el sistema de gobierno, en Estados Unidos los ciudadanos participan directamente en la decisión de asuntos de todo peso y tamaño, desde el control político del Congreso hasta las uniones gay y medidas para tolerar o restringir el fumado en locales públicos.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí