Ahora, a cumplir

Daniel Ortega, el candidato presidencial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ganó la elección del domingo 5 de noviembre ante todo porque Arnoldo Alemán y el PLC le concedieron mediante el pacto la posibilidad de que pudiera ser Presidente de Nicaragua con menos del 40 por ciento de los votos, sabiendo que el 45 por ciento que establecía la Constitución anteriormente jamás lo podría conseguir.

Por otra parte, la campaña del PLC contra el único candidato que según todas las encuestas confiables podía ganarle la elección a Daniel Ortega, cual era Eduardo Montealegre de ALN, y los errores estratégicos que ésta alianza cometió sobre todo al final de la campaña electoral, contribuyeron bastante al triunfo electoral del candidato sandinista.

Sin embargo, Ortega tuvo que comprometerse a que va a resolver todos los problemas materiales de los nicaragüenses, en primer lugar de los más pobres. Al respecto cabe señalar que lo “malo” de ganar una elección es que se debe cumplir lo que se prometió y lidiar con las presiones para que cumpla. Nos referimos, por supuesto, a un país donde hay libertad como ha sido Nicaragua en los últimos 16 años y esperamos que lo siga siendo en el futuro.

En su campaña electoral, Ortega culpó al “capitalismo salvaje” y al “neoliberalismo” por todos los problemas que sufren los nicaragüenses y dijo que para resolverlos sería suficiente instalar un gobierno de izquierda y populista. Ahora tendrá que demostrarlo.

Los defensores de la democracia liberal y del sistema económico capitalista, sabemos que lo único que produce riqueza y reduce la pobreza es la inversión de capital nacional y extranjero, la educación y el trabajo bien hecho y bien vendido en el mercado local y externo, en forma de productos de primera calidad y reconocida competitividad. Por el contrario, para los izquierdistas lo único que hace falta es que ellos tomen el poder político e impulsen desde el Estado políticas sociales que supuestamente suprimirían de inmediato el desempleo, aumentarían los salarios, erradicarían la pobreza, darían educación y salud gratuitas para todos, etc.

Cabe suponer, entonces, que inmediatamente después de que Ortega tome posesión de la Presidencia de la República, entrará a las escuelas el millón de niños que ahora están fuera de ellas; que el salario de los maestros se nivelará con el de los otros países centroamericanos; que las mujeres de las clases populares tendrán todos los empleos que necesitan, “pero con dignidad”; que desaparecerán los niños de los semáforos porque irán a la escuela y otros centros sociales de formación; que los médicos y demás trabajadores de la salud comenzarán a devengar los sueldos de maravilla que tanto ha demandado el líder sandinista Gustavo Porras; que los artistas mejorarán su talento creador y sus condiciones de vida gracias al apoyo del Estado; que el transporte colectivo será generosamente financiado; que se terminarán los apagones y los cortes de servicio de agua potable y bajará su precio, etc.

Daniel Ortega también se comprometió a desarrollar la producción, así como a diversificar el comercio nacional e internacional mucho más que como lo ha hecho el neoliberalismo.

Es interesante señalar al respecto que a principios de septiembre de este año el diario estadounidense en español, El Nuevo Herald, de Miami, publicó declaraciones del señor Luis Martínez, representante del FSLN en la Florida, Estados Unidos, acerca de que “existen inversionistas europeos, cubanos, venezolanos y bolivianos que esperan el triunfo de Ortega para desarrollar nuevos negocios en el país centroamericano”. El Nuevo Herald entrevistó también a otro empresario nicaragüense y militante sandinista radicado en Miami, Salvador Castellanos, propietario de una firma de construcción, quien aseguró que “el problema es que (en Nicaragua) sólo los ricos tienen la posibilidad de tener una vivienda justa, pero la mayoría no tiene el dinero para comprar. Yo tengo terrenos para construir propiedades en Nicaragua a bajo costo, por eso voy a votar por un partido que apoye a la clase menos favorecida”.

Esperamos que sea cierto. Daniel Ortega tiene cumplir esas promesas de campaña electoral y desde el mismo 10 de enero de 2007 los ciudadanos deberán comenzar a exigirle que las cumpla.

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