- A trece años del asalto a dos bancos de Estelí, organizado por el FROC, liderado por “Pedrito El Hondureño”, durante el cual murieron 40 personas y decenas quedaron heridas, el paradero del botín recuperado aún se desconoce. La gente rumora que quedó en manos de los asaltantes encabezados por el hoy empresario camaronero Víctor Manuel Gallegos, quien posteriormente fue amnistiado, junto a su tropa
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La versión que aún circula entre el pueblo fue que los saqueadores de los bancos de Estelí en julio de 1993, huyeron cargando sacos en cuyo interior guardaban la plata robada. Muchos los vieron huir por las calles del barrio Oscar Gámez, ubicado en la periferia de la ciudad, confirmó una vecina que por temor optó por el anonimato. Según explicó, por ese rumbo podían huir hacia El Sauce o hacia la montañita que les permitía llegar a Limay y después alcanzar territorio fronterizo de Honduras.
“Ellos dejaron pintas y cosas (…). Supuestamente era para ayudarle a los obreros y campesinos, por eso llamaron así al grupo (FROC), pero eso yo no lo creo, engañaron a un montón de campesinos para que los apoyaran”, apuntó la vecina del Oscar Gámez.
“Me acuerdo tan bien que vino a robarse el dinero”, expresa Julio Machado Irías.
Machado asegura que es primo hermano de uno de los seguidores de “Pedrito El Hondureño”, Salvador Machado, quien murió en la toma. Pero como una forma de poner distancia con ese grupo pese al parentesco con uno de sus miembros advierte: “¿Quién va a apoyar a un ladrón?, señora”.
A su pariente lo recuerda como una persona que “tenía que matar para poder vivir”.
Según Machado Irías, su primo había matado a unas ocho personas. “Todo el que se le iba enfrentando, se lo llevaba (…) Él estaba joven, pero traía esa desgracia de matar al que se le oponía”, sostuvo Machado Irías.
El primo de Machado Irías murió rafagueado. Había sobrevivido al atraco ese 21 de julio, pero horas después lo mataron, aparentemente emboscado. Él no logró nada de ese dinero.
A diferencia de la opinión de otros estelianos, Machado Irías es del criterio que el dinero fue repartido en la comunidad La Tunosa.
A Machado Irías no le alarma que Gallegos y su grupo no cayeran presos. “¿Pero cómo va a estar preso?, si son los allegados a Daniel, señora. Son los allegados a esa gente, cómo va a caer preso, si son robos planificados”.
MUERTOS Y HERIDOS
En la conocida calle de los bancos y en la avenida principal, donde está concentrado el comercio y estaba ubicado el antiguo Hospital San Juan de Dios, en las paredes de muchas de las casas aún se aprecian los orificios dejados por las balas, como resultado del tiroteo escenificado entre los saqueadores y soldados del Ejército.
Tras varias horas de la ocupación de la ciudad, los soldados fueron enviados para poner el orden ante la imposibilidad de defensa de los oficiales de la Policía que fácilmente habían sido neutralizados por el grupo irregular, según relatos de los citadinos.
El enfrentamiento entre irregulares y tropas del Ejército en pleno centro de Estelí, dejó como resultado, según el obispo Matta, unas cuarenta personas muertas y decenas de heridos, en su mayoría civiles que se encontraron atrapados entre los dos fuegos.
Pero a criterio del líder religioso, esta cifra pudo ser mayor pues después fueron apareciendo muertos en las quebradas, que estima fueron personas que habían resultado heridas en la refriega y que murieron a consecuencia de esas heridas. Otros murieron como resultado de pasadas de cuentas.
“Yo sé positivamente de una persona que hubo un piquete que fue a buscarla a su casa”, sostuvo Matta y señala “y una expresión de esa pasada de cuentas fue el saqueo de los bancos”.
BALAZOS EN EL HOSPITAL
El doctor Juan José Cerda Sáenz, quien en ese momento se desempeñaba como director del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais), aún recuerda horrorizado la tragedia que le tocó enfrentar.
Ese día Cerda se encontraba fuera de su oficina, cuando advirtió el movimiento de varios camiones cargados de militares, y en cuestión de minutos empezó a escuchar los disparos.
Recuerda que se dirigió al hospital, donde “todo mundo gritaba asustado, entonces con el director del hospital nos tocó primero controlar a los trabajadores, sacarlos del shock, y organizar los servicios médicos”.
De inmediato a través del radio-comunicador empezó a solicitar ayuda de urgencia al Ministerio de Salud (Minsa) en Managua: ambulancias, médicos, material de reposición y sangre.
“Heridos que llegaban, otros que morían, otros que revivían, otros que los trasladábamos para Managua, para el Hospital de La Trinidad y así fue…, pero hubo un inconveniente, porque una célula del FROC se tomó el hospital, entonces esa célula impidió mucho la labor que allí se hacía, porque se agarraban a balazos en los predios del hospital con el Ejército y entonces los médicos ya no querían salir, había un estrés horrible”, relató Cerda.
CRIMEN DE LESA HUMANIDAD
Entre los cirujanos que acudieron al llamado está el ahora viceministro de Salud, Israel Kontorovski, quien junto a otros galenos atendieron a los heridos. Ese ataque a la ciudad es considerado por Kontorovski “como crimen de lesa humanidad”.
Hubo un momento en que se rumoraba que el Ejército penetraría a las instalaciones del hospital para sacar a los del FROC, lo que llevó a los cabecillas del grupo armado que invadió el hospital a cambiar sus vestimentas por pijamas de cirujanos, para mezclarse con los médicos y evitar ser reconocidos. “Esto dio más temor a muchos de nosotros”, recuerda Kontorovski.
La noche les tomó desprevenidos, sin energía eléctrica y sin condiciones para atender a los heridos, lo que llevó a algunos de los médicos a tener que salir a la calle en busca de ayuda.
El doctor Juan José Cerda recuerda que era tal el caos, que hasta en la sala de emergencia realizaron algunas cirugías, mientras a otros heridos los trasladaban en helicópteros o en ambulancias al hospital de La Trinidad. Fue a eso de las 8:00 p.m. de ese fatídico día, que empezaron a llegar los refuerzos desde Managua: ambulancias, sangre, material de reposición. Pero horas después ya no podían remitir pacientes al hospital de La Trinidad, porque estaba saturado.
ASALTANTES SALIERON EN AMBULANCIA
Los armados entraron en conversación con el obispo Matta, y vestidos de pacientes fueron sacados en una ambulancia hacia el sector de La Trinidad.
El Hospital San Juan de Dios quedó destruido en todo el área donde está Maternidad; las persianas y puertas requirieron de reparación. “Quedamos en una situación bastante caótica”, señaló el ex director del Silais. Hasta un transformador nuevo debieron comprar porque fue explotado de un balazo.
“Eso era una locura, eso… ni me quisiera acordar”, resumió el doctor Cerda, quien apuntó que esa situación vivida les dejó “un estrés espantoso”.
A Cerda le llevó muchos años reponerse de esa tragedia. “Ver morir a gente que no tenía ni vela, decisión, ni nada”, expresa el galeno y trae a su memoria las palabras de un moribundo que le suplicaba: “Doctor, no me deje morir. ¿Cómo?, si tenía los ilíacos perforados (…), ahí nomasito murió”.
A su vez, Cerda recordó el caso de “un chavalo” civil que estaba en el hospital, “le dije: ‘metete, que te van a matar’, estaba un fuego cruzado, y cuando miré estaba tendido en el suelo, muerto”.
Kontorovski resume que fueron 30 horas de trabajo consecutivo bajo las balas. En el caso de los heridos, “lo único que hacíamos era darles la atención inicial”, recuerda el hoy viceministro de Salud, para quien pese a los años transcurridos aún está fresca en su memoria una serie de casos que debió remitir a los hospitales capitalinos en busca de salvarles la vida.