El poder del sufragio

Sufragio y voto significan básicamente lo mismo. En ambos casos se trata del mecanismo político institucionalizado de participación popular que es característico de la democracia representativa. El sufragio o voto es lo que permite a cada ciudadano ejercer su derecho de participar en la formación del poder público, a través de la elección de los gobernantes, legisladores y representantes.

Según la definición del diccionario de la RAE, voto significa “expresión pública o secreta de una preferencia ante una opción”. Y sufragio, señala el mismo diccionario que es el “voto de quien tiene capacidad de elegir”.

Por cierto que ambos vocablos tienen un origen religioso: “promesa que se hace a la divinidad o a las personas santas, ya sea por devoción o para obtener determinada gracia”, en el caso del voto; y “obra buena que se aplica por las almas del purgatorio”, en lo que se refiere a sufragio. Y de allí que el voto o sufragio para elegir autoridades tenga una connotación sacrosanta, porque de es la manera mediante la cual cada ciudadano delega su sagrado derecho de soberanía a las personas que elige, de manera directa e indirecta, para que administren los asuntos públicos y dirijan los poderes del Estado.

Ciertamente, el Estado democrático se funda en el principio de soberanía nacional o popular, según el cual el poder político o público reside en el pueblo como totalidad, que a su vez la ejerce por medio, entre otros mecanismos, del voto individual de los ciudadanos.

Por eso es que el artículo 2 de la Constitución Política de la República de Nicaragua señala expresamente que: “La soberanía nacional reside en el pueblo y la ejerce a través de instrumentos democráticos, decidiendo y participando libremente en la construcción y perfeccionando del sistema económico, político y social de la nación. El poder político lo ejerce el pueblo, por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse este poder o representación. También podrá ejercerlo de manera directa por medio del referendo y del plebiscito y otros procedimientos que establezcan la presente Constitución”.

Por otro lado, el voto o sufragio de los ciudadanos tiene un doble sentido, lo cual es muy importante tener en cuenta en el momento de participar en una elección de autoridades gubernamentales como la que tendremos el próximo domingo. Es decir, la persona que ejerce su derecho al sufragio vota por el candidato presidencial y los candidatos a diputados del partido de su preferencia, pero al mismo tiempo vota por él o ella misma.

En efecto, al sufragar se le da un voto de confianza a determinados candidatos para que gobiernen el país, pero también se asegura o se arriesga —según sea el caso— el interés personal, familiar, social y nacional del votante.

Dicho con otras palabras, el ciudadano puede votar por el o los candidatos que por su trayectoria y por sus propuestas programáticas aseguran la continuidad del crecimiento económico, la vigencia y fortalecimiento de las instituciones democráticas, la continuación de la lucha contra la corrupción y la ineficiencia gubernamental. Pero la persona también puede votar por un candidato que amenaza los derechos individuales y la libertad, que provoca temor a los inversionistas, que causa zozobra e inestabilidad en los negocios privados, que hace que la economía se contraiga y que las empresas tomen medidas de emergencia, entre otras la reducción de personal. De manera que en este caso el ciudadano no sólo vota por el o los candidatos desestabilizadores, sino también contra sus propios intereses particulares y la posibilidad de mejorar su situación económica y social.

El voto o sufragio tiene un inmenso poder transformador, pero este puede ser para bien o para mal. De allí que para sacarle el mejor provecho posible y necesario al voto hay que ejercerlo con responsabilidad e inteligencia. Cuando los ciudadanos tienen la oportunidad de elegir libremente, ya sea que escojan a los mejores o a los peores candidatos a ocupar los cargos de poder público, el pueblo simplemente tiene el gobierno que se merece.

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