- Apenas se escuchó un rugido en cinco partidos
Tigres estuvieron amordazados en la Serie Mundial
Nada raro en una Serie Mundial. Otro equipo favorito se vio “secuestrado” frente al crecimiento de un adversario subvalorado. El beisbol sigue siendo el menos predecible de todos los deportes.
Nada que ver con lo grandioso, pero Cardenales de San Luis y Tigres de Detroit provocaron muchos momentos excitantes. Cada batalla se caracterizó por lo inesperado y por lo errático, y la inseguridad siempre emociona, aunque la calidad sea colocada a un lado.
Nada genial en la batalla de “cerebros”, ni Tony LaRussa, ni Jim Leyland parecieron exalumnos de la facultad de estrategia de la Universidad de Harvard, y no fue fácil escarbar para encontrar al pelotero Más Valioso.
Nada certeros los pronósticos, una vez más fueron convertidos en cenizas. Detroit, con tiempo para recargar baterías, daba la impresión de estar lo necesariamente armado y atravesando por un momento estupendo luego de liquidar a Yanquis de Nueva York y Atléticos de Oakland, como para dudar de sus mejores posibilidades.
Y es que en un salto de la nada a la cresta de la credibilidad, el equipo que al levantarse el telón de la temporada fue ignorado en los cálculos, oscurecido por Medias Blancas de Chicago, Gemelos de Minnesota e Indios de Cleveland, logró proyectarse con tanto impulso en la postemporada, después de clasificar como “comodín”, que fue calificado favorito, tanto en Las Vegas como en la Luna.
Sin embargo, el título fue para los Cardenales, un equipo que sólo ganó 83 juegos en la temporada regular, que perdió en julio a su segundo abridor Mark Mulder por lesión en el hombro izquierdo, y que, preocupado por el pobre cierre del relevista Jason Ishringausen, lo sacó del roster.
Reyes sorprende
Atrapado por el desgaste de su pitcheo en la serie con los Mets de Nueva York, el manager de San Luis, Tony LaRussa, se vio obligado a utilizar al novato Anthony Reyes, con balance de 5-8 en la temporada y 5.06 en efectividad, para abrir el primer juego frente al también novato, pero ganador de 17 juegos, Justin Verlander.
Reyes lució tan vulnerable como sus antecedentes lo indicaban en el primer inning, permitiendo que Detroit se adelantara 1-0, pero de inmediato creció de golpe y su pitcheo enérgico se convirtió en el factor decisivo de la primera victoria de los Cardenales por 7-2.
Alberto Pujols y Scott Rolen jonronearon contra un aturdido Verlander, afectado también por un doble de Chris Duncan y un cohete de Jim Edmonds. Un mal tiro del propio Verlander contribuyó al derrumbe.
En el noveno inning, el intento de recorrido completo de Reyes fue destrozado por el jonrón de Craig Monroe y LaRussa tuvo que reemplazarlo por Braden Looper.
Aparece Rogers
El veterano zurdo de 42 años, Kenny Rogers, ganador de 17 juegos en un alarde de consistencia, había estado efectivo frente a Yanquis y Atléticos, sin permitir carrera en 15 entradas. Jim Leyland necesitaba que continuará su dominio ahora contra los Cardenales, y respondió a esa expectativa con una autoridad impresionante.
No sabemos si Rogers utilizó resina para hacer más incontrolables sus lanzamientos enloqueciendo a los bateadores de San Luis, mientras dibujaba ocho ceros para superar el esfuerzo de Jeff Weaver.
Los Tigres triunfaron 3-1 equilibrando la serie y metiendo aparentemente su futuro, en un libreto tan enigmático como los de Stephen King.
Monroe jonroneó por Detroit, en tanto David Eckstein, alargaba a 9 su racha de turnos sin conecta de hit. Es decir, el que sería pelotero Más Valioso, permanecía oculto, como el Fantasma de la Opera.
Carpenter, verdugo
El pitcheo ha sido, es y seguirá siendo la clave del juego. No hay forma de discutirlo, y Chris Carpenter, ganador del Cy Young en el 2005, lo demostró en el tercer juego con un trabajo extraordinario rasurando la ofensiva de los Tigres.
Apenas 3 hits bien aislados le batearon a Carpenter, lo que aprovecharon los Cardenales para funcionar eficazmente sin apuros y construir una clara victoria por 5-0, que decidió el rumbo de la Serie. Después de ese trabajo de domesticación, los Tigres no pudieron salirse de la jaula.
Nate Robertson trató de fajarse con Carpenter, pero esa noche se necesitaba ser Bob Gibson o Christy Mathewson para poder hacerlo. Cañonazo de Edmonds impulsador de dos carreras y un mal tiro del pitcher relevista Joel Zumaya, sepultaron a los rugidores.
Otro mal tiro
El cuarto juego resultó fatal para los Tigres que perdieron 5-4 quedando a la orilla de la fosa.
El jardinero central Curtis Granderson tropezó y cayó buscando un batazo del resurgiente Eckstein, que estaba en área de captura; Iván Rodríguez fue raramente perforado por un lanzamiento; y el pitcher Fernando Rodney realizó un mal tiro en un momento crítico.
Imposible evitar el hundimiento con tantos factores adversos. Con 4 hits en 5 turnos, David Eckstein mostró su utilidad, durante un partido en que los Tigres tomaron ventaja de 3-0, antes que Jeremy Bonderman comenzará a flaquear dramáticamente.
Weaver mortífero
Lanzando para los Ángeles y Cardenales en el 2006, Weaver no había logrado algo impactante ganando 8 juegos y perdiendo 14. Pero la noche del viernes 27 de octubre, ofreció una demostración de dominio, sólo alterada en el cuarto inning, cuando después de un error de Chris Duncan, el inicialista de Detroit, Sean Casey, se voló la cerca.
Ganaron los de San Luis 4-2 y se coronaron, terminando con una sequía iniciada en 1983. Inning tras inning Weaver se fue agigantando tanto, que pareció uno de esos domadores de Las Vegas que vemos en el Hotel Mirage.
Verlander volvió a fallar y Eckstein, con otro par de cohetes, consiguió ser lo necesariamente incidente para convertirse en el Más Valioso. No podían faltar los malos tiros de los Tigres, y uno del antesalista Brandon Inge y otro de Verlander, resultaron mortales.
Apúntenle a Alberto Pujols la jugada defensiva más espectacular de la serie, combinando atrapada, caída, recuperación y tiro, para sacar out a Plácido Polanco.
Con su décimo banderín de Serie Mundial, San Luis se establece como el segundo mejor equipo en la historia de estos Clásicos, detrás de los Yanquis, por supuesto.