- Aunque viene de una familia de peloteros, William Juárezestaba metido de lleno en la religión y no le interesaba el juego,hasta que a los 18 años lo probó por primera vez y desde entonces no ha parado de jugar y lo ha hecho tan bien, que podría llegar a las Grandes Ligas
William Juárez, lanzador profesional
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Notas Relacionadas > William Juárez es un lanzador chinandegano de 25 años que, de acuerdo a los entendidos, dispone de todo lo necesario para llegar a las Grandes Ligas, un sueño que sólo ha sido alcanzado por nueve peloteros nicaragüenses en casi 120 años de beisbol en Nicaragua.
Actualmente, Juárez está entrenando para jugar con los Tigres del Chinandega en la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional, que inicia el 10 de noviembre. En este 2006, lanzó en Triple A, un peldaño debajo de las Grandes Ligas, con los Dodgers de Los Ángeles.
El próximo año regresará a las Ligas Menores para reanudar la persecución de su sueño, que también lo es de todo un país que disfruta y sufre por el deporte de las bolas y los strikes. Como prueba, aún están frescos los recuerdos del aterrizaje de Devern Hansack en los Medias Rojas de Boston.
Espigado, talentoso y disciplinado, hacen de William un excelente candidato para ser un modelo de atleta en un país que está urgido de buenos ejemplos, que necesita de figuras que sirvan de guía e inspiración a los más jóvenes y como la gran mayoría de deportistas nicaragüenses que han trascendido salió de la pobreza y tiene una historia de esfuerzo y sacrificio que contar.
¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el beisbol?
Mi papá y unos tíos me metieron en el beisbol cuando tenía 18 años. Yo solamente estudiaba la Biblia y no me interesaba el juego.
Me convencieron y después de un año de jugar en una liga campesina, le hablaron de mí a Argelio Córdoba (manager del Chinandega en esa época). Entonces jugué un año en Chinandega y al siguiente me firmó la organización de los Diamondbacks de Arizona. Todo pasó tan rápido que a veces no lo creo, dice el derecho de El Manzano, una comarca a 30 kilómetros de la ciudad chinandegana.
¿Nunca antes habías jugado, ni siquiera con bola de trapo?
Nunca jugué antes de los 18. Estaba enfocado en las escrituras.
¿Cómo era un día rutinario en tu vida antes de que te involucraras en el beisbol?
Estudiaba por las mañanas en El Viejo. Tenía que viajar todos los días (unos 20 kilómetros) para ir a clases y por las tardes le ayudaba a mi papá a trabajar en el campo.
No jugaba nada y salía de la casa cuando tenía que presentarme para asuntos religiosos.
¿Cuál es tu religión?
Soy Testigo de Jehová desde niño, porque mis padres también lo son. No llegué a ser bautizado, pero me reunía constantemente, iba a transmitir la palabra del Señor de casa en casa, ya podía dar discursos y participaba regularmente en las reuniones.
¿Seguís tan metido de lleno en la religión?
Ahora no estoy tan metido en la religión, tuve que salirme un poco por el beisbol, pero siempre trato de portarme bien. Aunque ya no estudio ni me reúno para estudiar la Biblia, sigo leyéndola y trato de hacer las cosas de la forma que le agradan a Dios.
¿Qué querías llegar a ser antes que te atrapara el beisbol?
No tenía una idea clara… En la religión hay personas que son siervos ministeriales y aspiraba a llegar a ser alguien así.
¿Fuiste un buen alumno en el colegio?
Era bueno, tanto en el estudio escolar como en el bíblico. Llegué hasta el quinto año, me faltó un mes para bachillerarme. Cuando iba a terminar me invitaron a jugar en el equipo de Chinandega y desde entonces no he parado de practicar beisbol.
¿Cómo fue que te lograron convencer para que jugaras?
A mi me gustaba poco el beisbol, pero como desciendo de una familia que está muy vinculada al juego, insistieron mucho conmigo.
Me decían que tenía buen tamaño para jugar, que tiraba duro y que con el tiempo iba ir aprendiendo. Así me convencieron.
¿Quién te transformó de un estudiante de la Biblia a un lanzador que mete miedo en la colina?
Luis Peralta era el entrenador de pitcheo del Chinandega y a él le debo mucho. Me enseñó a mejorar mi control, a tirar el cambio de velocidad, el slider y otros pitcheos.
La curva se me hizo difícil de aprender, entonces trabajé más con el slider, que es el pitcheo rompiente que más domino.
¿Ha cambiado la fama tu forma de ser?
Yo siempre tengo presente las amistades de antes, salen nuevos amigos en el camino, pero sigo siendo el mismo de antes.
Sigo siendo igual con todas las personas. Trato de ser amable con los niños, siempre estoy dispuesto a darles lo que esté a mi alcance.
Además de jugar en las Grandes Ligas, ¿qué otras metas tienes?
Si llegara a las Grandes Ligas y lograra ganar mucho dinero, me gustaría ayudar a mi comunidad con útiles deportivos, hacer un buen campo de beisbol, llevar entrenadores para que salgan más peloteros y tengan la oportunidad de surgir en la vida como la he tenido yo.
Ayudaría no sólo en el beisbol, también con becas escolares a niños que no tienen la capacidad de viajar en buses para estudiar, ayudar a personas de pocos recursos.
¿Qué momentos difíciles has pasado para llegar hasta donde estás?
Cuando comencé a entrenar con el Chinandega, no tenía dinero para viajar desde mi comunidad a la ciudad, entonces mi papá habló con el dueño de una ruta de bus para que me llevara a cambio que yo ayudara a cargar las maletas.
El bus salía bien oscuro y no comía hasta que regresaba a la casa a las tres de la tarde.
¿Ahora todo ha cambiado?
Vivimos más cómodos. Ya no tenemos tantas necesidades. Yo le sigo ayudando a mis padres y estoy trabajando por mi vida, porque tengo una hija y esposa.
Cuándo comenzaste a jugar, ¿pensabas que ibas a llegar tan lejos?
No tanto. Cuando empecé, mi aspiración era jugar en el Chinandega. Nunca pensé que alguien se fuera a fijar en mi y me firmaría en el beisbol profesional. Una vez en el siguiente nivel, mi aspiración es llegar a las Grandes Ligas.
¿Qué hiciste con el dinero que te dieron por tu firma?
Lo invertí en una finca, compré vacas y con lo que he ganado después compré mi casa y trataré de seguir superándome.
Mucha gente cree que tenés el material para llegar a las Grandes Ligas. ¿Vos qué crees de vos mismo?
Yo creo que tengo las condiciones físicas y anímicas para llegar y lo mismo me dicen muchas personas, como entrenadores, amigos, mi familia y periodistas. Voy a tratar de no defraudarlos.