EL ZURDO MICKEY LOLICH impresionó en la Serie Mundial de 1968, ganando tres juegos. (La Prensa/Ap)

Lolich se roba el “show”

[doap_box title=»Los hermanos Dean» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En 1934, cuando se vieron las caras por vez primera, los Cardenales, que tenían a los terriblemente agresivos Joe Medwick, John “Pepper” Martin, y los brazos de los hermanos Dizzy y Paul Dean, se impusieron en siete juegos a los Tigres. Dizzy había ganado 30 juegos, y no pensaba […]

[doap_box title=»Los hermanos Dean» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En 1934, cuando se vieron las caras por vez primera, los Cardenales, que tenían a los terriblemente agresivos Joe Medwick, John “Pepper” Martin, y los brazos de los hermanos Dizzy y Paul Dean, se impusieron en siete juegos a los Tigres.

Dizzy había ganado 30 juegos, y no pensaba que con el pasar del tiempo, el beisbol sólo vería en el resto del siglo, a otro pitcher alcanzar esa cifra, Denny McLain con sus 31 en 1968.

Detroit contaba con los futuros miembros del Salón de la Fama, Hank Greenberg, Charlie Gehringer, Goose Goslin y el manager-jugador Mickey Cochrane, y la serie fue vaticinada como impredecible.

Los Cardenales con Dizzy Dean ganaron el primer juego 8-3; Detroit se impuso 3-2 en el segundo con trabajo de Schoolboy Rowe ganador de 24 juegos; San Luis con Paul Dean dominó el tercero 4-1; Detroit contragolpeó en el cuarto 6-1 con cuatro hits de Greenberg y se adelantó en la Serie ganando el quinto juego 3-1 frustrando a Dizzy Dean.

Contra la pared, los Cardenales triunfaron en el sexto juego 4-3 con pitcheo de Paul Dean, y en el séptimo y decisivo, con sólo un día de descanso, el lunes 8 de octubre, Dizzy Dean volvió a funcionar para imponerse 11-0 a ese gran line-up. Así se coronaron los Cardenales.

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La Serie Tigres-Cardenales de 1968

Aquel sábado 2 de octubre de 1968, todos querían estar ahí, pero el estadio de San Luis sólo tenía capacidad para 55 mil ansiosos aficionados, que no se perderían un sólo lanzamiento en el esperado enfrentamiento de “monstruos”.

Danny McLain (31-8), el primer pitcher ganador de 30 juegos desde 1934, cuando Dizzy Dean de los Cardenales lo logró, con una impresionante efectividad de 1.96 en 336 entradas, y 28 juegos completos en 41 aperturas, sería el abridor de Detroit contra el meteoro Bob Gibson, un constructor de 22 victorias —sólo superado por las 26 de Juan Marichal—, que registró el asombroso porcentaje de 1.12 en carreras limpias a lo largo de 305 innings, con 28 recorridos completos en 34 inicios y 13 blanqueadas.

Dos seguros ganadores del Cy Young, abriendo la Serie Mundial en el llamado año del pitcheo.

En ese momento, no había forma de sospechar que el zurdo Mickey Lolich de 27 años, un ganador de 17 juegos y oculto por la gigantesca sombra proyectada por McLain, se robaría el show imponiéndose tres veces, incluso en el último duelo batallando contra Gibson.

Fue necesario esperar por Randy Johnson, lanzando con los Cascabeles de Arizona, para poder ver a otro ganador de tres juegos en el 2001, es decir 33 años después.

Ofensivamente, la figura cumbre de ese clásico de 1968 fue Lou Brock, ese auténtico diablo que con el uniforme de San Luis estuvo incontrolable conectando 13 hits, robando 7 bases y registrando 414 puntos. Pero nadie reparó en esa actuación, porque toda la admiración fue para Lolich.

GIBSON IMPONE RÉCORD

¿Qué se vio en ese primer juego? Durante tres entradas y media, McLain y Gibson, cada quien “a su manera”, dibujaron siete ceros consecutivos. Ese dominio fue quebrado por los Cardenales con tres carreras en el cierre del cuarto, suficiente para la tranquilidad de Gibson, quien detuvo el movimiento del planeta alrededor del sol por 2 horas y 29 minutos, mientras ponchaba a 17 rugidores quebrando la marca de 15, establecida por el fenomenal Sandy Koufax en 1963 contra los Yanquis. Triunfaron los Cardenales 4-0.

En el segundo duelo, apareció Mickey Lolich en pantalla, sin la presencia física de Gibson o McLain, pero con su brazo zurdo cargado de triquiñuelas, dueño de un excelente control, y manejando adecuadamente las dificultades. Lolich derrotó al ganador de 19 juegos Nelson Briles 8-1 con pitcheo de 6 hits y 9 ponches, aportando además un jonrón como bateador, agregado a los que conectaron Willie Horton y Norman Cash.

El derecho de 30 años, Ray Washburn, con balance de 14-8 en la temporada, abrió y ganó por San Luis el tercer juego con ayuda del relevista Joe Hoerner, ganador de 8 juegos con 17 rescates, que trabajó el noveno inning. Jonrones de Orlando Cepeda y Tim McCarver, encabezaron la arremetida de los Cardenales, inutilizando los conectados por Al Kaline y Dick McAuliffe. Perdió Earl Wilson.

MCLAIN FALLA, LOLICH SOCA

Gibson regresó a las brasas en el cuarto juego, nuevamente frente a McLain. Los de San Luis agredieron rápidamente al ganador de 31 juegos con dos carreras en el primer inning y otras dos en el tercero, para sacarlo de escena con su brazo hecho tiras. La ofensiva de San Luis continuó desbordada hasta fabricar 10 carreras, mientras Gibson, en otro alarde, ponchando a 10, limitaba a Detroit a sólo una carrera producida por jonrón de Jim Nortruph en el cuarto.

Con la serie 3-1 a favor de los Cardenales dirigidos por Red Schoendienst, los Tigres de Mayo Smith, parecían no tener futuro, pero en el quinto duelo, Lolich superó el esfuerzo de Nelson Briles, Joe Hoerner y Ron Willis, y los rugidores triunfaron 5-3. El momento dramático y casi trágico para Detroit, se vivió en el primer inning, cuando los de San Luis, apoyándose en un cohete impulsador de Curt Flood y un jonrón de dos carreras de Orlando Cepeda, tomaron ventaja 3-0. Lolich parecía hundido y 54 mil gemían en las tribunas.

Los Tigres reaccionaron con dos carreras en el cuarto inning y tres más en el séptimo, para salir del hoyo aprovechando el espectacular enderezamiento del zurdo Lolich, que volvió a caminar toda la ruta.

ASOMA MCLAIN, REMATA LOLICH

McLain no podía salir con las manos vacías de esta serie. No quería ser recordado como el gran fracaso del clásico, y el sexto juego le presentó la oportunidad de mostrar algo de su grandeza. Con pitcheo de 9 ponches, sólo permitió una carrera recorriendo todo el trayecto, mientras los Tigres, con su capacidad de agresión y voracidad restablecidas, atacaban a Washburn y cinco relevistas, entre ellos el joven de 23 años, Steve Carlton, para imponerse 13-1.

Ahora, todo dependía de un juego. Ahí estaban Mickey Lolich tratando de robarse el show, frente al “monstruo” Gibson, quien en 1967, con tres recorridos completos, había sepultado a los Medias Rojas de Boston.

Vencedor de los Yanquis en el cuarto juego de la Serie de 1964, Gibson buscaba cómo alargar a siete su racha de triunfos sin necesidad de ayuda, pero tal intento fue frustrado, cuando los Tigres, cabalgando sobre el pitcheo sereno y hábil de Lolich, triunfaron 4-1.

Después de seis entradas el marcador permanecía 0-0 con los bateadores sumergidos, desesperados. Una ofensiva de tres carreras en el séptimo, mostró que Gibson era vulnerable, y una carrera más de los Tigres en el inicio del noveno, hizo que el jonrón del antesalista de San Luis, Mike Shannon, en el último instante, no consiguiera la menor repercusión.

Superando a Gibson en ese brazo a brazo, Lolich se convirtió en el ombligo del espectáculo, algo fuera de los cálculos previos.

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