Gerentes que formulan la clase errada de preguntas son bastante malos. Pero aún peores son aquellos que no formulan pregunta alguna. Esos jefes siempre inician una discusión con frases como: “Permítanme hacer una sugerencia”.
Al enviar de manera constante el mensaje de que ellos saben más que nadie, lo único que logran es impedir que sus subordinados adopten decisiones independientes y tomen riesgos. De esa manera, aplastan sus motivaciones y afectan su crecimiento en el trabajo.
“Los empleados no desean o esperan que sus líderes cuenten con todas las respuestas. La mayoría de los empleados quieren que les pidan ayuda. Quieren contribuir y concretar éxitos individuales”, dice Michael J. Marquardt, autor de Leading With Questions: How Leaders Find the Right Solutions by Knowing What to Ask.