- Arizona con un impacto en la campaña del 2001
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LA MÁS ELECTRIZANTE
¿Cuál es el Hotel más impresionante de Las Vegas entre el Wynn, el Venecia, el Bellagio, el Mandalay, el MGM o el Cesar Palace? ¿El mejor sitio para el turista en París, entre los Campos Eliseos, el Museo del Louvre, el Palacio de los Inválidos, la Torre Eiffel y el Palacio de Versalles?
Qué difícil es seleccionar entre tanta grandeza. Uno entra al Museo de Louvre y queda maravillado por todo lo que ve. Quiere abrazar a la Venus de Milo, grabar en la memoria cada trazo magistral de Leonardo en su Mona Lisa o robarse un cuadro de Rafael.
Eso mismo ocurre cuando intentamos zigzaguear entre múltiples riesgos, buscando cómo establecer cuál ha sido la mejor de todas las Series Mundiales.
El recuerdo más reciente, ese del 2001, mantiene agitados nuestros corazones. Ahí está Luis González bateando el hit de oro contra el habitualmente indescifrable Mariano Rivera, para dejar tendidos a los Yanquis. Aquello fue magia pura.
Nunca olvidaré la Serie de 1975 entre Rojos y Medias Rojas. Me encontraba en México cubriendo los Juegos Panamericanos, pero no me perdí juego de aquel Clásico en la Sala de Prensa. El hit de Joe Morgan, los pitcheos de Lus Tiant, el relevo desafortunado de Jim Burton, la gran Máquina Roja con su fantasioso line-up, y aquellos Medias Rojas de Yaz y Fred Lynn, impresionantes aún sin Jim Rice.
Pero, cuando vi la de 1991, entre dos equipos que habían terminado en último lugar en la temporada anterior como Bravos y Gemelos, no dudé en colocarla como la mejor de todas, sin pretender subestimar como cierre, ese jonrón matador de Yanquis de Bill Mazeroski en 1960; ni robarle valoración a la de 1972 entre Atléticos y Rojos, con seis juegos decididos por una carrera; ni meter en la gaveta la de 1962 que sostuvieron Yanquis y Gigantes, con triunfo de los “Bombarderos” 1-0 en el juego 7l 2001 entre Arizona y Yanquis; ni desvanecer la gran carrera de Enos Slaulgther en duelo crucial de 1946 para que los Cardenales superaran a los Medias Rojas.
¿POR QUÉ LA MEJOR?
Bravos y Gemelos nos proporcionaron en aquel 1991, la primera Serie en tener cuatro juegos decididos en la última pitcheada. Consideren la carga de suspenso que eso implica.
Fue además la primera Serie en tener cinco juegos decididos en el último turno al bate de un equipo, superando la marca de cuatro.
La primera que presentó un séptimo juego avanzando sin anotaciones a lo largo de nueve entradas, y la segunda con el séptimo juego 1-0.
Si quieren algo más, fue la tercera con cinco juegos resueltos por la diferencia de sólo una carrera, y por supuesto, primera y quizás la única serie en tener dos equipos que salieron del último lugar para lanzarse al asalto, meterse al Clásico y estremecer al mundo del beisbol.
Atrapadas como la de Kirby Puckett descabezando un batazo de Ron Gant, el engaño hecho a Lonnie Smith para conseguir un out clave, jonrones insospechados encendiendo dramas, ese hit decisivo de Gene Larkin, el gran duelo entre Jack Morris y John Smoltz. Cada lanzamiento, cada strike, cada bola, cada inning, cada cosa importó mucho. No exagero amigos, el mundo se detuvo.
SÚPER EXCITANTE
La Serie de 1975 entre la Maquinaria Roja y “los malditos” Medias Rojas fue tan cerrada, espectacular e impredecible en cada juego, que pudo ser inspiracional para genios del suspenso como Ágata Christie o Stephen King.
¿Por qué una gran Serie? Sherlock Holmes le diría a Watson: elemental hermano, cinco juegos se decidieron por una carrera y lo inesperado siempre estuvo emboscándonos.
Ganaron los Rojos con un dramático hit de Joe Morgan contra Jim Burton en el inicio del noveno inning del séptimo juego. Fue una Serie en la que Luis Tiant logró la blanqueada que tanto había soñado en la primera batalla, ganó también la cuarta en un alarde de habilidad y agallas, pero no pudo completar un esfuerzo para tres victorias, en el último y decisivo duelo.
Fue la Serie del increíble y estremecedor jonrón de Carlton Fisk en el inning 12 del sexto juego, durante el cual, el manager de los Rojos, Sparky Anderson, utilizó 8 pitcheres; de la atrapada de Fred Lynn que le hubiera gustado realizar a Willie Mays; y del jonrón como emergente bateado por Bernie Carbo con dos a bordo.
En el juego siete, Boston se fue adelante 3-0, pero Tony Pérez conectó un jonrón de dos carreras en el sexto y Pete Rose disparó sencillo y empujó a Ken Griffey en el séptimo para empatarlo. Griffey también anotó la carrera decisiva en el noveno, impulsado por un sencillo de Joe Morgan con dos outs. Millones quedaron sin uñas, sin aliento, pero tan excitados como Arquímedes cuando salió desnudo del baño.
UN FINAL DE ALARIDO
En 1960, se produjo el séptimo juego más emotivo que haya habido. Como diría García Márquez, el jonrón de Bill Mazeroski parecía estar anunciando el fin del mundo. Mas allá, no podía haber algo más.
Aquello fue frenético. Los Piratas se adelantaron 4-0; los Yanquis ripostaron y se encaramaron 7-4; los Piratas anotaron cinco en el cierre de un octavo, culminado por jonrón de tres carreras de Hal Smith y tomaron ventaja 9-7; los Yanquis empataron 9-9 en la apertura del noveno; y en el cierre, Bill Mazeroski nos hizo cruzar la frontera del asombro conectando jonrón sobre el segundo lanzamiento de Ralph Terry, para ganar la serie.
Mientras Mazeroski daba la vuelta al cuadro, los corazones trataban de salir por nuestras gargantas y un escalofrío nos recorría las espaldas… Fue una Serie tipo David contra Goliat… Las victorias Yanquis fueron 16-3, 10-0, 12-0, en tanto, las victorias de los Piratas se lograron atravesando terribles dificultades, 6-4, 3-2, 5-2, 10-9.
FABRICANDO INFARTOS
La Serie Mundial del 2001, fue rompecorazones… Cascabeles de Arizona y Yanquis de Nueva York nos mantuvieron balanceándonos en la hamaca de los infartos con resurrecciones espectaculares, hasta que finalmente, en el último grito del drama, el cierre del noveno inning del séptimo juego, Luis González con una estocada tan precisa y mortífera como las de Scaramouche, terminó de destrozar el sistema nervioso del as de espadas Mariano Rivera, arrebatándole el título a los Yanquis.
Un cierre soñado por Steven Spielberg para llevarlo a la pantalla, quizás con Tom Hanks interpretando a González.
Los Yanquis, esquivando milagroso el dominio de los “Monstruos” Johnson y Schilling, resucitaron un par de veces y lograron contra viento y marea llevar la serie al séptimo juego, tomando ventaja de 2-1 con Rivera en la colina.
¿Se imaginan eso faltando tres outs? Nada que discutir, habitualmente, pero los Cascabeles todavía tenían suficiente veneno para morder el brazo derecho del verdugo, y lo hicieron.
El jonrón de Luis González contra Mike Mussina colocó a los Cascabeles en ruta hacia una clara victoria en el Juego 1, y el jonrón de tres carreras de Matt Williams contra Andy Pettitte al día siguiente, le permitió al equipo de Arizona, adelantarse 2-0.
Los Yanquis ganaron el tercer juego 2-1 y con dos milagrosas resurrecciones, provocadas por jonrones de Tino Martínez y Scott Brosius, hicieron girar la serie apoderándose de las riendas 3-2… Los Cascabeles se volcaron ferozmente encima de los Yanquis para derrotarlos 15-2 en el sexto juego, y con relevo del inagotable Johnson y el batazo de González se coronaron con un espectacular robo de botín.
El mal tiro de Mariano Rivera a segunda para forzar a Dave Delluci fue fatal para los Yanquis. Súbitamente, el panameño estaba tan groggy, como Joe Louis envejecido, golpeado por Rocky Marciano.
Randy Johnson se convirtió en el primer ganador de 3 juegos en un Clásico desde Mickey Lolich de los Tigres en 1968.