EL VENEZOLANO MAGGLIO ORDÓÑEZ alza su brazo en señal de triunfo, mientras Huston Street sólo mira el recorrido de la pelota. (LA PRENSA/AP)

RUGEN Y MATAN

Estos Tigres, resurgientes y hambrientos, avanzan a la Serie Mundial [doap_box title=»Momento cumbre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Sin duda el enfrentamiento de Will Ledezma con Marco Scutaro en el octavo con las bases llenas y dos outs. Grilli fue golpeado por el hit abridor de Milton Bradley, pero obligó a Frank Thomas a batear para doble play. […]

  • Estos Tigres, resurgientes y hambrientos, avanzan a la Serie Mundial
[doap_box title=»Momento cumbre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Sin duda el enfrentamiento de Will Ledezma con Marco Scutaro en el octavo con las bases llenas y dos outs. Grilli fue golpeado por el hit abridor de Milton Bradley, pero obligó a Frank Thomas a batear para doble play.

De pronto, se desajustó. Fue como que las baterías de su brazo derecho se hubieran agotado. Boleó a Eric Chávez con cuatro lanzamientos desviados consecutivos. Hizo lo mismo con Jay Payton, y continuó sin control frente a Nick Swisher.

Con casa llena, entró el zurdo Ledezma, pitcher de 1.38 en efectividad en 60 entradas y un tercio, para enfrentar a Scutaro. Con 1-1, lo dominó en faul al catcher, y la multitud recuperó aliento y los latidos de sus corazones.

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Lo siento, Diógenes, puede que no haya estado escrito, pero estos resurgientes y hambrientos Tigres de Detroit del 2006, han garantizado su boleto para la Serie Mundial impulsados por una inspiración inagotable, divina y seductora.

Con cuatro certeros zarpazos consecutivos, han terminado con los Atléticos de Oakland, y ahora esperan por Mets o Cardenales, afilando sus garras, limando su dentadura, aceitando sus articulaciones, para tratar de realizar otro asalto.

Dos jonrones del venezolano Magglio Ordóñez, enderezamiento a tiempo de Jeremy Bonderman, y los relevos de Jamie Walker, Jason Grilli y Will Ledezma, quien sacó el out más dramático, permitieron a los Tigres salir de dificultades, borrar una desventaja de 3-0, y construir la más significativa de sus victorias desde 1984, derrotando 6-3 a los de Oakland.

Después de perder el primer juego con los Yanquis, estos crecidos Tigres han logrado siete triunfos consecutivos, y en cualquier pantalla son vistos como una amenaza tan terrible como incontrolable.

Jim Leyland tiene un equipo que, sorprendentemente, puede ganar de muchas maneras.

Oakland tomó ventaja en el propio inicio con dobletes impulsadores de Milton Bradley y Eric Chávez, que hicieron saltar algunas astillas del brazo derecho de Bonderman, mientras la pizarra se ponía en movimiento 2-0.

En el cuarto inning, con el abridor de Oakland, Dan Haren, ejerciendo dominio sobre los rugidores, Jay Payton se voló la cerca para ampliar la diferencia 3-0.

En el quinto, se escucharon los primeros rugidos. Doblete de Curtis Granderson empujó a Brandon Inge, y otro cañonazo de dos bases disparado por Craig Monroe, facilitó la segunda carrera, apretando las cifras. En la caseta de Oakland, todos sintieron arañazos en la espalda.

Ordóñez abrió el sexto torciendo el cuello de Haren con un jonrón, empatando el juego 3-3, y metiendo su futuro en un oleaje de incertidumbre.

El taponeo respondió a las exigencias de los últimos innings en cada colina, y vimos dibujarse cinco ceros en la pizarra, hasta llegar al fondo del noveno, con Houston Street entrando en acción con su respetable látigo.

Dos outs y bases limpias.

La multitud de 42,967 aficionados trataba de sujetar su ansiedad con las uñas, cuando Monroe hiteó hacia el centro. Plácido Polanco siguió con otro hit sobre primer lanzamiento, y Ordóñez tomó turno con el Estadio de Detroit oscilando al ritmo de un rugido uniforme.

Después de una bola, Ordóñez se volcó bruscamente sobre el lanzamiento de Street, y la pelota fue a caer bien lejos en las tribunas del jardín izquierdo, con Monroe y Polanco trotando alegremente hacia el plato, al mismo tiempo que se producía el estallido, consecuencia de una locura colectiva.

Pueden creerlo, los Tigres que terminaron en el 2004 a 20 juegos de los Gemelos, y en el 2006 a 28 de los Medias Blancas, fueron reconstruidos adecuadamente para ganar 95 juegos, reaccionar a una racha de 5 derrotas cerrando temporada, y avanzar como mejor segundo lugar de la Liga Americana, a los Play Offs.

Lo siento, Diógenes. Puede que no haya estado escrito, pero ellos continúan sorprendiendo, alargando una inspiración inagotable.

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