- A mediados de mayo, Centroamérica se alista para la entrada del invierno. A fines de noviembre se cambia el paraguas por la sombrilla. Sin embargo, mayo es un mes característico del verano y diciembre le pertenece al invierno. Un pequeño error de 500 años nos ha hecho creer lo contrario, pero hoy los meteorólogos salen al rescate
[/doap_box]
-
Ver Infografia > Según los datos oficiales del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), los meses de junio, septiembre y octubre son los más lluviosos en la mayor parte del país. En eso existe un acuerdo general. ¿Qué pensaría si le dicen que ninguno de estos meses pertenece al invierno, y que de hecho, la estación invernal llegará cuando las lluvias hayan pasado?
Si asimiló que Plutón ya no es planeta y que Judas no traicionó a Jesús, probablemente usted esté mejor preparado para saber que además de no tener otoño ni primavera, tampoco tenemos invierno, y el verano no es como lo conocemos en Nicaragua.
Dicho en otras palabras, aquí confundimos el verano con el invierno y viceversa. Pero a la vez, recibimos la influencia del otoño y la primavera sin darnos cuenta porque es casi imperceptible.
En conclusión, no tenemos con exactitud ninguna de las cuatro estaciones trimestrales de las que nos hablaron en la escuela y en su lugar, contamos con una temporada seca y otra lluviosa que duran seis meses por igual.
UN ERROR MILENARIO
Pero comprenderlo no es tan fácil como aplicarlo en la vida cotidiana. A excepción de los meteorólogos, la mayoría de las personas acostumbran llamar invierno a la temporada de lluvia aún cuando no nos cae nieve, y verano a la época seca a pesar del frío “relativo” de diciembre.
Durante el último taller regional sobre Cambio Climático y Desastres Naturales, organizado por la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible, el coordinador de la Gestión de Información y Comercialización del Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica, Juan Carlos Falla, reconoció que lleva más de diez años capacitando a maestros sobre el tema, con resultados inferiores a los deseados.
Pero Fallas no se desespera. Sabe que inició una carrera con 500 años de desventaja.
OTRA IMPOSICIÓN
El estudioso Jaime Incer Barquero conoce como pocos el tema en Nicaragua. Su teoría es que los conquistadores españoles no sólo impusieron su iglesia y formas de administración en el Caribe, sino también su calendario astronómico.
“Ellos tenían este calendario y de alguna manera asociaron la época de lluvia con el invierno y la seca con el verano, lo que pasa es que lo hicieron sin ninguna coincidencia, pero se fue quedando a nivel popular y a nivel de educación formal. Ahora los geógrafos, para no complicarse, en el trópico dicen: estación seca, estación lluviosa”, explica Incer.
Milagros Castro, directora de Meteorología Sinóptica del Ineter, también reconoce que en algún tiempo de su vida pensó que en Centroamérica llovía en invierno y los cielos estaban despejados en verano.
“Como maestra me lo enseñaron (los conceptos tradicionales) cuando me preparé, pero ya cuando llegué al campo de la meteorología me di cuenta de que no era correcto decir invierno y verano, que lo correcto es decir estación seca, estación húmeda”, recuerda Castro.
ESTACIONES TROPICALES
El que Centroamérica sólo tenga dos estaciones en vez de cuatro, no se debe a malas reparticiones divinas, sino a tres factores: astronómico, geográfico y meteorológico.
Según Fallas, el astronómico tiene que ver con la órbita de la Tierra, así como los movimientos de rotación y traslación del planeta. El resultado son las estaciones conocidas como primavera, verano, otoño e invierno.
Tanto Fallas como Castro coinciden en que la región, por pertenecer al hemisferio Norte de la Tierra, es influenciada por cada una de las cuatro estaciones, pero no se perciben porque está en la franja tropical (con el sol de frente).
El factor geográfico tiene que ver con la posición de Centroamérica en el globo terráqueo, cercana a la línea ecuatorial.
Según los expertos, la influencia de los rayos solares es distinta en las zonas próximas al ecuador. Sus rayos llegan más directamente entre el trópico de Cáncer, a los 23.7 grados Norte, y el trópico de Capricornio, a los 23.7 grados al Sur. Fuera de esa franja, la influencia del Sol es diagonal y por lo tanto menor.
Por ubicarse entre ambos trópicos, Centroamérica está más expuesta al Sol. Forma parte de esa franja única en el mundo en donde se puede observar el Sol cenital, que dos veces al año se ubica sobre nuestras cabezas, y es incapaz de producir sombra debajo de un cono de la Policía en la carretera durante unos minutos próximos al mediodía.
CONDICIONES PARA HURACANES
Sin embargo, eso tiene su costo. Los países tropicales tienen sólo dos estaciones gracias en parte a la zona de convergencia intertropical, provocada por la influencia del Sol y de la “mezcla” de los vientos alisios del Norte y del Sur, que consiste en una vaguada o cinturón de nubes alrededor del mundo, que se eleva sobre el ecuador de mayo a noviembre, provocando lluvias en esos seis meses del año.
Castro explica que en esta zona convergen los vientos norestes del hemisferio Norte y los surestes del hemisferio Sur. Se caracteriza por tener bajas presiones atmosféricas, desplazando a los anticiclones (altas presiones, vientos secos) hacia el Norte-Noreste.
Eso provoca la formación de huracanes, tormentas tropicales, depresiones, centros de baja presión, vaguadas, ejes de vaguada y ondas tropicales, que son responsables de la lluvia.
En la temporada seca ocurre lo contrario. El cinturón de convergencia intertropical se corre bajo el Ecuador, los anticiclones se apoderan de los cielos centroamericanos, y en ocasiones los frentes fríos alcanzan el sur de Nicaragua y Costa Rica, afirma la especialista. Eso indica que estamos en invierno, aunque no llueva.
ÉPOCAS PARALELAS
Tener lluvia en invierno o sequía en verano no depende de lo que uno quiere. Las estaciones atmosféricas van más allá de las fronteras.
Todos los países ubicados en el hemisferio Norte reciben la influencia de las cuatro estaciones. Los que están sobre el trópico de Cáncer las disfrutan a plenitud, los que están por debajo sólo tienen una época húmeda y otra seca.
LAS ESTACIONES
Sin embargo, ninguna es contradictoria. El verano en este hemisferio inicia el 22 de junio. Aunque en Centroamérica no terminemos de aceptarlo, las lluvias desde esta fecha hasta el 23 de septiembre pertenecen a la época de verano. De aquí al 20 de noviembre lloverá aunque estemos en otoño, y el 22 de diciembre iniciará el invierno, sin lluvia, que se mantendrá hasta el 20 de marzo, con la llegada de la primavera.
De este modo, el Sol y los vientos de febrero lo que demuestran es que estamos en pleno invierno y no en verano.
Pero no tenemos nieve ni las muertes por el calor son masivas, así que no podemos decir que tenemos el mismo invierno y verano que otras zonas del mundo. A cambio, están las épocas húmeda y seca.
CUESTIÓN DE INFORMACIÓN
Para los meteorólogos, es mucho más fácil lanzar un pronóstico acertado que lograr un cambio de concepto en la población.
Visto en números, Fallas asegura que en Centroamérica el porcentaje de aciertos en los pronósticos del tiempo es superior al 80 por ciento. Pero el éxito en el cambio de mentalidad en la población está muy distante de eso, a pesar de lo mucho que han trabajado en eso.
En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional se ha dado a la tarea de capacitar a los maestros y periodistas. En Nicaragua, el Ineter capacita al público a través de los medios de comunicación.
En ambos casos, el eco ha sido mínimo, pero el avance no se detiene. Los especialistas están contentos con que la prensa cada vez hable menos de invierno y verano.
Pero Incer, que también es un destacado historiador, se mantiene pesimista.
“Son 500 años, es como decir: señores, no llamen a las lapas lapas, díganles papagayos, ya la gente tiene fijado un idioma para cada cosa, nosotros nos educamos con libros que vienen de Europa y Estados Unidos, hablamos de primavera, verano, otoño, invierno, porque estamos en el hemisferio Norte, pero sólo tenemos estación seca y lluviosa, alias verano, alias invierno, ya nuestro idioma está influido, por eso es que es tan difícil cambiar el concepto”, señala Incer.
En Costa Rica el problema se agrava porque aún cuando se ha logrado capacitar a una parte de los maestros, el sistema le sigue pidiendo respuestas “incorrectas” a los alumnos.
Pero la situación no es muy diferente en el resto de la región, donde el error se mantiene.
Aún así, Fallas y Castro apuestan a que la educación formal puede corregir su error y encausar a sus alumnos sobre el conocimiento correcto.
Mientras tanto, no se altere por la ausencia de Centroamérica en los Juegos Olímpicos de Invierno en pleno febrero.