Las leyes de inmigración y el trato reservado a los extranjeros que llegan al viejo continente marcarán el futuro y la intensidad de las relaciones entre Europa y América Latina, coincidieron el jueves en Biarritz (suroeste de Francia) expertos y dirigentes de ambos lados del Atlántico.
“La política de Europa en materia de inmigración marcará el destino de sus relaciones con América Latina”, declaró el ex presidente colombiano Ernesto Samper.
Las circunstancias que motivan la emigración de latinoamericanos a Europa, las políticas restrictivas del viejo continente, la importancia de las remesas enviadas por estos emigrantes y el riesgo de pérdida de la identidad centraron buena parte de las discusiones de este encuentro anual de dirigentes políticos y económicos, que será clausurado el viernes.
“En estos foros hablamos de globalización y de integración, pero al mismo tiempo creamos muros que no conseguirán detener este flujo. Es obvio que Estados Unidos demanda mano de obra y que nadie abandonaría su país para seguir siendo pobre en otro”, denunció el senador mexicano Carlos Jiménez Macías, refiriéndose a la barrera que Washington pretende crear en una parte de su frontera con México.
El responsable latinoamericano recordó que en los últimos seis años, 300,000 personas se fueron de México y 2,500 murieron intentando cruzar la frontera hacia Estados Unidos.
Por ello, Jiménez Macías pidió a Europa y a Estados Unidos, ambos con millonarias inversiones en el subcontinente, que “se enfrenten a la inmigración de latinos con un enfoque diferente y lo asuman como parte del proceso de globalización”.
“Estados Unidos se transforma gracias a los hispanos que llegan a su territorio. No les estamos robando gente, les damos una oportunidad”, replicó William Owen, primer secretario de la embajada de EE.UU. en Francia y único representante de su país en este foro.
Sin embargo, Samper recordó que los inmigrantes se han convertido “en una variante política usada en campañas electorales en las que se fomenta el nacionalismo y se convierte al extranjero en una presencia hostil, en un bicho raro que se incrusta en un país”.
Vicente Bengoa, ministro de Economía de la República Dominicana, recordó que de 1995 a 2005 el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prestaron a su país 2,170 millones de dólares, mientras que las remesas de emigrantes representaron 18,000 millones.
Según cifras del BID, América Latina recibió en 2005 un total de 53,600 millones de dólares de remesas, de los cuales un 75 por ciento procedía de Estados Unidos.