Dentro de la coyuntura política nicaragüense, donde está en juego el rumbo económico de nuestro país, es de suma importancia conocer y analizar las conveniencias de políticas económicas para el sector de la micro, pequeña y mediana empresa nicaragüense.
Cabe señalar que la historia de crecimiento y auge de la Pyme nicaragüense se dio con el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, al pasar de una política económica cerrada manejada por el Estado, a una economía de libre oferta y demanda donde el desarrollo y crecimiento económico del país empezó a formar parte de la responsabilidad compartida del gobierno y los empresarios.
El período de los años ochenta se definió, entre otras cosas, por las disposiciones proteccionistas del Frente Sandinista que favorecieron a crear un contexto no apropiado para el sector; las empresas contaban con súper numerarios, es decir mucho más personal del que se necesitaba; mercado sometido y directrices desacertadas que estaban fuera del contexto regional, hubo poco adelanto técnico; la manufactura no cumplía con estándares de calidad, lo que traía como resultado productos de mala calidad.
Las políticas económicas erróneas de la época sumergieron a Nicaragua en un letargo del avance y desarrollo de las condiciones humanas del pueblo nicaragüense, la única manera de negar esta realidad es haber vivido fuera de Nicaragua en la época del régimen sandinista o haberse beneficiado de forma inmoral de la piñata a costa de lo que le pertenece por derecho al sector más vulnerable de este país, los pobres.
La economía de libre mercado que se dio a inicios de los años noventa, a la par que se aplicaban ajustes al tamaño del Estado, implicó la transferencia de recursos humanos del sector público a las Pyme, a través de la entrega de indemnizaciones por los servicios prestados, fue lo que propiciaron el renacimiento del sector Pyme de Nicaragua convirtiéndose en el eje dinámico de la nueva etapa económica del país.
Después de dieciséis años de políticas de libre mercado la importancia del sector de la Pyme en la economía nacional ha logrado magnificarse por el apoyo de diferentes instituciones públicas y privadas, tanto nacionales como extranjeras, en el que se evidencia un auge en las organizaciones no gubernamentales, esto no quiere decir que las Pyme están en un paraíso, pero sí debe reconocerse que han aumentado su número y han pasado a ser el motor fundamental de la economía nacional aportando según cifras del Estado de un 60 a 70 por ciento del empleo actual de Nicaragua.
A estas alturas del mundo moderno donde la libre empresa a la que pertenece la Pyme nicaragüense sienta sus esperanzas en las fuerzas poderosas del mercado como son oferta y demanda y además a la conquista de nuevos mercados a través de la investigación constante que permite identificar estos mercados, estas perspectivas se encuentran en riesgo cuando partidos políticos como el Frente Sandinista con propuestas populistas vacías y carentes de objetividad y responsabilidad económica plantean estrategias erróneas que atentan con la vida de pequeños y medianos empresarios.
Todos los días, los consumidores, productores y reguladores se enfrentan con dudas ligadas al riesgo. Incluso actividades comunes, como correr, viajar y trabajar están repletas de riesgos. No podemos escapar de ellos o hacer nuestras vidas absolutamente seguras. Lo mejor que podemos hacer es tratar de tomar decisiones que hagan nuestras vidas “más seguras”.
Para ello es necesario y urgente que la empresa privada asuma un papel más activo en esta contienda política, un triunfo del Frente Sandinista sería poner en riesgo todo lo alcanzado por los pequeños y medianos empresarios, obstaculizaría todo avance y desarrollo empresarial por una simple y sencilla razón; el “resentimiento social” que el partido de izquierda ha fomentado en sus seguidores hasta el punto de dividir las familias nicaragüenses, y las políticas populistas inadecuadas fuera del contexto de la economía mundial es suficiente para impedir a los actuales microempresarios seguir desarrollándose.
Los nicaragüenses debemos reconocer honestamente que aún no estamos en condiciones adecuadas, pero sí hemos avanzado, existe estabilidad macroeconómica pero fuerte desempleo, que la empresa privada en este caso la Pyme carga en sus hombros el dinamismo económico del país, pero por sobre todo hay que reconocer que en dieciséis años cada nicaragüense ha tenido la libertad de elegir su futuro en la forma y medida que cada quien ha podido, que cada nicaragüense quiere ver a su familia e hijos desarrollándose en un ambiente sano y seguro.
Es importante preguntarse por qué las inversiones han parado, por qué muchos organismos están retirándose del país, por qué nuestra economía ha aumentado la desaceleración en los últimos meses y los niveles de ventas de las empresas han bajado de forma considerable.
Es llamativo ver cómo en Nicaragua pasa un fenómeno inverso al de muchos otros países en época de elecciones. Para otros países en época de elecciones la masa monetaria se expande por el mantenimiento de las inversiones y la inyección de circulante por la inversión en las campañas políticas, porque no existe el riesgo de una izquierda rencorosa, mientras que en nuestro país se contrae por el simple hecho que aun cuando se inyecta circulante por las campañas políticas la inversión privada se reduce por la incertidumbre que genera el proceso eleccionario y por la inseguridad que funda un virtual triunfo frentista, ésta es una realidad inobjetable.
Dado todo este acontecimiento habría que ver si la empresa privada y las llamadas fuerzas democráticas están dispuestas a entregarlo todo a un partido carente de planteamientos reales, como es el Frente Sandinista, que ha mantenido a Nicaragua en la zozobra aprovechándose de las necesidades humanas y manipulando las voluntades de los más desprotegidos, enriqueciendo a pocos y empobreciendo a muchos.
Analista económico