MISKITOS SON MONTADOS EN CAMIONES para ser llavados de Waspam a los asentamientos de Tasba Pri. (LA PRENSA/Cortesía de Elena Hodgson)

Los miskitos fueron engañados y forzados

En las comunidades indígenas del río Coco, la gente aún recuerda cómo fueron engañados y sacados a la fuerza por el gobierno sandinista, hace 24 años. Las comunidades perdieron su ganado, cultivos, casas y, sobre todo, la libertad [doap_box title=»¿Cómo era Waspam?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Elena Hodgson tuvo que abandonar Waspam, forzada, en enero de 1982. […]

  • En las comunidades indígenas del río Coco, la gente aún recuerda cómo fueron engañados y sacados a la fuerza por el gobierno sandinista, hace 24 años. Las comunidades perdieron su ganado, cultivos, casas y, sobre todo, la libertad
[doap_box title=»¿Cómo era Waspam?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Elena Hodgson tuvo que abandonar Waspam, forzada, en enero de 1982. Después de 24 años, esa zona está empobrecida.

Recuerda el Waspam de antes: “En el tiempo de Somoza la gente vivía bien, sí, los aviones llegaban a sacar el producto, frijoles, arroz… Iban a comprarlo ahí directamente a Waspam para trasladarlo a Managua; entonces la gente tenía dinero, el córdoba era más fuerte”.

“Me acuerdo que para las Purísimas llegaban los aviones a traer naranjas, caña… Toda la gente vendía en el aeropuerto y llegaba la gente a comprar, la gente del Ejército, había movimiento y la gente estaba satisfecha. Mi mamá hacía nacatamal, vivíamos como pobres pero vivíamos bien; nosotros estudiábamos en escuela privada, con las monjas, todos calzábamos. Ahora la situación es bien difícil”.

La familia de Elena perdió su casa: “Dejamos todo abandonado… Cocina, estufa de hierro, el bufete, las camas, los peroles, todo quedó ahí…”

Algunos miskitos poseían hasta 200 cabezas de ganado y “esa gente murió de pena moral”, afirma Elena. Los soldados ametrallaron a las reses. “El Ejército llegaba también a agarrar los animales para comer, los del EPS… Gente de río abajo tenía 20, 30 cabecitas de ganado, sus gallinas. La riqueza se perdió… Viejitos tenían dinero enterrado y se perdió… Eso fue triste”, relata.

Torturados

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Waspam, Río Coco

Cándida Reyes tenía siete años de edad cuando ella, su familia y vecinos, tuvieron que caminar más de dos horas, desde la comunidad de Kisalaya hasta Waspam, forzados por el Ejército Popular Sandinista (EPS) y miembros del Frente Sandinista (FSLN).

Era el 14 de enero de 1982. Decenas de soldados irrumpieron en Kisalaya al comenzar la tarde y ordenaron a las familias miskitas que se alistaran para salir de la comunidad, sin llevar ningún utensilio porque dos días después volverían a sus casas.

“Nos engañaron”, afirma Cándida, quien volvió con su familia a Kisalaya cuatro años más tarde, tras una estadía difícil en Wahminona, uno de los asentamientos de Tasba Pri, que en lengua miskita significa Tierra Libre, aunque en realidad los indígenas tuvieron allí muy poca libertad.

“Allí no nos dejaban salir a trabajar, nos vigilaban los militares”, recuerda ella. “Lloraba la gente, sólo vivían hablando de mi Río Coco, mi Río Coco…”

Más de ocho mil personas fueron sacadas por el gobierno sandinista, contra su voluntad, de unas 40 comunidades ubicadas a orillas del Río Coco, mientras otras diez mil lograban huir a territorio de Honduras, al otro lado del río que ha sido la frontera entre los dos países desde noviembre de 1960.

La primera noche del desalojo, cientos de habitantes de Kisalaya la pasaron en la base militar La Granja, en Waspam, sin saber que al siguiente día serían montados en camiones y trasladados a Tasba Pri, a unos 70 kilómetros de la frontera, dejando todo: casas, ganado y lo más sagrado para ellos: las tumbas de sus deudos.

“Cuando estábamos en La Granja los militares llevaron carne de res y nos dijeron: ‘éstas son las vacas que tenían’. Habían matado los animales y repartían carne”, relata Cándida, quien 24 años después aún tiene presente la imagen triste de sus padres mientras vivieron bajo el régimen militarizado de los asentamientos: “Ellos lloraban mucho”.

QUEMARON SU CASA

Los conflictos entre el gobierno sandinista y la población miskita se agravaron en el año 1981, cuando la organización indígena Misurasata aumentó sus presiones para obtener títulos sobre las tierras comunales, entre otros derechos como el uso oficial de la lengua miskita en sus territorios.

Olidio Valle, habitante de Sang Sang, huyó a Honduras a finales de 1981 cuando supo que el Ejército sandinista tenía sitiada la comunidad vecina de San Carlos, en la parte alta del Río Coco; y semanas después pudo ver desde la otra ribera, en territorio hondureño, cómo los militares quemaban la aldea.

“Yo miraba mi casa incendiándose”, recuerda hoy. “También le pegaron fuego a la iglesia y la campana sonó tres veces y después cayó en medio de las llamaradas”.

Durante nueve años Olidio vivió con su esposa e hijos en los refugios de Mokorón, Honduras, creados por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para atender a los miles de miskitos nicaragüenses que huían de la represión sandinista.

Han pasado más de dos décadas desde que fue obligado a dejar su tierra y él tiene presente dos imágenes que le aterrorizaron en aquellos días: un avión militar lanzando bombas contra una pequeña embarcación de miskitos en el Río Coco, en la que iba un religioso de la comunidad de San Esquipulas que él identificó como Andrónico Zavala. Con suerte para éste, el explosivo impactó en el agua, a pocos metros del pipante.

La otra escena la presenció en la comunidad de Tuhinbila. Los militares sandinistas se habían ido y dejaron los escombros humeantes. Olidio, con otros miskitos de ese lugar, cruzaron el río para ver qué podían rescatar y llevarlo a Honduras. “Sólo hallamos la pierna y la dentadura de una persona dentro de una casa quemada”, asegura.

Para entonces, decenas de indígenas se alzaban en armas para defender su territorio y se asentaban en Honduras, bajo el mando de Steadman Fagoth, uno de los líderes de Misurasata, quien hoy es ganadero en San Esquipulas y aliado del FSLN.

El gobierno sandinista, jefeado por Daniel Ortega, se cerró a las demandas cívicas de los indígenas y los reprimió hasta provocar el conflicto militar.

El régimen sandinista no aceptó, por ejemplo, expresiones como las que dijo Brooklin Rivera, también líder de Misurasata, el 19 de septiembre de 1980: “El gobierno no nos apoya. Nosotros queremos tomar el poder, no tenemos por qué esperar, nosotros mismos tenemos que tratar… Tenemos que defender nuestra tierra con palos y machetes. Tenemos que fortalecer nuestra organización. En el futuro tenemos que ver cómo tomamos el poder en esta Costa Atlántica. Poder en la producción y en la administración de la Costa”.

A esas palabras, recopiladas por el antropólogo Jorge Jenkins Molieri, le siguieron manifestaciones indígenas en Waspam y la represión militar sandinista que derivó en enfrentamientos entre el Ejército y miskitos recién armados, como los ocurridos en diciembre de 1981 en Santa Isabel, Asang y San Carlos.

El gobierno informó entonces que había un plan contrarrevolucionario, denominado “Navidad Roja”, y así justificó en las semanas siguientes su decisión de arrasar con las comunidades del Río Coco.

Brooklin Rivera, uno de los perseguidos entonces, ahora también es aliado del FSLN.

AMANECER INCIERTO

Esa mañana fría de enero, Elena Hodgson despertó con la bulla de gente que gritaba por los cuatro costados de Waspam, avisando que a los pobladores de río abajo los habían sacado a la fuerza durante la noche.

“Fue un susto, nadie sabía que eso iba a pasar, todo el mundo con miedo; entonces la gente de río arriba comienzan como locos a huir” hacia Honduras, recuerda Elena, quien entonces tenía 30 años de edad.

En el barrio Santa Inés aún está el terreno vacío de la familia de German Hodgson e Isabel Argüello. Los dos murieron en Managua años después con la tristeza de no haber vuelto al Río Coco. Tuvieron que dejar su vivienda y los muebles, que pronto los soldados sandinistas ocuparon como comando hasta que la casa se desplomó en medio del abandono.

German era comerciante y antes había trabajado con la compañía bananera Standard Fruit. Isabel vendía comidas y refrescos en un pequeño bar en el cine de Waspam.

Su hija Elena recuerda cómo pasaron sus últimos años: “Los dos estaban tristes, preguntando siempre que cuándo podían regresar allá (Río Coco). Le hubiera gustado a él morir allá, que lo enterráramos al lado de mi hermano, decía, porque mi hermano, el que me seguía, murió allá y está enterrado allá en Waspam; entonces él se ponía bien triste, una de las cosas que lo afectó más fue el traslado, la tristeza, como una pena moral tenía él, se quedaba como ido, pensativo, así, triste…”

ESTADO QUERÍA TIERRAS

Al hablar del origen del conflicto entre el gobierno sandinista y los indígenas, Elena Hodgson lo atribuye a “la economía” y asegura que “Waspam era un pueblo pacífico”.

Explica que los líderes del FSLN “decían que eran tierras del Estado (las de Río Coco), pero eran tierras que nos habían dejado nuestros ancestros y ese es el problema por el cual comienza el alzamiento” de los miskitos.

Según las explicaciones que dio el gobierno en 1982, la orden de evacuar las comunidades de Río Coco fue para impedir que sirvieran de base a organizaciones insurgentes contrarrevolucionarias.

Sin embargo, quienes se alzaban en armas eran personas de las mismas comunidades y por tanto tuvieron siempre una base social de apoyo en las comunidades miskitas de la costa caribeña.

Elena lo explica así: “Eran familiares y estaban obligados moralmente, como sangre, y tenían que apoyarlos. Si viene un muchacho (alzado en armas) y es tu sobrino, le tenés que dar de comer y eso es lo que pasaba, era por algo de familiaridad, de sangre. (Los alzados) lo que querían era que les dieran su derecho a la tierra; trabájenla, eso es suyo, ellos no querían poder. ¿Para qué querían poder?”

Ella confirma que en las comunidades “sí hubo incendios, quemaron las casas… Dicen que el ejército quemó las casas para que la gente no regresara ahí, porque una parte de esas comunidades se fueron al otro lado (Honduras)”.

FAMILIAS DIVIDIDAS

Días después de la alarma por la evacuación sorpresiva, la soledad cubrió a la comunidad de Waspam. Sus habitantes no esperaron a ser desalojados, sino que cada familia buscó a dónde ir porque ya ningún pipante aparecía por el río con los alimentos de cada día procedentes de las comunidades de las riberas de arriba y abajo.

Waspam era el centro del comercio de Río Coco y “quedó aislado, no pudo sobrevivir; una poca gente trabajaba al otro lado del Río Coco pero ya no podían vender. ¿A quién iban a venderle?”, relata Elena. “Unos se fueron a Puerto Cabezas, otros a Managua, otros para Honduras; como la mayoría de sus familiares se fueron para allá, entonces se fueron buscando a su gente”.

“Sentíamos una tristeza terrible y buscando cómo sobrevivir y afligidos, toda la familia se desintegró buscando dónde sobrevivir, la gente que tenía familia en los Estados Unidos logró irse”, rememora.

La familia de Olidio Valle también se desintegró. Mientras él, su esposa y sus hijos permanecían en los refugios de Mokorón, Honduras, en Nicaragua murieron su mamá y su suegra. Por eso, al retornar a Río Coco en 1990 decidieron nunca más residir en Sang Sang.

Dos de sus hijas, Lidia y Reyna, se quedaron a vivir en ciudades hondureñas. Él hizo su casa en Waspam, donde sigue con su oficio de antes: conducir botes con motor; y a veces también reniega de los cambios en la economía de las comunidades: “Antes había muchos alimentos, no se sufría hambre; y un pasaje de Waspam a San Carlos, en bote, costaba 15 córdobas (poco más de dos dólares) y ahora vale 350 córdobas (US$19.00).

Elena Hodgson recuerda a Waspam como “un pueblo activo, todos los que trabajaban en la agricultura trabajaban al otro lado, en Honduras, y para el tiempo de las cosechas el comercio estaba controlado por los chinos; entonces los chinos compraban toda la mercadería, el arroz, frijoles, entonces ellos lo acopiaban… Cuando ganó el Frente (Sandinista) los chinos se retiraron, se fueron por Honduras, cada quien buscó a dónde irse”.

(Lea mañana: Reclamaron tierra comunal y quedaron a la intemperie).

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