- Jesse Sánchez vuelve a sacar al pitcher pinolero del closet
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EL NICA CERRÓ EL AÑO CON 15 VICTORIAS
Ahí lo tienen, con la camisa abierta, sin botones, mostrando su tórax y también haciéndonos escuchar los latidos de su corazón y lo que piensa.
Ciertamente, algo ha cambiado. Ahora Vicente Padilla sólo pretende ser inaccesible para el bateo enemigo, no para el periodismo. El derecho pinolero, ganador de 15 juegos para los Rangers de Texas, ha estado permitiéndole a los hombres de prensa, tomar espacios poco a poco, colocando a un lado su justificada desconfianza.
Edgard Rodríguez —con quien siempre ha sostenido una excelente relación— estuvo largo rato con él, después, cambió impresiones con René Pineda, y hace unos días, conversó a corazón abierto con Jesse Sánchez, del staff de las Ligas Mayores.
“Para Vicente Padilla, Chinandega lo es todo. El cielo en la tierra. Esas cuatro sílabas, Chi-nan-de-ga, tienen el tono y ritmo perfecto para darle viveza a su expresión y brillo a su mirada”, dice Jesse en su larga y por supuesto, explícita entrevista, visitando rincones de la vida privada del pitcher, inexplorados, incluso para nosotros.
El cronista agrega: Padilla es el corazón y el alma de Chinandega. Y además Jesse, un fajador que ha crecido lo suficiente para impactar y meterse entre los mejores tiradores de las Mayores.
Era abierto a los medios
En sus primeros años con Arizona y Filadelfia, Padilla fue un buen material para los reporteros. Su traductor en los Filis, Ramón Henderson, trabajaba horas extras. Comenzaron a lanzarle dardos, algunos “envenenados” y se incomodó. Sobre esa toma de distancia con el periodismo, el pitcher explica con esa franqueza y sencillez que comienzan a cultivarse en el campo.
“Quizá hay una imagen de mí que soy arrogante, que no me gusta hablar y que realmente pienso mucho en mí, pero las cosas no son así. Si digo algo a los reporteros, y escriben lo que yo digo, no hago mala mirada. Si tomo tiempo para hablar, quiero que el tratamiento sea objetivo. ¿Si no es objetivo, por qué yo debo hablar? Los medios aquí y en Nicaragua deciden sobre mí y escriben lo que ellos desean escribir. Soy un jugador del béisbol y lanzo. Trabajo duro. Estoy aquí para realizar un trabajo, no para ganar una competencia de popularidad”.
¿Tenemos algo que discutir sobre estas observaciones de Vicente? Obviamente, su actitud está bien soportada.
“Me gustó lanzar aquí”, dijo Padilla. “Me gusta el calor y el área. Amé a mis compañeros de equipo. Realmente aprecio a los fanáticos y oí sus aclamaciones cada vez que lancé. Pero no soy el único quien decide si regreso. Esto está en manos de los Rangers si deciden darme un trato justo”.
Expresa sus sentimientos y coloca sobre el tapete lo que quiere, advirtiendo sí, que todo va a depender de las negociaciones. Con 15 victorias, 200 innings, 156 ponches y 29 años registrados, sabe que su futuro económico está en juego, en un momento clave. Y él, que ha ingresado al terreno de la madurez, está claro que la vida no es un programa de complacencias.
En su nota, Jesse Sánchez informa que el coach de pitcheo, Mark Connor, ha quedado genuinamente impresionado, entrando en las siguientes consideraciones: “Padilla podía haber logrado 17 ó 18 victorias, porque llevó juegos hasta puntos de definición con ventajas que el equipo no supo mantener. Lo que más me gusta de él, es que puede lanzar en diversos estilos. Trabaja con un sinker entre 87 y 90 millas, o puede utilizar su cuatro costuras con pitcheos entre 94 y 98 millas. Tiene ahora una buena curva, maneja un poco el cambio, su bola cortante es dañina y su slider efectivo. Ya no se ve asustado sobre el montículo. Hace todo lo que se le exige a un lanzador”.
El pitcheo adentro
Si en algún momento Vicente Padilla se sintió agobiado fue por los cuestionamientos por pitchear adentro. Golpeó a 17, sufrió una expulsión y fue sancionado. “No soy un cazador de cabezas”, dijo reiteradamente sin intentar ocultar su incomodidad.
¿Cuántos intimidadores hemos visto desfilar por los montículos? Bob Gibson era temible, como lo fue Nolan Ryan, o lo es Pedro Martínez. La lista es muy larga.
En la nota de Jesse Sánchez, Vicente aborda el tema sin temor, con claridad: “Desde que vine de Nicaragua, he lanzado siempre adentro. Sé que muchos pítcheres se sienten presionados porque tienen miedo de golpear a un bateador, pero no es mi caso. Eso es parte del juego. Hay que hacer lo que se tiene que hacer. Si no se hace, los bateadores harán lo que quieran. No puedo ayudarles. Tienen que salir del camino”.
La intensidad del nicaragüense en cada disparo de cada juego, está muy bien graficada en la entrevista por Gary Mathews Jr. “Padilla no es alguien a quien usted va a ver deprimido en el montículo y eso me gusta de él y nos estimula. No da un tropezón. Desea ganar, se esfuerza al máximo por sacarte out. Ésa es su marca, entonces hay que tener cuidado cuando se entra al cajón de bateo contra él. He visto a bateadores asustados frente a su poder y firmeza para imponer su autoridad”.
Sánchez capta las señales y desemboca directamente en lo siguiente: Padilla es intimidante en el montículo, pero su comportamiento feroz, es el resultado de una educación dura, no una opción de estilo de vida. Él dice que él no puede recordar una época en su vida en que él podría ser todo, menos valiente.
“Usted tiene que conocerle para apreciarlo”, dijo Bobby Abreu, ex compañero de equipo en Filadelfia, ahora outfielder de los Yanquis. “no pienso que el público sepa quien es. Quizá sea porque él no habla con los medios ni habla un inglés perfecto. Una vez que usted se familiariza con el, todos gustan de él”.