- El imponente volcán Mombacho sirve de guardián a una seri de lagunas distribuidas en sus laderas y un poco más allá. Son preciosos cuerpos de aguas vírgenes que albergan todo un reino animal y vegetal
[/doap_box]
Pureza y frescura son las características principales que encontramos en un recorrido por un conjunto de bellas lagunas del volcán Mombacho, entre las que destacan las lagunas Blanca y Verde. La primera llamada así por la pureza de sus aguas, y la segunda, por el color que toman sus aguas de las algas que habitan en sus entrañas. Las otras son, la laguna del Cacho y la laguna Juan Tallo, una de las más grandes y “embrujadora”, ya que su belleza conquista a cualquier amante de la naturaleza hasta el punto de “atraparlo”, según las creencias de sus habitantes.
“Aquí vienen estudiantes de las universidades de Managua a realizar investigaciones y siempre se van enamorados de las lagunas, porque aunque tengan miles de años de existir no todo mundo las conoce”, comenta don Roberto Mejía, propietario de una de las haciendas donde se encuentran las lagunas, razón por la cual no son muy conocidas, ya que están en propiedades privadas. Sin embargo, don Roberto en compañía de su familia está promocionando estas aguas virginales como destino turístico a nacionales y extranjeros.
Para iniciar la gira llegamos a El Rancho, ubicado a ocho kilómetros de la gasolinera Texaco de Nandaime, un lugar donde se puede descansar en hamacas y tomar un refresco natural. Para realizar el recorrido existen dos opciones, la primera es utilizar un vehículo, y la segunda, montar a caballo. Nosotros optamos por el vehículo debido a la tempestad que amenazaba desde la cúspide del volcán.
AGUAS VIRGINALES
Después de un recorrido de veinte minutos se visibilizan las aguas de la laguna Juan Tallo, la más grande de todas, con una profundidad promedio de 18 metros, que alberga bellezas naturales e historias que aterrorizan a quienes habitan en esta zona.
“Hay quienes cuentan que en esta laguna aparece una mujer muy bella bañándose, otros dicen que aparece un culebrón en el centro de la laguna y otros comentan que acá se pierden las parejas y nunca se sabe más de ellas”, relata Mejía, quien también relata que en una enorme piedra con manchas rojas que está en la orilla, nuestros ancestros ofrecían sacrificios a sus dioses.
Otra laguna que visitamos fue Las Cuacas, llamada así por las aves que habitan en sus alrededores y que entonan un canto que parece pronunciar esa palabra.
En ésta, que es un poco más pequeña, logramos ver el rastro de un pequeño lagarto que atemorizado por el lente de la cámara fotográfica se escondió entre las aguas dejando el rastro con pequeñas burbujas que reventaban en la superficie de la laguna. La que no se mostró nada tímida fue una abeja que aprovechó para dejar su aguijón en la mano del fotógrafo que me acompañó en este recorrido.
La gira continuaba por el ojo de agua de donde emana parte de las tibias aguas de las lagunas, sin embargo, la tempestad no permitió que continuáramos el camino, mientras tanto Mejía nos contó que en las haciendas también se encuentra la Ciudad Perdida, un sitio donde se cree que habitaron indígenas, debido a su estructura y los elementos que se encuentran ahí.
Las otras lagunas que no pudimos visitar son El Cacho, laguna Verde, laguna Blanca, El Sol, El Carol y otras.
CASA ANTIGUA
Aunque las giras hacia el circuito de las lagunas es sólo por un día, Mejía prevé que para noviembre próximo las puertas del Hotel Casa Hacienda estén abiertas, para que los huéspedes conozcan más del lugar.
La Casa Hacienda fue construida toda de madera en 1881. Su estilo antiguo le da un toque diferente y tal vez raro en comparación con el resto de los ranchos, pero también se convierte en atractiva por su misteriosidad y los recursos que la rodean, como un molino de viento y un pozo de agua, además de las historias familiares que encierra.