- Nuestro baloncesto multiplica esfuerzos para tratar de crecer como un deporte de impacto a nivel nacional
¿Qué tanto llegará a crecer el Torneo Internacional William Ramírez In Memoriam? Desde que nació la idea, atrevida en un medio bastante reducido para el baloncesto, la intención de aproximarse a la repercusión y el nivel de competencia de Los Ulloa, que tanto nos emocionaron en los años ochenta, ha constituido un reto.
A lo largo de tantos años, nuestro baloncesto ha parecido una “montaña rusa”, subiendo difícilmente en determinados momentos y bajando vertiginosamente en otros, con unos cambios de velocidad que harían palidecer a cualquiera.
Era fácil ser atraído hacia el baloncesto en los años sesenta. En esa época, el deporte escolar vivía agitado porque cada colegio o instituto, se preocupaba por el despliegue de actividad muscular de la mayoría de sus alumnos.
Hoy, lamentablemente, la escasez de canchas golpea nuestras narices, pero se hace un gran esfuerzo y ahí tenemos a la gente de las universidades UdeM, UAM, Unival, y los dirigentes, intentando levantar de la lona al baloncesto pinolero y haciéndolo caminar hacia un resurgimiento.
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Y SE MUEVE
Cada vez que vemos hacia nuestro deporte, tenemos la impresión que el planeta se detuvo, el sol se apagó y las esperanzas gimen. Nunca antes vi tanto desinterés tanto gubernamental como de la empresa privada en desarrollar el deporte casero.
Eso explica que desde la construcción de una instalación que otro país sería de emergencia, como es el Polideportivo España, un reemplazo con mejores proyecciones que los pequeños gimnasios derrumbados por el terremoto del 72, no hayamos visto un proyecto consistente en esa dirección, resignándonos al conformismo de “peor es no tener nada”, lo cual obviamente es cierto.
En la década de los cincuenta y en la de los sesenta, el baloncesto femenino era el dominante. La rivalidad entre el Salvadorita y el Centro de Pinturas, permitió reunir a las mejores jugadoras producidas en los torneos escolares.
Aquel equipo de 1964 fue impresionante, pese a que no se pudo contar con las mejores jugadoras del Centro de Pinturas, y el entrenador Capitán Arriaza, con el apoyo de Arturo Pallais, tuvo que utilizar como base al Salvadorita.
Nicaragua ganó invicta el Campeonato Centroamericano provocando una gran agitación. Thelma Platt fue temible, Fanny Solís muy joven ofreció un gran aporte ofensivo, en tanto Francis Arana, Norma Pallais y Pina Santamaría, se encargaban de construir un muro infranqueable en la defensa. Agreguen a Christian Lezama, Ingrid Baltodano y Lidia Poveda, redondeando un gran equipo.
Antes, habían estado por aquí los Trotamundos de Harlem, que abrieron espacio para un joven costeño que medía 6 pies 7 pulgadas, llamado Frank Sanders.
A pesar del esfuerzo de una generación de jugadores que nos mostró a Leonardo Green, César y Harvey Sequeira, Antonio Blandón, y tantos otros, el baloncesto femenino conservó su poder de atracción, y fue necesario esperar que en los años setenta, Sammy Lambert y Clifford Scott encabezaran un grupo de jugadores que, aprovechando el decrecimiento de las mujeres una vez que se esfumó la etapa en la que brilló Carlota Green, impulsó bruscamente el sector masculino.
Crece el interés
La mayor repercusión se fabricó en los años ochenta con los Torneos Carlos Ulloa, que garantizaron la presencia de la URSS, Cuba, Bulgaria, casi toda Centroamérica, y diferentes equipos muy bien reforzados, en un evento de alto voltaje y atracción espectacular.
Todos querían venir al Ulloa y el Polideportivo resultaba insuficiente para semejante desborde. Fue la época en que Francisco Zambrano se instaló en la butaca presidencial de la Federación, con el apoyo decidido del Comandante William Ramírez (q.e.p.d.), y un grupo de dirigentes entre los que destacaron José Dolores Gómez y el ingeniero Salvador Ayestas.
Uno tras otro, los Ulloa mantuvieron el baloncesto en un primer plano. Surgió Paúl Argüello, los hermanos Herman y Hill Mullins, Jorge Luis Ayestas, y un grueso número de jugadores que se robaron el show por largos años.
Después de los Ulloa, vino el diluvio. La falta de dinero para respaldar proyectos, y obviamente una falta de interés de las esferas gubernamentales en contraste con los visto en los ochenta, oscureció nuestro baloncesto.
Para remate, pugilatos entre dirigentes, afectaron más al deporte y fue necesario esperar un momento más apropiado para levantar las cortinas del William Ramírez y activar un gran reto: hacerlos crecer tanto como lo fueron los Ulloa.
De lo que no hay duda, es que superando inconvenientes, el baloncesto masculino está en pie, y se mueve hacia adelante.