- Soriano es un jugador con todas las herramientas
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Esteroides aparte, José Canseco, Barry Bonds y Alex Rodríguez son nombres que provocan impacto al oído. Agregue ahora a esa lista al angosto artillero dominicano Alfonso Soriano, quien se les unió el pasado sábado, cuando robó su base número 40 de la temporada.
Antes, Soriano había llegado a 45 jonrones.
Sólo estos cuatro hombres han sido capaces de temporadas 40-40 en jonrones y robos en la historia de las Grandes Ligas. Eso significa llevar el juego a un nivel superior, sólo al alcance de jugadores realmente extraordinarios, muy completos.
En 1922, Ken Williams, de San Luis, inauguró el club de los 30-30. El jardinero izquierdo de los Browns, descargó 31 jonrones y se estafó 38 almohadillas. Desde entonces, otros 12 jugadores han superado esa frontera en la Liga Americana y 33 en la Liga Nacional.
Pero en 1988, Canseco elevó los patrones por los que ha de medirse el talento integral de los jugadores, al convertirse en el primer 40-40 de la historia. Ese año, Canseco depositó 42 pelotas en las tribunas y se robó 40 colchonetas.
Ocho años más tarde, en 1996, Bonds, cuyo ego lo ha impulsado siempre a la búsqueda de la cima, se volvió el segundo 40-40, con 42 tablazos y 40 estafas, para atraer los reflectores hacia él.
Y finalmente en 1998, Rodríguez, un jugador que no ha estado bajo la sospecha de utilizar sustancias prohibidas, se unió al club con 42 metrallazos y 46 estafas. Esa vez se pensó que Alex sería un 50-50, pero no ha vuelto a ese ritmo.
El caso Soriano
Ahora es el turno de Soriano, un jugador construido en el sistema de Ligas Menores de los Yanquis y canjeado a Texas por Rodríguez, en un movimiento impulsado más por razones de mercadeo, que de producción en el terreno.
De todos los que han sido 40-40, Soriano es quizá el de menor fondo físico. Tiene 6.1 y 180 libras, pero es pura fibra y más que un jonronero se muestra como un robador de bases. En él, más que en cualquier otro, se perciben todas las herramientas al jugar.
Soriano puede ganar un juego con un jonrón o un robo, una gran atrapada o un gran tiro y es un jugador humilde como pocos en las Gran Carpa. Oswaldo Mairena y Omar Varela son testigos del don de gente de este pedromacorisano.