ALVIN CAMACHO (6) de los Tigres con el estadounidense Donta Yates, en semifinales. (la prensa/g. miranda)

¡QUÉ PEQUEÑOS SOMOS!

[doap_box title=»Estadísticas hablan» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El equipo campeón del Torneo Internacional William Ramírez, Puerto Rico, tuvo a siete de sus diez jugadores con un promedio de al menos 10 puntos por juego. Los Tiburones-Bancentro y Tigres de la UdeM, por su lado, tuvieron a cuatro de sus 11 jugadores con un promedio mínimo de 10 […]

[doap_box title=»Estadísticas hablan» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El equipo campeón del Torneo Internacional William Ramírez, Puerto Rico, tuvo a siete de sus diez jugadores con un promedio de al menos 10 puntos por juego.

Los Tiburones-Bancentro y Tigres de la UdeM, por su lado, tuvieron a cuatro de sus 11 jugadores con un promedio mínimo de 10 puntos.

Un dato que refleja los individualismo de los jugadores nacionales se indica en el rubro de asistencias total en el William Ramírez. Puerto Rico, por ejemplo, sirvió 66 asistencias, los Tigres 30 y los Tiburones 28.

Las estadísticas hablan muy bien del juego en equipo que mostraron en la duela los boricuas. Algo que no se reflejó entre los quintetos nicaragüenses.

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La suma de las partes vale más que las piezas individuales. De eso trata el baloncesto. Un concepto que aún parece no entender los jugadores nicaragüenses, algunos de los cuales participaron recientemente en el III Torneo Internacional William Ramírez.

“Un equipo de verdad no depende de alguien”, dijo a un periodista el entrenador de Puerto Rico, Ángel David Rosario, quien coronó invicto a su equipo en el certamen, imponiendo un sistema de juego aún soñado en Nicaragua.

Podía escucharse comentar entre el público a los entrenadores Juan Mendieta, de los Jaguares de la UAM, y Róger Torres, de los Tigres de la UdeM, lo práctico que resulta el sistema en equipo, luego de observar a los boricuas y estadounidenses.

Tanto Mendieta como Torres coincidían en la velocidad, altura, fortaleza e inteligencia que mostraron los jugadores de Puerto Rico y Estados Unidos durante sus encuentros en el William Ramírez In Memoriam.

Nuestro nivel aún está distante. Y se comprobó en cada partido de los Tiburones-Bancentro y Tigres de la Universidad de Managua (UdeM).

FALTÓ UN LÍDER

Era notoria la ausencia de un líder en los Tigres y Tiburones. Y esta necesidad no quiere decir que la responsabilidad debía caer en los hombros de un solo jugador, pero obviamente se precisa de alguien que conduzca e inspire.

Esa carencia de líder se notó con mayor acento en los Tiburones, que no parecían aquel dominante equipo del Torneo de la ACB. La ausencia de los extranjeros en sus primeros partidos ocasionaron serias grietas.

Los escualos perdían muchos balones, el armador terminaba —irónicamente— por desarticular la ofensiva, bajo el tablero no se tenía altura y fortaleza, y nunca quedó claro el sistema de juego que proponían.

Cuando se integró el panameño Iván Jaen, uno de los tres extranjeros anunciados y el único que finalmente llegó, los escualos cambiaron su presentación. Pero era tarde, la eliminación estaba a la puerta.

Los Tigres, por su lado, contaron con talentosos extranjeros como William Waterhouse, Keyshane Reed, Enrique Swat y Washington Brandon, pero ninguno se convirtió en un líder. Y las individualidades salieron a flote nuevamente.

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