- Tigres de bengala, pumas, loras, lapas y hasta mapaches son sólo algunos de los nuevos huéspedes que el Zoológico Nacional tendrá antes de finalizar el año. Pero el nacimiento de estas crías es más delicado que un viaje desde las sabanas africanas o de las selvas de Bosawás. Nacerán en cautiverio
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Reproducir especies de animales en cautiverio es una de las tareas más difíciles para cualquier zoológico, debido a todos los elementos que entran en juego y los cuidados que se deben tener.
Algunos centros de conservación de especies en Estados Unidos han desarrollado técnicas avanzadas con finales que no siempre son felices.
Y es que el asunto es realmente complicado. Un manual elaborado milimétricamente indica que para lograr un nacimiento en cautiverio, primero se extrae el esperma mediante electroeyaculación, luego es valorado, refrigerado y congelado en nitrógeno líquido.
Posteriormente se induce el celo en la hembra, se comenta la experiencia y se incita la maduración folicular y ovulación de hormonas exógenas como paso previo a la inseminación artifical. También se analizan los esteroides fecales. Esto se repite hasta que salga la cría.
Pero en el Zoológico Nacional, ubicado en el kilómetro 16 de la Carretera a Masaya, tienen un método menos complicado pero bastante efectivo: introducen al macho en la jaula de la hembra, éstos se aparean y la hembra queda fecundada.
Aunque la reproducción en cautiverio es algo común en los zoológicos, pocas veces se practica en varias especies a la vez.
El Zoológico Nacional realiza reproducciones en cautividad con un ritmo de hasta diez especies por año desde 1997.
Según la bióloga Jessica García, hoy en día no se pierden ejemplares, lo que pone a Nicaragua a la cabeza de Centroamérica en esta práctica.
Este tipo de reproducción, literalmente tras las rejas, es difícil de lograr porque se trata de animales silvestres que sufren estrés dentro de las jaulas, se entristecen y no siempre están bien alimentados o no tienen el cuido adecuado, que debe ir más allá de una jaula amplia.
Los grandes felinos, por ejemplo, en su hábitat natural necesitan 40 kilómetros a la redonda para su ritual de apareamiento. Tener una manzana de tierra para aparearse en un zoológico es un sueño. Pero en Nicaragua lo logran en un espacio menor de 20 metros cuadrados. La ventaja es que al menos la hembra no tiene escapatoria.
EL SECRETO
Al consultarle a los funcionarios del Zoológico Nacional sobre el secreto para que las reproducciones en cautiverio sean un éxito, siempre dan una respuesta un tanto diplomática y a la vez romántica, pero que es la verdad: amor. Como en todos los contextos, amor es una palabra amplia, pero en este caso es tan amplia que sobrepasa los predios del zoológico.
El matrimonio que administra el Zoológico Nacional es famoso por criar varias especies de animales en su propia casa, y en su habitación hasta le permiten dormir a grandes felinos, todo por lograr que los cachorros sobrevivan.
García asegura que muchos especialistas les preguntan cómo logran tanto éxito en la reproducción en cautividad. Aparte de decir la palabra mágica: “amor”, explica que con “buena alimentación, un buen trato hacia los animales y un constante chequeo de la salud del animal, el milagro ocurre.
Desde luego, al inicio hubo experiencias tristes. Los jaguares Tonatiú y Xena sobrevivieron luego que sus respectivas madres habían devorado a sus hermanos tras nacer.
Pero al final ambos felinos resultaron ejemplo exitoso, como el tigre de bengala Pumba, los jaguares Sabita y Ramcés, una coyota, cuatro mapaches, un alto número de aves y otra cantidad importante de mamíferos, de las más de 400 especies que habitan en el Zoológico Nacional.
Si se incluye en la lista a ejemplares nacidos fuera de este zoológico pero que “pegaron” gracias a ese mismo amor, se puede hablar de la tigre de bengala Tina, el chimpancé Pipo, y la nutria Lilly, que son los que más llaman la atención de las visitas. Todos alimentados con leche de cabra.
UNA CRÍA ESPECIAL
En este tipo de trabajo siempre hay historias que sobresalen.
En el Zoológico Nacional nadie puede ignorar la historia de Xena, especialmente quienes la vieron con una patita vendada meses atrás.
Tatiana Terán, veterinaria del zoológico, asegura que Xena es la mimada del centro, debido a que en sus 11 meses de vida, ha tenido un sufrimiento tras otro.
Nació en un día lluvioso junto a dos hermanitos. A uno su mamá lo aplastó, al otro la hembra lo pasó a la jaula del macho para que éste lo devorara.
A la única sobreviviente, los administradores del centro —doña Marina Argüello y don Eduardo Sacasa— se la llevaron a su casa, le dieron leche para niños prematuros, la envolvieron en una toalla para darle calor, y la estimularon para que orinara y defecara.
También le dieron leche de cabra, pero como no mamó mucho calostro (primera leche materna) sufría de diarreas y altas temperaturas. También le costaba defecar y debieron ayudarla con una sonda y aceite mineral.
Por sus problemas de visión se dio varios golpes, y por su inquietud se fracturó una pata, porque heredó de su padre una enfermedad genética por deficiencia de calcio y minerales.
“Este es un caso muy especial pues no se le daban esperanzas de vida. Porque era tierna y con muchas enfermedades”, comenta Terán.
Hoy, Xena tiene mejores expectativas de vida, pero debe pasar una etapa clave, la de relacionarse con otros de su especie, aunque obviamente se siente mejor con su familia de humanos.
LA SEGUNDA GENERACIÓN
García confía en que la preservación de las especies en el Zoológico Nacional está garantizada.
Esto se debe a que las reproducciones en cautiverio ocurren con más frecuencia entre animales que nacieron en el zoológico, por lo que la experiencia de apareamiento y crianza les resulta más sencilla a los padres.