Calle Palmira de Granada, 1907. (LA PRENSA/Cortesía del ingeniero Luis H. Flores)

La ejecución de “Cachimbón” en la Granada del año veinte

De las páginas frágiles y amarillentas del Diario Nicaragüense hemos extraído esta crónica dramática sobre los terribles sucesos que culminaron con el fusilamiento público de Hilario Silva (a) “Cachimbón”, hecho ocurrido el 13 de enero de 1920 en las afueras del aristocrático Cementerio de Granada [doap_box title=»Ambiente de feria» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Desde muy tempranas horas […]

  • De las páginas frágiles y amarillentas del Diario Nicaragüense hemos extraído esta crónica dramática sobre los terribles sucesos que culminaron con el fusilamiento público de Hilario Silva (a) “Cachimbón”, hecho ocurrido el 13 de enero de 1920 en las afueras del aristocrático Cementerio de Granada
[doap_box title=»Ambiente de feria» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Desde muy tempranas horas gente de todos los barrios de Granada comenzó a marchar hacia el cementerio para presenciar el fusilamiento de “Cachimbón”. Algunos caminaban muy serios, otros hacían chacota del condenado y hubo quienes llevaron a sus hijos bajo el supuesto que les sirviera de ejemplo la ejecución para el resto de sus vidas.

Fue notoria la presencia de algunas damas de la Congregación de la Buena Muerte que en grupo compacto iban rezando el rosario y portando en el pecho sus cintas moradas con la medalla de Cristo crucificado.

Vendedoras de comida y bebidas naturales madrugaron para ocupar los mejores sitios para vender, fue notoria la presencia de agentes del orden que se distribuyeron estratégicamente para evitar enfrentamientos entre los asistentes.

El tren procedente de Managua y de Masaya llegó repleto de gente, muchos no alcanzaron en los vagones y tuvieron que viajar sentados sobre el techo de los carruajes. Entraron también muchas carretas atestadas de campesinos procedentes de haciendas caraceñas y rivenses.

Antes de la llegada del condenado el ambiente parecía de fiesta, pero al comenzar la lectura de la sentencia y otras intervenciones el pueblo guardó silencio. Pasada la ejecución los agentes del orden obligaron a los presentes a abandonar el lugar diciendo: “Terminó el espectáculo, todos a sus casas”.

¿Qué pasó con “Chojito”?

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Despuntaba 1920 cuando la apacible sociedad granadina fue estremecida por el crimen atroz cometido en la humanidad del anciano zapatero Francisco Gutiérrez (a) “Calilla”, y más por la condena a muerte por fusilamiento público de sus dos asesinos: Hilario Silva (a) “Cachimbón” y Luis Gutiérrez (a) “Chojito”.

Durante todo el proceso a los implicados, los granadinos mostraron profundos y variables estados de ánimo, al principio fueron de indignación, condena y venganza, pero al pasar los días y acercarse el momento de la ejecución hubo, en muchos, muestras de piedad, llanto y conmiseración hacia los condenados.

Aunque el Diario Nicaragüense deja en el anonimato la autoría de las crónicas, por el estilo sobrio, sencillo pero profundo y humano, es posible que sean producto de la pluma de don Anselmo Hilario Rivas, que para esa época dirigía dicho diario en hermandad con don Pedro J. Cuadra. Es de suponer que ambos varones granadinos eran, además de directores, publicistas, cronistas, editorialistas, correctores y editores del citado periódico.

Hemos respetado lo escrito en el Diario Nicaragüense aunque consignamos que los titulillos insertos son de nuestra cosecha, lo mismo que algunas acotaciones que explican la trama y que de aquí en adelante van en letra cursiva.

LA SENTENCIA FATAL

Un lacónico telegrama firmado por el secretario del Juzgado de lo Criminal del Distrito de Granada era leído a eso de las once de la mañana del 9 de enero de 1920 por don Pedro J. Cuadra, ante la presencia de su socio Anselmo Hilario Rivas. El telegrama decía:

“Juzgado de lo Criminal del Distrito, Granada, nueve de Enero de 1920. Las nueve y media de la mañana. Cúmplase, y en vista del telegrama y oficio del señor Ministro de Justicia que anteceden, en los que se informa en este despacho que fue denegada por la Cámara del Senado la conmutación de la pena de muerte impuesta al reo Hilario Silva (a) ‘Cachimbón’, procédase a la ejecución, en consecuencia señalase 72 fatales horas a cada uno de los reos Hilario Silva (a) ‘Cachimbón’ y Luis Gutiérrez (a) ‘Chojito’, para que arreglen sus asuntos espirituales y temporales.

Alfredo Castillo Sáenz – Secretario.

Nota: La notificación a los reos la hará el Juez hoy en la mañana y en consecuencia se ejecutará a los dos reos el martes a las 7 a.m.”

CONFERENCIA DE PRENSA

En su edición del 15 de enero, el Diario Nicaragüense dedica un espacio especial de su primera plana para informar que han sido llamados al Cuartel de La Pólvora, para presenciar los preparativos que se hacen para la ejecución de Hilario Silva (a) “Cachimbón”.

Silva, de 53 años, albañil de oficio, contando con la complicidad de Luis Gutiérrez (a) “Chojito”, meses antes había asesinado en forma atroz al anciano Francisco Gutiérrez (a) “Calilla”, hecho ocurrido en una casa de la Calle del Palenque, en La Gran Sultana.

Tres solicitudes de indulto interpuestos por el abogado de “Cachimbón” habían sido denegadas y sólo quedaba cumplir la pena de muerte que se haría por fusilamiento.

La nota periodística del diario da cuenta de lo ocurrido durante la visita que realizaron los periodistas al Cuartel de La Pólvora.

MACABRO PREPARATIVO

“En la Policía nos mostraron el banquillo de madera de un metro de largo en que fusilarán a ‘Cachimbón’.

Lo ejecutarán frente a la puerta de la Capilla de Ánimas. Se levantará una trinchera de sacos de arena para que las balas no dañen la capilla o rechacen. Un pelotón de la guarnición de La Pólvora se está ejercitando al tiro al blanco.

Muchas personas han visitado al reo, éste se encuentra como siempre, tranquilo. Ayer amaneció con la cara golpeada, pues anteayer tarde tomó mucho licor y cayó al suelo golpeándose. Manifestó el deseo de hablar con el doctor Lacayo.

Entretanto se supo que el defensor de ‘Chojito’ interpuso una suplica de indulto y al parecer le fue concedido”.

POEMA AL CONDENADO

En otra parte de su primera plana el periódico inserta lo siguiente:

“El miserable Hilario Silva está en capilla. Sufre la lenta, amarga agonía de que habla el poeta:

‘En silencio gime el reo

y el fatal momento espera

en que el sol por vez postrera

en su frente lucirá’”.

De la cárcel al cadalso

Las campanas de todas las iglesias tocan agonía.

Al alba el condenado recibió el Santo Viático con verdadero recogimiento.

Desde la mañana una gran cantidad de gente se dirige al Cementerio. No toda esa concurrencia iba armada del espíritu que pedía la tristeza del acto, sino que muchos pasaban por las calles entre risas y como animados de una curiosidad odiosa.

A la hora fijada el juez Vega Zavala, vestido de riguroso luto, llegó en automóvil al Cuartel de La Pólvora y con voz conmovida anunció al reo que había llegado el momento de marchar al patíbulo, Silva con calma admirable contestó que estaba bien y pidió permiso para despedirse de sus compañeros de prisión.

Todos los reos se formaron en valla y el condenado les dio la mano. De éstos casi todos lloraban y algunos apartaron el rostro.

El reo tomó un coche, sentándose en el asiento trasero al lado del reverendo Padre José O. Rossi, y en el delantero tomaron asiento el director de Policía, coronel Emilio Quesada y el jefe de la Penitenciaría. Silva para disimular la emoción fumaba constantemente un cigarro puro y escuchaba recogido las exhortaciones del sacerdote.

Entró el coche al cementerio por la puerta principal y se paró al terminar la alameda frente a la capilla de Las Ánimas en cuya gradería estaba armado el patíbulo.

LA EJECUCIÓN DE “CACHIMBÓN”

El reo bajó del coche y adelantándose unos pasos habló en privado con los abogados Borge y Moreira y acto continuo, siempre con paso firme, entró al cuadro de ejecución, sentándose en el banquillo.

En ese momento el reo notó que habían fotógrafos listos para tomar vistas y entonces con voz exaltada dijo: “No, No, no lo permito yo”.

Las autoridades procedieron a complacer la voluntad del reo.

El padre Rossi le echó los brazos al hombro y con cariño le dijo al oído palabras de piedad y de consuelo que el reo escuchaba con unción.

La multitud se agitaba cada vez más y en el afán de presenciar la ejecución se produjeron desórdenes que la Policía se empeñaba en calmar, viéndose precisada a usar medios violentos.

El joven orador don Manuel Salvador García Valery, recomendado por el reo, leyó una corta alocución con voz conmovida. Las frases eran de arrepentimiento mostrando al pueblo el fracaso de su vida.

Concluida la alocución el oficial dio la orden de preparar las armas. El condenado dijo en voz baja palabras que no pudo percibir el público y levantando al cielo su mano extendida y temblorosa cerró los ojos, sonó la voz de fuego y cuatro tiros desgarraron el pecho del pobre ajusticiado que dobló hacia adelante el medio cuerpo para arriba y expiró lanzando un débil quejido.

Inmediatamente se adelantaron los doctores Pallais y Guillén, le pulsaron y dieron testimonio de que la obra de la justicia se había cumplido.

Fue una nota simpática en medio de aquella solemnísima tristeza el comportamiento de los soldados ejecutores quienes con lágrimas cumplieron su misión.

Después fue recogido el cadáver por manos amigas, lo envolvieron en una frazada y colocado sobre unas andas lo llevaron a su casa para entregarlo a la familia.

TESTIMONIO JUDICIAL

“En la ciudad de Granada a las dos de la tarde del día 13 de Enero de 1920 en cumplimiento de la sentencia de primero, segundo y tercer grado, recaídas contra el reo presente, Hilario Silva (a) ‘Cachimbón’, de 53 años de edad, casado, albañil y de este vecindario, en que se le condena a la pena de muerte por el delito de asesinato atroz con robo, cometido en la persona de Francisco Gutiérrez (a) ‘Calilla’, varón de 75 años de edad, nicaragüense de este domicilio, yo el Juez de lo Criminal del Distrito, con asistencia del Médico Forense, doctor Mateo M. Guillén; del Representante del Ministerio Público, don Camilo Lacayo y del Señor Director de Policía del Departamento, coronel Emilio Quesada y de un pelotón de ocho soldados con el oficial respectivo, procedí a llevar a efecto la pena impuesta”.

OTROS DATOS DE LA EJECUCIÓN

El reo pidió no ser vendado ni amarrado y sólo se le sujetó de la mano izquierda para que no rodara al recibir la descarga.

El cadáver de “Cachimbón” presentaba tres heridas de balas de rifle Infume en el pecho, una en la región cardíaca.

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