Durante esta semana se celebró en Cuba, la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (Noal), que es una abigarrada asociación de países subdesarrollados y de desarrollo medio, entre los cuales hay algunas democracias honorables y respetables pero también feroces dictaduras que son oprobio para la humanidad. Cabe destacar entre los primeros de esos países a la India, República Surafricana y Chile, y entre las dictaduras a Corea del Norte, Irán, Belarús y Cuba.
Aunque sus antecedentes se remontan a la Conferencia Afro-Asiática de Bandung (isla de Java, Indonesia), celebrada en abril de 1955, el Movimiento de los No Alineados se constituyó formalmente en 1961, en Belgrado, capital de la antigua Yugoslavia donde imperaba un régimen comunista independiente de la Unión Soviética y de la entonces emergente China comunista de Mao Zedong.
Precisamente, los fundadores del Noal tomaron ese nombre para distanciarse de los dos bloques que se disputaban el dominio del mundo: Los países capitalistas democráticos que lideraba Estados Unidos y estaban asociados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); y los países comunistas que comandaba la Unión Soviética y se agrupaban militarmente en el Pacto de Varsovia y económicamente en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
El propósito de los fundadores del Noal era unir a todos los países que tenían en común graves problemas de pobreza, atraso y subdesarrollo, pero sistemas económicos y políticos diferentes —desde apacibles democracias burguesas hasta sangrientas tiranías comunistas— , en la búsqueda de protagonismo en la escena internacional y oportunidad de conseguir colaboración de los dos bloques manteniéndose a una distancia política prudente respecto a las dos grandes potencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética.
Sin embargo, en la práctica el Movimiento de los Noal se limitó a proclamar una retórica antiimperialista, particularmente contra Estados Unidos, que lo único o lo que más ha unido a sus miembros. Por otro lado, el Noal sirvió para que gobernantes oportunistas se encubrieran con el manto del no alineamiento y sacaran recursos económicos de los dos bloques. Esos países se mantienen actualmente en el Noal — como miembros u observadores— a fin de cabildear apoyo para ocupar asientos en los diversos organismos de la ONU.
En realidad, a pesar de que ahora son 116 países los que forman parte del Noal y representan más o menos el 60 por ciento de los miembros de la ONU, su presencia internacional como movimiento ha disminuido notoriamente. Esto se debe en parte a que ya no existen los dos bloques encabezados por las superpotencias, que fue una de las razones fundamentales que justificaron su nacimiento y existencia. Pero más que todo se debe a que tras la desaparición de sus líderes fundadores los Noal cayeron bajo la influencia de dictaduras belicosas y despiadadas que sólo pretenden sustituir al desaparecido bloque comunista soviético en el enfrentamiento estratégico contra Estados Unidos.
En este contexto, la XIV Cumbre de los Noal celebrada en La Habana esta semana ha sido un intento de su relanzamiento, pero con la misma retórica sobre el “derecho” de cada país a darse el sistema político, económico y social que le parezca, aunque sea una despiadada tiranía como la de Lucachenko en Bielorús, la de Kim Zong Il en Corea del Norte, o la de los hermanos Castro en Cuba.
Al respecto, el líder disidente cubano Oswaldo Payá —quien vive en Cuba y es uno de los más moderados críticos al régimen castrista—, en un mensaje que dirigió a los participantes en la XIV Cumbre de los Noal les planteó justamente la siguiente interrogante: “¿Cómo puede lograrse el objetivo de que se respete el derecho de los países a escoger su propio sistema político, social, económico, y a la soberanía, si los propios ciudadanos de algunos países no pueden expresarse libremente, elegir libremente a sus gobiernos, viajar libremente y disfrutar de todos los derechos humanos, ni cambiar democráticamente el sistema político y económico, porque se sentencia como irrevocable?”