Alerta roja 5 años después del 9-11

Los atentados del 11 de septiembre convirtieron los aeropuertos en un tormento para los viajeros [doap_box title=»Pinol y queso sospechosos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El aspecto cultural también interviene en el tema de la seguridad. Algunos alimentos que en Nicaragua se consumen con naturalidad, en otros países pueden ser sospechosos. Por ejemplo, el aspecto del pinol blanco […]

  • Los atentados del 11 de septiembre convirtieron los aeropuertos en un tormento para los viajeros
[doap_box title=»Pinol y queso sospechosos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El aspecto cultural también interviene en el tema de la seguridad. Algunos alimentos que en Nicaragua se consumen con naturalidad, en otros países pueden ser sospechosos.

Por ejemplo, el aspecto del pinol blanco despertó sospechas en el Aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, por su aparente similitud con la cocaína. El pasajero, de origen español, estuvo detenido varias horas hasta que comprendieron que se trataba de la bebida típica nicaragüense.

El queso chontaleño, tan preciado por el nicaragüense que reside fuera del país, puede ser considerado material explosivo.

El nicaragüense Duilio Pacheco, con residencia en Estados Unidos, relató que en el Aeropuerto Internacional de El Salvador vio cuando una funcionaria decomisó varias libras de queso, argumentando que la textura gelatinosa era peligrosa para la fábrica de explosivos.

No todo revisan

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    Las aerolíneas de pasajeros transportan casi dos millones de toneladas de carga comercial cada año y carecen de máquinas que puedan manejar las diversas formas y contenidos de tantos paquetes. Menos del siete por ciento se somete a revisión, según la revista Newsweek.

    Desde que la policía de Manila, en Filipinas, frustró la operación Bojinka, en 1994, como se le nombró al complot para destruir 11 aviones comerciales en pleno vuelo sobre el Océano Pacífico, utilizando explosivos líquidos, el terrorismo no duerme.

    Después de sorprender al mundo con los violentos atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, los países que son blanco de estos ataques tampoco han bajado la guardia y hace sólo un mes fue descubierto en Londres un nuevo plan para derribar aviones durante el vuelo, en que también utilizarían explosivos líquidos.

    El peligro de otro ataque es latente y en los aeropuertos de todo el mundo se han visto notables mejoras en los sistemas de seguridad, pero siempre parecen insuficientes y todo indica que volar ya no volverá a ser un placer.

    Un quitaesmalte, que parece inofensivo, ahora crispa los nervios de los agentes de seguridad, porque sus componentes pueden servir para fabricar un explosivo. Los bolsos de las mujeres —que normalmente contienen productos de uso común que pueden ser explosivos— son los primeros en ser revisados.

    Los viajes se han vuelto lentos, agobiantes y las reacciones son múltiples. En general, ponen de mal humor a los pasajeros que esperan muchas horas en filas kilométricas o ven retrasados sus vuelos.

    Las pinzas, tijeras, cortaúñas, gel para el cabello, pasta dental, champú y hasta el agua para tomar ya no pueden ser parte del equipaje de mano, según las últimas medidas tomadas después de conocerse en agosto pasado el supuesto complot para derribar aviones con ruta entre el Reino Unido y Estados Unidos.

    Los controles se hacen por dos vías, según explica Antonio Arellano Vega, gerente de Operaciones del Aeropuerto Internacional de Managua. Por un lado, el equipaje y por otro el pasajero. “Revisamos que el equipaje que va en la bodega del avión no contenga mercancías peligrosas, que son muchas. En las personas, averiguamos que no lleven adherido al cuerpo ningún objeto cortopunzante o cualquier cosa que pueda ser un riesgo enorme, con el que quieran tratar de secuestrar o desviar una aeronave”, explica el funcionario.

    Pero el registro no es sólo para el equipaje y los pasajeros. También se someten a este control los empleados de los aeropuertos, la alimentación, el avión y el combustible.

    La lista va alargándose. La discusión ya no se centra en si se puede portar armas en los vuelos. Hoy, el yogurt o un jabón mojado es considerado tan peligroso como una pistola Makarov. La paranoia llegó a tal extremo que pasajeros que piden menús especiales son más vigilados.

    Ser hombre, joven y musulmán es casi un delito. Estas características encajan en el “perfil de un terrorista” y los controles son más estrictos sobre ellos. Miles de historias de abusos de los derechos humanos se ven a diario en los aeropuertos, aunque según Arellano el foco está sobre todos los pasajeros, sin excepción.

    “Es humillante”

    Rolando Arana habita en Managua y viaja con cierta regularidad a San Francisco, en Estados Unidos. Va a visitar a sus hijos y a su esposa, que residen allá. Según cuenta, antes de los atentados del 9/11, solía llevar frijoles y ron a la familia, pero estas licencias han cambiado radicalmente.

    “Me causa tristeza ver esas medidas que a uno le rompen la dignidad. Te quitan los zapatos, la faja, los ponen en una pana y las pasan por los rayos X… En esos momentos me siento frustrado, pero luego se me pasa porque voy a ver a mi gente”, dice.

    “No es agradable que te miren como criminal, soy un viejo y ¿qué (acto terrorista) podría hacer yo? Las medidas no deberían ser tan severas”, opina Arana.

    Duilio Pacheco, un nicaragüense radicado en Estados Unidos que con frecuencia está de paso por distintos aeropuertos, ha vivido y visto situaciones que a su juicio son excesivas. Por ejemplo, en el Aeropuerto Internacional de El Salvador presenció una escena en que a una madre con su hija enferma, recién intervenida quirúrgicamente, le fue decomisado todo el medicamento.

    Desde su punto de vista, los controles de seguridad son más rigurosos en los países centroamericanos. “En el aeropuerto de Managua me registraron dos veces en menos de diez metros de distancia”, señala.

    En otra ocasión se vio obligado a hacer uso, frente a los funcionarios aeroportuarios, de un spray que utiliza contra las ampollas en la boca. Tenía que demostrar que no se trataba de ninguna sustancia peligrosa.

    Trabajo de análisis

    En este tema de la seguridad no sólo interviene el uso de tecnologías avanzadas como el escáner de iris, los rayos X, un circuito cerrado de televisión para vigilancia, sensores remotos o el cribado de huellas dactilares. También entra en juego tener desarrollado el sentido común. “Este trabajo es analítico, se analizan comportamientos, gestos del rostro”, dice Antonio Arellano.

    “Si el análisis te da razones lógicas para poder sospechar que hay algo raro, tenemos que profundizar”, señala parcamente para no entrar en detalle porque también hay controles secretos imperceptibles y que las autoridades no pueden revelar.

    Los viajeros, antes de abordar una nave, deberían estar informados de todos estos aspectos del viaje. Adán Gaitán, propietario de la agencia de viajes Munditur, en Managua, considera que las páginas web de las líneas de bajo costo que ofrecen pasajes por Internet no brindan este tipo de información, un dato que debería ser considerado seriamente.

    En Nicaragua

    Aunque las terminales nicaragüenses se rigen bajo las mismas normas, la aplicación de tecnología moderna no está en el mismo nivel de los países desarrollados, porque el grado de amenaza es muy bajo, indica Arellano.

    Unos 2,700 empleados del Aeropuerto Internacional de Managua son parte de un complejo sistema de seguridad, en que también participan el Ejército, la Policía Nacional, Migración y Extranjería, la Dirección General de Aduanas, la Cancillería, Aeronáutica Civil, los Bomberos y los delegados de seguridad de las aerolíneas.

    El precio de un viaje seguro contradice la comodidad. Los pasajeros que están en desacuerdo con la minuciosidad y la frialdad con que son tratados, no tienen otra alternativa que aceptarlo con paciencia. “En definitiva es por su misma protección”, opina Arellano.

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