Hoy se recuerda con sentimientos mezclados de horror, indignación y compasión, la enorme tragedia que seres humanos cegados por el odio, el fanatismo y un entendimiento desviado de la naturaleza de Dios hicieron en contra de miles de personas inocentes hace cinco años. Los atentados del 11 de septiembre ocurrieron en un lapso aproximado de una hora. A las 8:54 a.m. y a las 9:03 a.m. se dieron los respectivos impactos contra las Torres Gemelas de Nueva York. A las 9:40 a.m. un tercer avión se estrelló contra el Pentágono —el cuartel general de las fuerzas armadas de los EE.UU. donde trabajan unas 26 mil personas— y a las 10:10 a.m. el último avión, el vuelo 93 de United Airlines, se hizo añicos sobre tierra en Jennerstown. Se cree que los pasajeros del vuelo 93 de United lucharon heroicamente contra los terroristas para recobrar el dominio de la aeronave. Un total de tres mil personas perecieron ese día. Pudieron ser más.
Es difícil olvidar las imágenes de las Torres Gemelas desplomándose a tierra. Es aún más difícil imaginar la agonía de los pasajeros. Pero lo verdaderamente incomprensible es el hecho mismo de la destrucción fría, inmisericorde y brutal de niños, hombres, mujeres y ancianos inocentes. Ninguna de las víctimas pensó que ese sería el último día de su vida. Podría haberle ocurrido a cualquier nicaragüense de los que viajan dentro de EE.UU. El terrorismo no distingue nacionalidad, raza, religión o estatus económico o político. Es irracional, carece de compasión y de remordimiento. Los terroristas dicen que pelean por una causa justa. Pero ¿qué causa justifica la destrucción de vidas inocentes? El inolvidable Papa Juan Pablo II se refirió en su momento a los atentados y dijo: “Ninguna situación de dolor, ninguna filosofía o religión puede justificar jamás una ofensa tan grave contra la vida y la dignidad humana”. El Pontífice agregó que el terrorismo es “una muestra de la ferocidad humana” y en su mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, celebrado el 1 de enero de 2002, calificó el terrorismo como un crimen contra la humanidad, “cuya pretensión de actuar en nombre de los pobres, es una flagrante impostura”.
Los terroristas dicen que sus crímenes son la voluntad de Alá. Pero Dios no ataca a personas inocentes e indefensas. En realidad, los terroristas son monstruosos asesinos. Como dijo el escritor español Javier Marías: “¿Qué tienen que ver ustedes con unos musulmanes fanatizados? Y, sin embargo, ellos se matan con tal de matarlos a ustedes y a millares más como ustedes, que no les han hecho nada ni han sabido de su existencia, que pone fin a la suya”.
La humanidad tiene derecho a defenderse del terrorismo sobre la base de las reglas morales y jurídicas disponibles. Esto es lo que está haciendo el mundo desde el 11 de septiembre. Hoy día hay más conciencia en la comunidad internacional sobre la naturaleza criminal del terrorismo y la necesidad de hacerle la guerra como un solo frente. Esta conciencia mundial ha quedado plasmada en la resolución 1373 de las Naciones Unidas por medio de la cual se creó el Comité del Consejo de Seguridad para la Lucha Contra el Terrorismo. Por mandato de esta resolución, los Estados miembros se comprometen a implementar medidas legales para combatir el terrorismo. Entre ellas, denegar refugio a terroristas, congelar sus fondos y demás activos financieros y de sus partidarios; abstenerse de proporcionar todo tipo de apoyo pasivo o activo a entidades o personas que cometan actos terroristas, asegurar el enjuiciamiento de toda persona que participe en la comisión de actos terroristas, etc. Los Estados miembros de la ONU deben informar periódicamente al Consejo de Seguridad sobre las medidas que han adoptado para contrarrestar las actividades terroristas y deben ajustar sus legislaciones para aprobar leyes antiterroristas y tipificar el terrorismo como un delito grave. Además, las naciones del mundo comparten información de inteligencia encaminada a desarticular planes terroristas. Precisamente fue así que se frustró recientemente un plan terrorista en Inglaterra para volar sobre el Atlántico varios aviones en ruta hacia EE.UU.
El 11 de septiembre el terrorismo internacional se echó al mundo encima e inició el conteo regresivo para su desaparición. Esto ha sido lo único positivo de los atentados terroristas del 2001.