El viernes de la semana pasada, al retornar a Venezuela después de una gira mundial durante la cual visitó casi sólo países dominados por dictaduras, el presidente venezolano Hugo Chávez anunció que si gana la elección presidencial del próximo mes de diciembre convocará a un plebiscito o referendo para modificar la Constitución y reelegirse una y otra vez en la Presidencia de la República. Y como lo más probable es que Chávez se reelija debido al control autoritario que tiene sobre los poderes del Estado y el acoso que sufre la oposición democrática venezolana, eso significa que Venezuela esta siendo condenado a sufrir la dictadura chavista por quién sabe cuánto tiempo.
Por otra parte, en Bolivia, el jueves de la semana pasada el partido Movimiento al Socialismo (MAS) que encabeza el presidente Evo Morales, impuso un reglamento de la Asamblea Constituyente que arbitrariamente le atribuye a ésta poderes absolutos, y además le asignó la facultad de tomar sus decisiones por mayoría absoluta (mitad más uno de sus miembros), en vez de los dos tercios establecidos por la Constitución vigente. O sea que Evo Morales y su partido están atropellando el Estado de Derecho que el presidente Evo Morales apenas hace siete meses y medio juró que respetaría y haría respetar.
Como medida de protesta contra ese avasallamiento dictatorial, la oposición democrática boliviana ha enviado una carta a la Organización de Estados Americanos (OEA), exhortándola a enviar de nuevo a Bolivia a los observadores que supervisaron la elección de diputados constituyentes celebrada en julio de este mismo año, para que “extiendan sus tareas de seguimiento al desarrollo de la Asamblea Constituyente, para contribuir a que el magno evento se realice en el marco estricto de la legalidad y la paz social”.
Ojalá que este urgente llamado de auxilio de la oposición democrática boliviana sea acogido por la OEA, puesto que los embates dictatoriales de Evo Morales no sólo atentan contra la democracia boliviana sino que también atropellan los principios de la Carta Democrática Interamericana, la cual obliga al organismo hemisférico a tomar las debidas providencias para proteger, en cualquiera de los países miembros, el sistema democrático de gobierno que todos ellos se han comprometido a preservar y defender.
Ahora bien, lo que está ocurriendo en Venezuela y Bolivia no puede ser una sorpresa para nadie. Tanto Hugo Chávez como Evo Morales no ocultaron sus propósitos de aprovechar el mecanismo democrático de las elecciones libres, con el verdadero objetivo de alcanzar el poder para establecer dictaduras populistas e izquierdistas en ambos países. Inclusive, Hugo Chávez y Evo Morales se comprometieron públicamente con Fidel Castro, acompañados por Daniel Ortega, a impulsar en toda América Latina y el Caribe la instalación de dictaduras del mismo tipo izquierdista.
De manera que lo mismo que está ocurriendo ahora en Venezuela y Bolivia es lo que hubiera ocurrido también en el Perú, si la mayoría de la población hubiera votado por el candidato extremista Ollanta Humala. Y es exactamente es lo que podría suceder en Nicaragua en el caso de que Daniel Ortega ganara la elección presidencial del 5 de noviembre, lo cual es bastante posible que ocurra gracias a que Arnoldo Alemán y el PLC le facilitaron al ex dictador sandinista —mediante una reforma constitucional—, que pueda volver a ser Presidente de la República con sólo el 35 por ciento de los votos.
Algunas personas aseguran que el regreso de Daniel Ortega a la Presidencia de la República no significa ningún peligro para la democracia de Nicaragua y la libertad de los nicaragüenses, porque el líder sandinista y sus camaradas dirigentes del FSLN han cambiado y los tiempos de ahora son diferentes a los de 1979-1990. Pero la verdad es que el discurso de Daniel Ortega sigue siendo tan agresivo e intimidante como siempre lo ha sido, y además mantiene una estrecha asociación con la dictadura comunista de Cuba y con los nuevos dictadores izquierdistas de Venezuela y Bolivia.
Así que en vez de confiar en cantos de sirena que hablan de amor y reconciliación, más bien hay que verse en el espejo de Venezuela y Bolivia pues lo mismo que está ocurriendo en esos países es lo que podría ocurrir también en Nicaragua si .