Catedral de León en 1849, cuando Squier llegó para presentar credenciales como encargado de Negocios de Estados Unidos de América, ante el gobierno de Nicaragua. Gobernaba en Nicaragua el licenciado Norberto Ramírez Áreas, con el título de Director Supremo del Estado. ()

Squier el extranjero que más conoció Nicaragua

Vino a Nicaragua en 1849 como encargado de Negocios de Estados Unidos de América. Firmó el primer tratado para construir un canal interoceánico. Después regresó y exploró todo el país. Publicó Nicaragua, su Gente, Paisajes y Monumentos, Nicaragua de Océano a Océano y Waikna, Aventuras en la Costa de La Mosquitia. La Colección Cultural de […]

  • Vino a Nicaragua en 1849 como encargado de Negocios de Estados Unidos de América. Firmó el primer tratado para construir un canal interoceánico. Después regresó y exploró todo el país. Publicó Nicaragua, su Gente, Paisajes y Monumentos, Nicaragua de Océano a Océano y Waikna, Aventuras en la Costa de La Mosquitia. La Colección Cultural de Centro América ha publicado tres obras

Apenas logró aprobar los estudios de primaria, sin embargo, cuando se trata de caracterizar su existencia, se le califica como periodista, ingeniero, diplomático, antropólogo, historiador, arqueólogo, cartógrafo, experto en asuntos hispanoamericanos y haber firmado en 1849 el primer tratado entre los gobiernos de Estados Unidos de América y Nicaragua para construir un canal interoceánico.

Ephraim George Squier nació en el pueblo de Bethlehem, Estado de Nueva York, el 17 de junio de 1821. Ejerció el periodismo en Nueva York, Connecticut y Ohio, en este Estado inició las exploraciones de ruinas indígenas que publicó en 1848 el Instituto Smithsonian. También en Nueva York realizó estudios arqueológicos que editó la Sociedad Histórica de Nueva York con el título de Monumentos aborígenes.

En 1849, el presidente Zachary Taylor lo nombró encargado de Negocios ante los gobiernos de Centroamérica. Gobernaba en Nicaragua el licenciado Norberto Ramírez Áreas, con el título de Director Supremo del Estado. El 25 de junio llega Squier a León para presentar credenciales como encargado de Negocios, estaría en Nicaragua hasta junio de 1850, estando en Estados Unidos cesó en el cargo en septiembre de ese mismo año.

INCANSABLE VIAJERO

Según el doctor Jaime Incer Barquero, Squier fue “uno de los viajeros y narradores del siglo antepasado que más contribuyó al conocimiento del patrimonio histórico, natural y cultural de Centroamérica, y en especial de Nicaragua”. “Nos legó una gran riqueza de conocimientos patrios, a través de sus abundantes escritos, ilustraciones y mapas, como ningún otro extranjero o viajero ocasional por Nicaragua lo había logrado antes,ni lo lograría después”.

Luego de haber concluido su misión como diplomático, Squier regresó a Nicaragua en 1853, viajó también a Honduras, estudiando la posibilidad de construir el canal interoceánico. En la Biblioteca del Congreso, en Washington, el doctor Francisco Xavier Aguirre Sacasa localizó tres mapas que figuran en su obra Un Atlas Histórico de Nicaragua, Colección Cultural de Centro América, Serie Histórica No. 15.

Los mapas datan de los años 1849, 1850 y 1851. El primero es sobre el río San Juan, aparecen varios puntos de referencia: el Fuerte de San Carlos, nombres de ríos y rápidos, El Castillo. El otro, aunque tiene algunos errores, se considera uno de los primeros mapas en contener los lagos de Nicaragua y de Managua, el volcán Cosigüina que aparece con el nombre de El Viejo. El tercer mapa se refiere a divisiones departamentales de Nicaragua y proyectos de rutas para comunicación interoceánica. Señala el doctor Aguirre Sacasa que en el mapa, San Juan del Norte aparece con el nombre de San Juan de Nicaragua, contrario a las publicaciones de la época en que se le conocía como Greytown.

En la década de 1850, Squier se interesó más por la arqueología, continuando los estudios que inició en 1849, cuando descubrió los primeros ídolos en la isla Penzacola conocida ahora como La Marota, donde le habían dicho que había unas “piedra antiguas”. A la isla Zapatera llegó el 6 de diciembre de 1849. Las figuras de ídolos encontrados fueron plasmados por el dibujante que le acompañaba y que se pueden comparar con los que están en el Convento de San Francisco en Granada y que estuvieron en el llamado Patio de los Ídolos del Colegio Centroamérica.

En 1981, el doctor Jorge Eduardo Arellano publicó la obra La Colección Squier-Zapatera, título sugerido por el doctor Emilio Álvarez Montalbán, con prólogo de Pablo Antonio Cuadra. La obra rescata el recuerdo de los viajeros y exploradores cuyos nombres están relacionados a esta colección, igual que la extraordinaria labor de los sacerdotes jesuitas, entre ellos Manuel Ignacio Pérez Alonso y Bernardo Ponsol. Aparecen fotografías de las expediciones, las tomadas de los ídolos por Mariano Miranda, el padre Manuel Otaño y Ulrico Richters.

PRIMERAS TRADUCCIONES

Las obras de Squier son de necesaria referencia para estudiar nuestra identidad nacional, su aporte para el conocimiento de Centroamérica, en especial de Nicaragua, son cita de muchos otros escritores, historiadores y geógrafos, sin embargo fue hasta en 1970 que se hizo la primera traducción al español, a cargo de Luciano Cuadra Vega, editó la obra la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), del Consejo Superior Universitario de Centroamérica (CSUCA). Una segunda edición apareció en 1972.

En 1981 se publicó la obra La Colección Squier-Zapatera, del doctor Jorge Eduardo Arellano. En los años posteriores apareció una nueva edición publicada por la Editorial Nueva Nicaragua. En 1999, al cumplirse el 150 aniversario de la llegada de Squier a Nicaragua, la Biblioteca Doctor Roberto Incer Barquero, del Banco Central, publicó una edición conmemorativa con el título de Nicaragua en el Siglo XIX Vista por E. G. Squier.

DE OCéANO A OCéANO

Ahora la Colección Cultural de Centroamérica del Grupo Financiero UNO edita tres obras de Squier. Nicaragua de Océano a Océano, junto con Nicaragua, Su Gente, Paisajes y Monumentos, son las dos principales obras de Squier sobre nuestro país. Recogen los años que estuvo como diplomático y los viajes que realizó cuando regresó en carácter personal. La obra contiene el texto original en inglés, con el título “Nicaragua an exploration ocean to ocean”, la traducción al español es de Luciano Cuadra Waters (sobrino de Luciano Cuadra Vega) y Lilliam Levy Guevara.

Cinco conocidos historiadores nicaragüenses tuvieron a su cargo la semblanza de Squier. Francisco Xavier Aguirre Sacasa se refiere al embajador erudito. Jaime Incer Barquero, Squier el viajero y explorador. Jorge Eduardo Arellano, el arqueólogo. Jimmy Avilés Avilés, costumbres nicaragüenses. Ligia Madrigal Mendieta, un enfoque histórico de mentalidades. Además hay una introducción de Jaime Incer Barquero, en su calidad de presidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, dando datos biográficos, sus viajes por Centro América y Perú donde desempeñó un cargo nombrado por el presidente Abraham Lincoln.

Squier inicia su obra Nicaragua Una Exploración de Océano a Océano, refiriéndose a El Castillo, el viejo fuerte del río San Juan, luego de haber desembarcado en el puerto de Greytown, bajo ocupación de tropas inglesas, sin embargo, refiriéndose al poblado, Squier se refiere a San Juan del Norte. Hace un relato del viaje sobre el río hasta llegar a San Carlos, para después navegar en el lago de Nicaragua y desembarcar en Granada, donde subió al volcán Mombacho.

Cuenta a su paso por Masaya, cómo las mujeres llamadas “aguadoras” iban a traer el agua a la laguna y describe el volcán Masaya o Nindirí. Su acuciosidad le hace referirse a las crónicas de Oviedo, en su visita de 1529. Cuenta su llegada a Managua, actuando con respeto a las costumbres del país, ganándose la simpatía y buena voluntad de la gente, evitando incómodas situaciones, que al decir de Squier, provocaban en los diarios norteamericanos titulares como “¡Ultrajan a ciudadanos americanos!”

Squier conoció el centenario árbol de genízaro de Nagarote, expresando que “no hay viajero, tropas de soldados o hatajo de mulas que pasen por Nagarote sin detenerse a disfrutar de su generosa sombra”. Agrega que los muleros y carreteros preferían acampar bajo el genízaro que hacerlo en las chozas del pueblo infestadas de pulgas. Detalla su impresión ante la Catedral de León, las costumbres son detalladas desde el ambiente de la gallera, las procesiones, el entierro de una jovencita y los paseos al mar, a los que llama una especie de carnaval o visita anual al Pacífico, era el festival de San Cupido. Termina el relato en el puente de El Realejo.

Las cinco semblanzas de Squier por Francisco Xavier Aguirre Sacasa, Jaime Incer Barquero, Jorge Eduardo Arellano, Jimmy Avilés y Ligia Madrigal Mendieta, permiten entender la vida y obra de Squier. Al abordar cado uno diferentes aspectos, dan en su conjunto el estudio más completo que se haya publicado

La Colección Cultural de Centroamérica, Serie Viajero, también publicó las obras de Squier Apuntamientos Sobre Centroamérica, Honduras y El Salvador, traducción de León Alvarado y Waikna, Aventuras en la Costa Mosquitia, traducción de Lilliam Levy Guevara, José Francisco Buitrago y Jorge A. Fiedler. En el primer libro, el autor señala que se trata de un estudio sobre la geografía, topografía, clima, población, riqueza, producciones, etc., de ambos países, contiene notas actualizadas del doctor William V. Davison; la introducción es de Jorge Eduardo Arellano, colaboraron además de éste, Jaime Incer Barquero y Francisco Arellano Oviedo, coordinó la edición la licenciada Marcela Sevilla Sacasa.

SQUIER EN BLUEFIELDS

Bajo el seudónimo de Samuel A. Bard, publicó Squier en 1855, su novela Waikna, Aventuras en la Costa de La Mosquitia. El texto de la obra original “Waika; adventures on the Mosquito shore”, fue facilitado por el doctor Jorge Eduardo Arellano. Se desarrolla en la región del Caribe de Nicaragua y Honduras, a lo largo del río Wangki o Coro.

Según la presentación del libro por el doctor Ernesto Fernández Holmann, presidente de Colección Cultural de Centroamérica – Grupo Financiero UNO, “un objetivo claramente perseguido por el autor fue presentar a los miskitos, no como una nación organizada y soberana, según pretendían justificarla las autoridades inglesas, sino como una comunidad trival, de costumbres primitivas, no obstante los altisonantes títulos y uniformes que los británicos confirieron a los jefes miskitos, suplementándolos además con garrafas de ron, buscando menoscabar y controlar la voluntad de los aborígenes. Squier aprovechó la circunstancia para describir con ironía esta práctica desafortunada de los indígenas de aquella época”.

A partir del capítulo tres, Squier califica la ciudad de Bluefields, de ciudad imperial, por ser la residencia del Rey Mosco; a su llegada era George William Clarence. Además de Bluefields con unos 500 habitantes, estada Carlsruhe, restos de una colonia que quisieron establecer inmigrantes de origen prusiano y que para la llegada de Squier quedaban tres o cuatro. Entre los lugares que visitó estuvo Laguna de Perlas y hace un relato sobre los indios ramas.

Cuenta el doctor Jaime Incer Barquero que los escritos, folletos, mapas, proyectos y correspondencia de Squier fueron adquiridos por el historiador Huber Bancroft, quien utilizó el material para escribir su Historia Universal. Parte, sin embargo, está en la Biblioteca Bancroft de la Universidad de California, en Berkely, sin que todavía se dé a conocer, ningún gobierno de Nicaragua se ha interesado en su contenido.

Triste fue el final de Squier. En 1874 sufrió una tremenda decepción, cuando su esposa a la que tanto amaba lo abandonó por el editor del periódico en que él trabajaba. Su depresión llegó al extremo de la demencia, terrible para un hombre cuya claridad de pensamiento dejó un legado que es parte de nuestra identidad nacional. Falleció en Brooklin, Nueva York, el 17 de abril de 1888, a los 67 años de edad. No pude establecer dónde está sepultado.

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