El Banrural de Guatemala, a diferencia del resto de bancos del sistema financiero guatemalteco, tiene sucursales en todos los rincones de ese país. (LA PRENSA/ JORGE CASTILLO/PRENSALIBRE)

Banrural de Guatemala, un espejo para vernos

El debate sobre la creación de un banco de fomento abre las puertas para analizar otras experiencias, como este modelo poco tradicional para un banco comercial [doap_box title=»La historia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Banrural S.A. inició operaciones el primero de enero de 1998, con base en el Decreto 57-97 (Ley de Transformación del Banco Nacional de Desarrollo […]

  • El debate sobre la creación de un banco de fomento abre las puertas para analizar otras experiencias, como este modelo poco tradicional para un banco comercial
[doap_box title=»La historia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Banrural S.A. inició operaciones el primero de enero de 1998, con base en el Decreto 57-97 (Ley de Transformación del Banco Nacional de Desarrollo Agrícola-Bandesa) aprobado por el Congreso de la República de Guatemala.

Su creación se dio a partir de la transformación del Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (Bandesa), de capital estatal.

Pese a su nombre, Banrural también ha otorgado crédito a la pequeña y mediana empresa, a intermediarias financieras, de consumo y corporativos. Los créditos de Consumo y Construcción son los de mayor peso, según la Superintendencia de Bancos de Guatemala.

Según Congcoop, Banrural es la única institución que se ha dedicado a satisfacer la demanda del crédito rural, a través de mecanismos no convencionales, atender el crédito rural sin descuidar la garantía de pago y sus costos de operación.

¿Banca de desarrollo?

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Enviado Especial

Ciudad de Guatemala. — La falta de crédito para el sector rural es un problema agudo, no sólo en Nicaragua sino en la región centroamericana. Todos los países, a excepción de Costa Rica, comparten un denominador común: la desaparición de la banca estatal, que algunos consideraron banca de desarrollo, aunque otros simplemente la ven como una banca comercial con capital estatal.

En Guatemala, la desaparición del banco estatal dio lugar a una sociedad mixta que diez años después sigue buscando cubrir la falta de crédito impulsando un modelo expansivo del crédito, que si bien tiene características comerciales, ha llevado el financiamiento a lugares donde ningún banco privado ha querido llegar. Es la experiencia del Banco de Desarrollo Rural, Banrural S.A., de Guatemala.

El nacimiento del Banco Rural se dio como resultado de la privatización del Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (Bandesa), fundado en 1970, cuya función original se desvirtuó hasta llevar a la quiebra al banco. El proceso de privatización culminó en 1998 y a partir de entonces el Banrural ha funcionado como un banco comercial con características particulares.

Banrural es una sociedad mixta donde el capital estatal varía entre el 20 y el 30 por ciento, siendo el restante porcentaje de origen privado, explicó Serguéi Walter, asesor económico del banco.

Se conformó con la participación accionaria, aparte del Estado, por múltiples sectores como movimiento cooperativo, organizaciones mayas, garífunas, xincas y campesinas legalmente reconocidas, organizaciones no lucrativas, asociaciones, federaciones o grupos de empresarios de la micro, pequeña y mediana empresa, ex trabajadores de Bandesa, organizaciones de mujeres legalmente reconocidas, explicó Luis Noel Gramajo, en su libro De dependencia de subsidios a repartición de dividendos, revirtiendo la tendencia en finanzas para el desarrollo, que explica el caso de Banrural de Guatemala.

Esta estructura le ha permitido conformar un Consejo de Administración integrado por representantes de diferentes sectores: sector público (nombrados por los ministerios de Agricultura y Ganadería, el de Finanzas Públicas y el de Economía), representantes del sector privado de cada uno de los sectores que componen el capital privado, y representante de los ex trabajadores del Bandesa. Esta participación privada le ha dado una mayor disciplina a las operaciones del Banco, afirma Alfaro Gramajo.

Aún cuando hay presencia del Estado, el banco opera comercialmente con una tasa de morosidad reducida, menor del tres por ciento, agrega Walter.

La idea ha sido revertir el concepto que se creó con la banca de fomento, de que el pequeño productor no era sujeto de crédito o que estaba acostumbrado a que el crédito era regalado.

El primer planteamiento fue revisar el enfoque con que operaría el nuevo banco, el cual estaría enfocado hacia los pequeños productores agropecuarios “y tomamos una decisión aventurada”, afirma Serguéi Walter.

De esta forma enfocaron el banco hacia los lugares donde el crédito no llegaba, es decir hacia el interior, pero con una visión de banca privada, “sin subsidiar a nadie”, con las tasas de interés del mercado, las condiciones del mercado.

BANCARIZAR EL SECTOR RURAL

Educar a la gente en el uso del crédito es una tarea difícil, afirma César García, ex presidente de la Asociación de Bancos de Guatemala, quien sostiene que uno de los principales retos de los bancos de la región es “bancarizar” a la gente. Un término que según él es clave en el uso de los recursos bancarios.

Esto según él es hacer que los sujetos de crédito puedan utilizar el crédito como una herramienta para su propio desarrollo y no depender de él solamente para tener capital. Es decir crear una cultura de crédito.

Un punto en el que Banrural ha avanzado algo “de manera consistente”, afirma García, quien considera que la banca debe avanzar en este sentido.

Un paso delante de Banrural es precisamente su cobertura a nivel nacional, principalmente en las áreas rurales. Es decir, mientras los bancos concentran sus créditos en las áreas urbanas, Banrural se expandió hacia el sector rural, “siempre hemos mantenido una relación de 80 por ciento de sucursales en los departamentos y 20 por ciento en las ciudades”, explica Walter.

Al mismo tiempo agrega que se impulsó un esquema descentralizado en el que las mismas entidades de los departamentos tuvieran la capacidad de tomar decisiones y otorgar créditos sin necesidad de ir a hacer las gestiones en la capital.

Además, la idea del banco desde el principio, era otorgar créditos por encima de la captación de ahorro, diferente del resto del sistema. “Decidimos que nuestro producto líder era el crédito. Entonces, que en lugar de llegar a las comunidades a pedir sus ahorros, les llegamos a dar crédito”, aunque siempre han captado ahorros del público, señala el asesor del Banrural, Seguéi Walter.

Banrural no es un banco de fomento, aclara, pero mantiene tasas de interés menores a las del resto del sistema, aunque ese no es el principal parámetro para medir el alcance del banco “son tasas competitivas, no subsidiadas, no regaladas y esperamos que la gente pague siempre”, refiere.

Fuentes vinculadas al sector agropecuario guatemalteco consideran que parte del éxito en la recuperación de la cartera del banco, es que han logrado una mayor vinculación con la gente en las propias localidades, de forma que conocen a la gente sujeta de crédito, avalados por la misma gente de la comunidad. Es decir que el crédito se otorga a partir del conocimiento que existe del potencial cliente.

Por otro lado, el desarrollo de las organizaciones del sector agropecuario ha establecido una dinámica diferente, dirigida a aprovechar mejor los recursos. De tal forma que según Luis Navarro, de Desarrollo Cooperativo de Guatemala, las cooperativas se han transformado con una visión más empresarial, con vistas a incursionar en mercados internacionales.

Vacío persiste

No obstante, organizaciones del sector rural cuestionan el vacío de financiamiento que existe para el sector rural del país y consideran que el banco rural es un banco comercial como cualquier otro más, lo cual no cubre las demandas del crédito a los pequeños productores, afirma Byron Garroz, de la Coordinación de ONG y Cooperativas de Guatemala (Congcoop).

“De un lado al constituirse como banca privada, lucrativa, sí había una apuesta a los negocios, al lucro y prácticamente sí se abandonó a los pequeños productores y se verían como fondos que no serían recuperados fácilmente”, agrega.

De esta forma las expectativas que había con respecto a Banrural desaparecieron al convertirse éste en un banco comercial con fines de lucro, siendo difícil “conciliar los intereses lucrativos con los de desarrollo”, afirma Garroz.

Por otro lado Banrural cuenta con fondos de fideicomiso procedentes del Fondo de Tierra de Guatemala, una institución que busca dar respuesta al problema de tierra de pequeños productores.

Sin embargo, este fondo tiene un alcance muy limitado, ya que según Gilberto Atz, coordinador del Comité Campesino del Altiplano, afiliado a la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC de Guatemala), los trámites para tener acceso a estos créditos son demasiado engorrosos y lleva demasiado tiempo para ser aprobado. No obstante, según él, ésta no es una prioridad del banco.

Pero pese a todo, la cartera agrícola del Banrural es la más grande del sistema financiero guatemalteco, con 86.4 millones de dólares de una cartera de crédito agrícola y ganadero, de 221.3 millones, es decir el 39 por ciento.

Además, la cartera total de crédito también es la más alta del sistema con 787.6 millones de dólares de un total de cartera de 4,535.2 millones de dólares, equivalentes al 17.36 por ciento de la cartera total, de un total de 27 bancos que componen el sistema.

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