- Cada vez más escuelas regulares están incorporando en sus aulas a niños con capacidades diferentes. La lucha ha sido difícil, por los prejuicios de los adultos y la falta de fondos. A la fecha, 926 escuelas del MECD desarrollan una educación inclusiva donde hay 5,067 niños con discapacidades
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Ríen, se comunican, comparten, se desarrollan… aprenden. En un salón de educación inclusiva, todos los niños hacen las mismas actividades y solamente viendo con detenimiento es que se puede detectar cuáles niños poseen capacidades diferentes. Para los profesores y entre compañeros, todos son iguales.
La educación inclusiva, está tratando de instalarse en Nicaragua desde la década de los noventa, con el fin de lograr una educación para todos, tomando como principio el derecho humano a la educación.
Sin embargo algunos niños no logran culminar sus estudios por razones de salud y otros por los prejuicios que existen hacia las personas con discapacidad.
LUCHANDO POR ESTUDIAR
María, como llamaremos a una joven de 16 años con síndrome de Down, no logró concluir su secundaria por esta enfermedad, pero hizo respetar su derecho humano a la educación y logró despertar el apoyo de sus compañeros de clases.
Quienes estuvieron apoyando a María cuentan que pese a la intención de la directora de sacarla del colegio donde estudiaba, por miedo a que la gente creyera que la escuela “era un centro para niños discapacitados”, logró continuar sus estudios y alcanzó a cursar el segundo año de educación secundaria.
Alison Baltodano Monterrey, de seis años, también padece el síndrome de Down y estudia el tercer nivel de preescolar en un centro educativo regular. Su madre Myriam Monterrey, comenta que buscar una escuela para su hija fue una tarea difícil.
“No me la aceptaron en una escuela pública, y tuve que andar intentando en otras escuelas donde también nos cerraron las puertas para que la niña estudiara, hasta que afortunadamente la aceptaron en un centro privado”, relata Monterrey.
Asegura que la educación inclusiva ayuda a los niños con capacidades diferentes a desarrollar sus habilidades. “Lo que pasa es que los niños, aunque tengan algún tipo de discapacidad, miran a su alrededor y conviven con otros niños, entonces les dan ganas de hacer lo mismo que los demás niños”, argumenta.
QUITANDO BARRERAS
El Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) tiene 926 escuelas que desarrollan la educación inclusiva. Según Elizabeth Baltodano, directora de Educación Especial, para considerar que una escuela es inclusiva debe haber apertura, aptitudes del claustro docente, adecuación de la infraestructura y deben estudiar ahí niños con capacidades diferentes.
El Ministerio de Educación recibe apoyo para la construcción de escuelas y de acuerdo a Baltodano, desde hace dos o tres años se están considerando las normas establecidas en la Ley 202 y las normas de accesibilidad.
“La infraestructura no es tanto el problema, porque hay estrategia para adecuar el medio, así como el currículo, para facilitar el acceso a los alumnos con discapacidades. Es más cuestión de actitudes y de encontrar, innovar y buscar las soluciones para facilitar y permitir el acceso a la educación”, considera Baltodano.
Señala que la adecuación en infraestructura muchas veces se trabaja con las municipalidades, los colegios o delegaciones y que en la tarea de lograr ampliar la educación inclusiva destaca el apoyo de los organismos no gubernamentales.
Una de las limitaciones para la adecuación de las escuelas es el poco presupuesto con que cuenta el MECD. Este año el presupuesto para educación especial fue de 24 millones de córdobas.
“Por mucho que querramos, la educación inclusiva no puede abarcar todos los ámbitos de la educación. Primero porque además de la infraestructura se necesita la gente adecuada para trabajar con los que tienen capacidades diferentes”, indica Miguel Ángel García, ministro de Educación.
Añadió que existen otras limitaciones, y remarca la actitud y vocación. “El principal problema nuestro no es la infraestructura ni los libros. El principal problema es gente que tenga el carisma, la vocación, el amor de trabajar con esos niños. Honestamente no es un problema de plata, es un problema de actitud”, dice.
García ya recibió el techo presupuestario para el próximo año y lamenta que apenas tenga un incremento de 230 millones de córdobas para infraestructura y gastos corrientes. “Si no tuviéramos la ayuda de Japón, el FISE (Fondo de Inversión Social de Emergencia) y otros organismos, Nicaragua colapsaría desde el punto de vista de su infraestructura”, sostiene.
Al ser consultado sobre la adecuación a la infraestructura, responde: “A veces algunas preguntas son muy cristianas, sólo Dios sabe la respuesta. Cuándo Nicaragua va a tener rampas en todas las escuelas, honestamente no sé”.
LA MURALLA DE LA ACTitUD
Al igual que el ministro de Educación, la pequeña Alison Baltodano ve como la mayor limitante la actitud de los adultos, porque indica que en el caso de los niños, ellos desarrollan rápidamente la solidaridad con sus compañeros de clases.
La directora de Educación Especial afirma que los 435 docentes de educación especial están capacitados y en el caso de los maestros de educación regular calcula que se llega a la totalidad con contenidos de educación especial, porque han capacitado a los 1,050 técnicos municipales y departamentales en temas de educación inclusiva.
Sin embargo, algunos consideran que no todos los docentes han logrado el cambio de actitud que requiere la educación inclusiva.
“Cuando la niña empezó a estudiar, todo parecía que iba por buen camino, excepto que la profesora me la ponía a jugar, la entretenía, pero no le enseñaba, y para rematar, después noté cómo la maestra no la quería atender”, cuenta Monterrey, quien este año matriculó a Alisson en otro centro educativo.
Indiana Fonseca, de la Asociación Nicaragüense para la Integración Comunitaria (Asnic), coincide con el MECD. “Son las barreras de actitud. Aunque las personas piensen que la discriminación es cosa del pasado, nuestros niños con capacidades diferentes siguen siendo víctimas de la exclusión”.
Agregó que conoce casos, en los que padres de familia, principalmente en Managua, creen que el síndrome de Down se pasa de un niño a otro, lo que aumenta la exclusión.
EL EJEMPLO
De acuerdo a datos de la Dirección de Educación Especial, se ha dado una reducción en la matrícula de las escuelas especiales y un incremento de los niños con capacidades diferentes en las escuelas regulares.
Según Elizabeth Baltodano, directora de Educación Especial, a nivel nacional hay departamentos donde hay más escuelas inclusivas. Afirma que los que destacan son la zona norte del país, Carazo y Rivas, por el crecimiento de la matrícula de niños con capacidades diferentes en las escuelas regulares.
En Managua, el Centro Educativo Francisco Morazán es uno de los más accesibles, y este año atiende a más de cuarenta niños con capacidades diferentes.
Según Baltodano hay 5,067 alumnos con discapacidad registrados en escuelas regulares, pero remarca que es una debilidad en Nicaragua no ir registrando todo por otros factores: falta de recursos, internet. “Hay más niños integrados y no los reportan”, asegura.
UNIVERSIDADES DEBEN PREPARARSE
La cifra de menores de edad en el sistema de educación inclusiva aumentó de 2,506 en el 2005 a 5,067 en el 2006, de los cuales sólo 65 con capacidades diferentes se encuentran dentro del sistema escolar en secundaria.
Baltodano previene a las universidades que pronto deberán trabajar en la adecuación de sus instituciones para impartir una educación inclusiva, porque el MECD desde hace tres años abrió la secundaria para sordos y ellos deberán asumir el reto de garantizar la continuación de los estudios de estos jóvenes.
Además, reconoció el apoyo que dan las universidades al MECD para impulsar la educación inclusiva, y puso el ejemplo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, que imparte Pedagogía con mención en Educación Especial.
LA DIFERENCIA
María Lucía Madrid Sartoretto, consultora de la Federación Nacional de Asociaciones de Síndrome de Down y directora de la red de escuelas públicas de Caxias do Sul, Brasil, en su artículo Lo cotidiano de la escuela inclusiva, explica que “en un salón inclusivo las tres conductas importantes de la educación tradicional: hacer silencio, trabajo individual y prestar atención al profesor, son sustituidas por la palabra, el trabajo solidario y en grupo, y por la asignación de tareas”.
Añade que “no son los alumnos los que deben prestar atención al profesor, más bien es el profesor el encargado de prestar atención al alumno”.
ESCUELAS ESPECIALES
Para la directora de Educación Especial, Elizabeth Baltodano, el futuro de escuelas especiales como el “Melania Morales”, es atender a niños con discapacidades severas, que están mejor atendidos en este tipo de escuelas.