- Si la memoria es la capacidad de conservar conocimientos, ideas e impresiones adquiridas en tiempos pasados, lo natural en el ser humano es rebelarse contra el olvido que destruye y mata añoranzas e ilusiones. En batalla de altibajos para que no mueran sus recuerdos encontramos a esta dama de 101 años
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Se empecina la maestra Elba Pastora Molina en recordar. Su expresión es de felicidad cuando atina a describir con exactitud vivencias de su pasado, cambia a una sonrisa de resignación sí, tras el esfuerzo mnemónico, las precisiones huyen para esconderse tras espesa bruma.
“Yo nací en 1905” declara, pero fracasa al recordar la fecha y en determinar la edad que ahora tiene. “Pero recuerdo perfectamente a mis padres, él se llamaba Juan de Dios Pastora y ella, mi madre, Angélica Molina”.
La casa de esta adorable maestra está situada en la zona central de Rivas, muy cerca de la parroquia. Nos recibe sentada en su silla de ruedas, pues ya casi no puede valerse de sus piernas, nos da la bienvenida con afabilidad y muestra alegría ante nuestra inesperada visita.
EL TIEMPO ES RELATIVO
Aquí en Rivas todo mundo la conoce. Bastó preguntar a dos personas para tener la dirección exacta de su casa…Pero, dígame, ¿Es usted rivense?
No, mis padres eran de Estelí. Yo nací en Estelí. Pero se me olvidó la fecha… A ver… A ver, quiero recordar. ¿En qué año nací mi hijita? (Busca el apoyo de la hija presente).
En 1905, responde la hija.
¡Ahhh! Sí, en 1905. ¿Está bien lejos eso, verdad?
— Pues ni tanto… El tiempo es relativo, sólo existe en la imaginación de los hombres, según dice Nietzsche.
Así es, y uno es joven mientras no se sienta viejo. Lo que sí no olvido es que celebro mi cumpleaños el 19 de marzo, el día de San José.
¿Y por qué no le pusieron sus padres el nombre de Josefa o Chepita en lugar de Elba?
Porque ya había una Chepita en la casa. No podían haber dos Chepitas. Se quedó esperando San José con su varita florida.
Hijos “escogidos”.
¿Cuántos hermanos tuvo?
Tuve seis hermanas. Creo que puedo recordarlas. Pero me deben ayudar. La mayor era Fidelina, la que sigue es Chepita, después sigue Amanda, que yo no sé si la Amanda murió… Sigue otra y después voy yo. Total éramos seis mujeres y siete varones.
¡Chófiro! ¿Por qué la gente de antes tenía tantos hijos?
Sencillo. Porque les gustaba tener mucha prole para que les dieran servicio. Pensaban que al llegar a viejos los hijos se harían cargo de ellos. Hubo familias que de antemano señalaban al hijo o a la hija que los cuidaría en su vejez… Si era una hija la dejaban solterona. Pero en mi familia todos los hijos trabajaban. Mis padres nos dieron educación a todos y no hubo ese problema.
¿Cuál era la profesión de sus padres?
Él era comerciante ganadero, ella era señora de su casa. Eso quería decir que no salía de la casa y que le correspondía hacer todos los oficios y mandar a la servidumbre si la tenía.
¿Me imagino que sus padres formaron un matrimonio muy católico?
Sí, eran muy católicos. A todos nos criaron dentro del temor a Dios y bien alimentados. Todos los hijos eran saludables, enfermos no hubo ninguno.
DOÑA CHEPITA AGUERRI
¿Qué estudios hizo usted?
Yo quería estudiar bachillerato pero mi papá no quiso porque decía que las bachilleras tenían la creencia que estaban sobre los demás. Que eran muy creídas.
¿Y al fin qué logró estudiar?
Estudié magisterio en la Normal de doña Chepita de Aguerri, en Managua.
¿Conoció, pues, a doña Chepita?
Sí. Era una persona muy inteligente y muy capaz. Como maestra era muy recta y comprensiva. Quería mucho a sus alumnas.
¿Cómo era físicamente?
Era muy hermosa, hermosísima. Cuando yo la conocí era joven, eran varias Aguerri… Todas eran jóvenes.
¿Y qué recuerda de sus compañeras de estudio?
(Se esfuerza por recordar) No me acuerdo de verdad… Fueron varias… De los departamentos venían muchachas a estudiar a la Normal. Déjeme ver… Déjeme ver… No, no recuerdo los nombres.
POR EL CINE SALAZAR
¿ Cuánto tiempo dio clases?
Muy poco tiempo, porque ahí no más empezó la guerra y entonces todo el mundo zarpó para su casa.
¿ Dónde desempeñó el magisterio?
En Managua, allí en el liceo también.
¿Regresó usted a Estelí después de impartir clases?
No, ya me quedé en Managua.
¿En Managua vivió el resto de su vida?
Todo el resto de mi vida, todavía vivo allí. En aquel tiempo vivía por el cine Salazar. Ese cine quedaba detrás de Catedral.
¿Por el barrio La Bolsa, entonces?
No, por el Salazar, cuando el terremoto la casa se averió. Esa casa quedó dentro de una zona que declararon prohibida, era parte de los escombros.
Entonces… ¿Cómo vino a dar aquí a Rivas?
De paseo, porque aquí viven un montón de familiares. Todos los de aquí son familia, yo los vengo a ver y a estar con ellos.A estar con ellas su ratito y entrar en grandes platiconas.(Sonríe) Hablamos de todo y de todos. Hablamos de lo que sea.
SOLTERÍA A GUSTO
¿Tiene nietos?
No, ni soy casada, ni enamorada, ni nada.
¿Y por qué? ¿Por qué ese gusto de quedarse soltera?
Porque no me convenía aunque tuve bastantes enamorados.
¿Cómo cuántos?
Tuve bastantes.
Y qué le aconseja a las muchachas de ahora, que se casen, que tengan muchos enamorados o que se queden solteras como usted?
Muchas se están quedando solteras hoy en día. No les gusta el matrimonio, no tienen ganas de casarse, a lo mejor los hombres no son recomendables. O son mujereros, o son haraganes, o son bolos. De cien tal vez uno sale bueno.
¿Y qué tal ser soltera? ¿Se sintió feliz sin un hombre a su lado?
Siempre. Nunca quise tener marido. No. Si aquí estoy feliz, siendo joven gocé mi vida, montaba a caballo, iba a bailes y bailaba muy bien. Vivía manejando mi finca allá en Estelí. (Interviene la hija) ¿Quiénes le quitaron esa finca?No sé, los mismos de Estelí. Los sandinistas (insiste la hija).No sé. No lo recuerdo.
DON ANICETO RODRÍGUEZ
¿Y después de eso se volvió a Managua?
Me volví a Managua.
¿Usted era de las maestras que contaban cuentos a sus alumnos?
No, no me gustaba contar cuentos.
¿Pero trataba muy bien a sus alumnos?
Era muy severa. Pero ahora me lo agradecen. Tenía mis alumnos, alumnos varones y algunas mujeres.(La hija muestra una vieja fotografía donde aparece la señorita Elba bailando con un caballero).
¿Usted conoce a las dos personas que están en ese retrato?
Sí, soy yo y don Aniceto Rodríguez. Ahí estamos bailando. Era muy bailarina de jovencita.
¿Qué bailaba, bolero?
Todo, todo lo que había en esa época, bolero, tango, guarachas, de todo.
Parece que usted bailaba mucho con don Aniceto, lo veo sospechoso. En la foto se ve que era hermosa y bonita.
(Sonríe con rubor). Me alegra saber eso.
Estaba más que bien, damita apetecible.
Vaya qué bien, parece piropo
Lo es. ¿Y la salud cómo está?
Pues no padezco de nada. Salvo que me caí y me fracturé la pelvis.
¿Y cómo fue que cayó?
Ya casi no recuerdo cosas… ¿Verdad?
¿Cuál es la persona que más recuerda y qué quisiera que no se borre de su mente?
Casi todos los que quiero han desaparecido, han muerto. Pero todos andan en mi mente. Yo lucho para no olvidarlos.