La semana pasada se celebró en Tegucigalpa, Honduras, la XV Conferencia Centroamericana y de República Dominicana de Partidos Políticos. Al evento asistieron diputados al Parlamento Centroamericano (Parlacen) y representantes de más de 20 instituciones políticas, incluyendo invitados especiales de Venezuela, Taiwán, Cuba y México, según informó un diario de Tegucigalpa.
El tema dominante de dicha conferencia fue el proceso de integración de la región. En este sentido cabe destacar la decisión de la Unión Europea de apoyar con fondos y recursos de su ayuda a la región, sólo a los países miembros del Parlacen. De igual manera, la Unión Europea tampoco apoyará en Suramérica a países que no estén integrados al Mercado Común del Sur (Mercosur). Costa Rica no es miembro del Parlacen, de tal manera que a corto plazo ese país tendrá que tomar una decisión sobre su integración. Históricamente, Costa Rica ha sido reticente a la integración centroamericana. De ahí que la Unión Europea utilice mecanismos de presión como éste para que los centroamericanos y suramericanos hagan de una vez por todas los esfuerzos necesarios para que la integración de estas regiones deje de ser un simple discurso político y se haga una realidad.
En la actualidad, el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) —integrado por los cinco países centroamericanos y Panamá— es el marco institucional de integración regional (Arto. 2 del Protocolo de Tegucigalpa). Su marco jurídico fue desarrollado principalmente en el Protocolo de Tegucigalpa, que en su Arto. 3 inciso “e” y “f” define entre sus objetivos: “Alcanzar una unión económica” y “Fortalecer la región como bloque económico para insertarlo exitosamente en la economía internacional”. El SICA es la culminación de un largo proceso que se remonta a la época de la Colonia. En efecto, después de la Independencia (1821), Centroamérica como región se anexó brevemente a México y luego optó por convertirse en una federación cuya Constitución fue promulgada el 22 de noviembre de 1824. Sin embargo, el proyecto no fue implementado por reservas relativas a la soberanía de los Estados miembros y a la falta de consenso respecto del funcionamiento específico del gobierno federal.
En 1907 se firmaron en Washington los Tratados de Paz y Amistad que dieron origen a la Corte de Justicia Centroamericana. El 14 de octubre de 1951, los países centroamericanos —a excepción de Panamá— firmaron la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA) buscando una integración regional que favoreciera la cooperación económica, social y técnica. (Se creó asimismo la Corte de Justicia Centroamericana y un Consejo Económico) y en 1960, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua firman el Tratado General de Integración dando paso a la formación del Mercado Común Centroamericano. Se creó la Secretaría Permanente del Tratado General de Integración Económica Centroamericana (SIECA) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
La guerra de 1969 entre El Salvador y Honduras, las guerras civiles que prevalecieron en Centroamérica en los años setenta y ochenta y, sobre todo, la instauración del régimen sandinista de orientación marxista en julio de 1979 en Nicaragua, retrasaron sensiblemente los esfuerzos integracionistas. Sin embargo, las cumbres de presidentes de Centroamérica conocidas como Esquipulas (1986-1990) resultaron en la creación de la Reunión de Presidentes y el Parlamento Centroamericano favoreciendo otra vez el clima de integración. Así llegamos al año 1991 cuando el ODECA fue sustituido por el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) como nuevo marco jurídico-político para la integración.
Ni la Unión Europea, ni Estados Unidos, ni otros bloques económicos del mundo ven a los centroamericanos como países aislados sino como región. El DR-Cafta es una buena ilustración, lo mismo que la reciente decisión de la Unión Europea. Los centroamericanos, sin embargo, debemos superar obstáculos que estorban la integración. Urge la resolución de la Corte Internacional de Justicia relativa a las demandas de Nicaragua contra Honduras y Costa Rica por diferendos limítrofes. Es imperativo asimismo que los países centroamericanos estén en un nivel de desarrollo económico y social similar. De ahí la necesidad del despegue económico de Nicaragua, pues va a la zaga en la región.
Pero, sobre todo, los centroamericanos necesitamos desarrollar verdadera vocación integracionista. Nuestros pequeños países, sólo integrados como región podrán avanzar hacia el desarrollo en el actual contexto de globalización y alianzas estratégicas.