- Los observadores internacionales, en especial los de la OEA, se encuentran bajo el fuego de un discurso hostil del comandante Daniel Ortega, candidato presidencial del FSLN. Ortega llegó al punto esta semana de recomendarles que se fueran a México a observar el recuento de votos demandado por Andrés Manuel López Obrador, quien se resiste a aceptar los resultados
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U n reciente Editorial del Washington Post advertía de un triunfo electoral del FSLN y del peligro de “un golpe en las urnas”, ante el control sandinista y liberal del proceso electoral.
El diario estadounidense expresó entonces que la observación de la OEA era clave para garantizar la legitimidad de los comicios en Nicaragua.
El punto de vista del diario levantó ampollas entre algunos observadores nacionales que consideraron subestimado su papel.
El rol de los observadores internacionales —usualmente relevante— se ha tornado más polémico desde que reciben críticas del comandante Daniel Ortega, las que coinciden con molestias expresadas por el presidente del poder electoral, Roberto Rivas.
El último episodio se produjo a raíz del informe presentado por los observadores de la OEA en Washington, sobre los comicios nacionales, el pasado 1 de agosto.
En el informe, el jefe de la misión de observación de la OEA, Gustavo Fernández, sostuvo que las condiciones para las elecciones no son óptimas aunque se pueden mejorar.
Ante los 34 representantes de los países miembros de la OEA, el diplomático se refirió específicamente al “conflicto de poderes, a la conformación partidaria de órganos electorales, a una ley electoral con imprecisiones, un Padrón Electoral con deficiencias, un proceso de cedulación inapropiado y lento, además de limitaciones operativas y logísticas y a una tradición política polarizada y confrontacional”.
RECLAMOS
Esta semana Fernández se reunió con el CSE y los magistrados aprovecharon para reclamarle por el contenido del informe, del cual ya habían expresado sus críticas.
Rivas declaró tras el encuentro del lunes que le hubiese gustado que el tono del informe fuese positivo, tal como lo fueron las palabras del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, quien dijo que el proceso electoral estaba bajo control.
“Nos hubiera gustado que el informe estuviera escrito en términos positivos”, dijo Rivas.
Ese mismo día Ortega se reunió con el cardenal Miguel Obando y aprovechó para ironizar sobre el rol de los observadores y enviarlos de paseo a México, a que observaran el recuento de votos reclamado por Andrés Manuel López Obrador.
Ortega tampoco recibió al ex presidente Jimmy Carter durante su reciente visita, un observador que usualmente ha jugado un papel preponderante y ha sido siempre reconocido por Ortega.
“curándose en salud”
Para el analista político Emilio Álvarez Montalván, la participación de la OEA es importante y demuestra que “se convencieron al final de la trascendencia de las elecciones de noviembre porque hay el peligro de la interrupción del sistema democrático”.
A su juicio, Ortega “se está curando en sana salud y está queriendo deslegitimar el papel de la OEA porque teme que no vaya a ser electo”.
“Lo que enturbia mucho esta situación es que los partidos caudillescos controlan al CSE y entonces la gente teme que una convivencia ilegal de ellos pueda de alguna manera modificar los resultados”, advierte Álvarez.
Jaime Morales Carazo, candidato a vicepresidente por el FSLN, opina en cambio que la actitud de Ortega no es de hostilidad con los observadores.
Según Morales Carazo, ha habido un excesivo papel protagónico de algunos de ellos. “Creo que hay ciertos matices injerencistas (…) pareciera que tienen un sesgo o un propósito definido”, indica Morales.
A su entender, los observadores normalmente dan su informe hasta después de la elección, pero “aquí a veces parece que se pretende constituir en fiscales, auditores o interventores” del proceso electoral.
También cree que las reacciones de Ortega son naturales, de “cautela o recelo” porque “nunca había habido tan abierta injerencia y tan descarada participación anticipada (…) pretendiendo descalificar de antemano al CSE”.
Morales dijo que pareciera que los observadores quisieran hacer “la Crónica de un fraude anunciado”.
“A veces uno tiene que tomar medidas casi defensivas ante posiciones poco prudentes”, reafirma Morales Carazo.
Álvarez, en tanto, piensa que la única medicina para evitar un fraude “es la concurrencia masiva del ciudadano y la presencia en cada mesa electoral de los fiscales, además de la presencia de la OEA en el Centro de Cómputos y en la recepción de resultados”.