- Norman Cardoze es el mejor jugador que ha producido Masaya en los últimos tiempos, y aún cuando su espectacular jonrón en la Final contra el Chinandega en el 2004, lo introdujo profundamente en el sentimiento popular, existe una parte de sus coterráneos que no sólo no lo admira, sino que además no lo creen propiamente el mejor ejemplo
Norman Cardoze, jugador de la Selección Nacional de Beisbol
Cuando Julio Medina decidió hacer una pausa en su brillante carrera y dejó su guante en el segundo costal, Norman Cardoze estaba listo para levantarlo y comenzar a escribir su historia.
Tan pequeño como Julio, pero con mayor poder, Cardoze parecía una leyenda en construcción mientras agredía lanzadores y abría ojos con su fildeo limpio y potente brazo. Pronto estaba entre los jugadores más importantes del beisbol nacional.
Aún recordamos la cara de asombro de los locutores cubanos Héctor Rodríguez y Eddy Martin (q.e.p.d.), luego que el camarero de Masaya había atacado sin piedad al pitcheo antillano durante el Preolímpico de Edmonton, Canadá, en 1995.
“¡Oye, ¿de dónde sacaron a ese chico?”, nos consultó el siempre bien recordado Eddy Martin. “No hubo forma de dominarlo. Tiene un poder y una capacidad para hacer contacto formidables”, agregó el locutor, en referencia al artillero que había tronado ante Rolando Arrojo, Omar Ajete y compañía en una trepidante batalla.
Sin embargo, en lugar de terminar de edificarse, Cardoze desvió su atención hacia otras actividades y aunque ha desarrollado una respetable carrera, pudo haber hecho mucho más, de haber mantenido el enfoque.
“Sé que pude haber sido mejor, pero uno joven no mide las consecuencias de las cosas que hace”, señala Cardoze, quien ha sufrido separaciones bruscas de la Selección, marginación por razones disciplinarias y el rechazo de muchos aficionados por sus actitudes fuera del campo.
siempre ha sido polémico
Pero además de tronar con el bate, Cardoze también ha calentado el ambiente cuando habla. En una ocasión, cuando Miguel Mendoza, del programa Doble Play, le preguntó qué haría como primera tarea en caso de llegar a ser alcalde en Masaya, su respuesta fue sorprendente: “Mandaría a sacar a todos los gays de la ciudad”.
¿En realidad harías eso?, le consultamos ahora, en las prácticas de la Selección.
No hombré. En aquel momento yo estaba bromeando. Pero además, creo que hay que respetar a la gente, independientemente de la manera en que ha decido vivir su vida. Esas son cosas personales.
Algunos amigos tuyos dicen que te ha faltado tacto para tocar algunos temas…
No sé si será falta de tacto o no, pero generalmente digo lo que siento. Yo no me guardo nada. Algunas veces me digo, ¿por qué dije eso? Pero es que así soy yo. A veces impulsivo.
Pero eso no te ayuda. Hay aficionados que dicen que sos arrogante…
Yo sé eso. Sé que hay quienes me admiran y quienes me rechazan. Y quizá la culpa es mía por la imagen que proyecto o como hablo, pero lo que sí te sé decir, es que no ando con falsedades. Esa es mi forma de ser. En el juego, soy muy serio y muchos dicen que soy arrogante, pero no es así. Quienes me conocen saben que no ando con esas cosas.
Ahí en Masaya, ¿has sentido ese afecto y también ese rechazo de la gente?
Sí. Hay muchos aficionados que te demuestran el aprecio, que valoran el trabajo que hacés en el terreno, pero otros no, y te lo dicen. Incluso hay quienes te ofenden. Pero yo trato de dejar eso atrás y seguir. A veces es la falta de comunicación entre aficionados y peloteros.
PEDRO TORRES LE DIO CHANCE
¿Cómo fue tu infancia en Masaya?
Normal, como la de cualquier chavalo. Fui criado por una tía y por la doctora Ángela Cristina Miranda, de quienes aprendí muchas cosas que me han servido en la vida. Ahí estuve desde los dos hasta los 14 años y comencé a jugar infantil en el equipo San Jerónimo.
¿Ahí ya eras jugador estrella?
No. Si ese equipo hasta desapareció y pasé a El Calvario, que era dirigido por don Alfredo Montalván. Luego jugué en las Ligas Juveniles y en 1988, y cuando hacía falta un menor de edad para el equipo San Fernando, Pedro Torres me mandó a buscar y me dio el chance. Recuerdo que debuté en el Estadio Nacional, y batee de 2-2 contra los Dantos. Fue un día inolvidable para mí.
Cuando iniciaste dijiste que querías ser como Ariel Delgado, ¿lo lograste?
Uno cuando es niño o cuando es joven, se traza metas y admira a jugadores. Y le gustaría llegar a ser como ellos. A lo mejor no llegué a alcanzar el nivel de “Panal”, pero creo que conseguí un buen nivel en el beisbol nacional y la Selección.
¿Creés que fuiste el mejor pelotero que podías ser?
No. Pude haber sido mejor. Uno joven por su arrogancia o su indisciplina no presta atención a los entrenadores y cree que ya aprendió todo lo que tenía que aprender. Pero con el pasar de los años y los errores que uno comete, te vas dando cuenta de que debiste trabajar más. Ahora mismo yo me digo, que si en el pasado hubiese entrenado fuerte como ahora, habría dado mucho más.
¿Cuándo te sentiste realizado como jugador?
Cuando fui convocado a la Selección Nacional y logré hacer el grado como titular (1995). Ahí me consideré un jugador establecido y capaz de rendir bien en cualquier nivel. Ese año fuimos a Edmonton y le pegué duro a la bola. Después ocupé uno de los turnos importantes en el equipo.
Feniba te dejó fuera varias veces y Denis Martínez te sacó también…
Eso por lo que te decía, mi disciplina no era la mejor, y uno inmaduro se mete a problemas constantemente, pero todo lo que me pasó, me ha ayudado para madurar como persona y como jugador.
¿Qué pasó exactamente cuando Denis te retiró del equipo?
A mí me sacó Denis de la Selección porque no fui a jugar al día siguiente después que fuimos a un restaurante todos los de la Selección en esa época y yo me piqué. Entonces, al no llegar, me botó. Y como te dije, todas esas cosas son experiencias que me han servido para ser mejor.
En aquel momento se especuló con otras versiones y que tomabas bastante…
Sí, yo sé que se dijeron otras cosas, pero no hubo nada de eso. Y sobre los tragos, sí tenía ese problema, no lo voy a negar, pero gracias a Dios lo he ido superando. Ahora me puedo tirar unas cervecitas por allá, pero nada más. No me hace falta.
Aún cuando pudiste ser mejor, ¿te ha gustado tu carrera?
Sí hombré. Yo creo que ha sido una carrera respetable. Aún con todo y mis fallas, yo estoy orgulloso de lo que he logrado. Mis números son responsables y el beisbol me ha dado muchas oportunidades que yo he aprovechado bien para mi beneficio y el de mi familia.
¿Cuántos años te quedan aún?
Eso sólo Dios lo sabe, pero yo me siento saludable todavía. Ya llevo 18 años en Primera División y siento que todavía puedo ser muy útil. Sobre todo me enorgullese que siempre he jugado para el San Fernando y lo he disfrutado bastante. Así que aún me faltan hits.